Ubicado en Cahors, Francia, es propiedad de la reina Margarita, quien se niega a decidir cuál de sus dos hijos será el heredero
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Durante mucho tiempo, el príncipe Joaquín (56) se sintió relegado dentro de la familia real de Dinamarca, y una drástica decisión de su madre, la reina Margarita, no hizo más que reforzar ese sentimiento: en 2023, la monarca les quitó el título de príncipes a los hijos de Joaquín, Nicolás, Félix y Enrique y Atenea. Hubo reproches en público y pedidos de disculpas por parte de la Reina por el sufrimiento causado a sus nietos, aunque no existió una vuelta atrás.


Sin embargo, desde que la soberana abdicó en enero de 2024 y su primogénito Federico ascendió al trono, las aguas se apaciguaron, especialmente entre los hermanos. El nuevo Rey tuvo gestos afectuosos hacia Joaquín y su familia, condecoró a sus hijos y restableció una armonía que todos celebraron… pero que ahora está amenazada por un antiguo tema pendiente: el destino del encantador château que la reina Margarita y su marido, el príncipe Henrik –quien murió en 2018–, compraron en Cahors, Francia.
Según el medio danés SE OG HØR, esta propiedad –rodeada de viñedos, con pileta y jardines soñados– fue y sigue siendo el refugio de verano de Joaquín, especialmente desde que se casó en segundas nupcias con la francesa Marie Cavallier (madre de sus dos hijos menores), lo que no garantiza que vaya a heredarla. El experto en asuntos de la corona danesa Lars Hovbakke Sørensen asegura que todo indica que será Federico quien se quede con el castillo porque así lo dispuso, de palabra, su padre: “Hemos pensado en dárselo al mayor, el príncipe heredero Federico, porque el príncipe Joaquín tiene su lugar en el sur de Jutlandia”, había dicho Henrik. Por entonces, Joaquín residía en el Palacio de Schackenborg, en la mencionada península danesa de Jutlandia, pero esa propiedad ya no le pertenece porque se vendió y es patrimonio del Estado. Es decir, si no hereda el castillo de Cahors, Joaquín se quedará con las manos vacías. Margarita, quien podría arbitrar en favor de su hijo menor, prefirió no hacerlo. “Espero que lo resuelvan entre ellos. No quiero intervenir”, se excusó.


A menos que ella lo deje estipulado en su testamento –ya que se trata de un bien privado y no de la Corona–, será Federico, como jefe de la Casa Real, quien decida el destino de esa propiedad frente al río Lot, escenario de los tradicionales posados veraniegos de la familia real. La suerte de Joaquín, por lo tanto, ahora depende de un incierto gesto de generosidad del Rey.

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