Así fue la exigente instrucción del heredero de la princesa Kalina de Bulgaria, el único estudiante occidental en una legendaria academia de kung-fu del monte Song
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Alos 18 años, recibió un nuevo nombre. Como alumno Shaolin de kung-fu, el príncipe Simeón Hassan Muñoz de Bulgaria se llama Si Miao Tian, que traducido del chino al español significa ‘gran discípulo de Buda del magnífico cielo’.
El hijo de la princesa Kalina y del explorador Antonio José “Kitín” Muñoz Valcárcel superó dos meses de un exigente entrenamiento y de competencias con otros estudiantes, muchos de ellos ganadores de medallas de oro y plata en combates internacionales de artes marciales. Para ello, Simeón se mudó a China en noviembre y se instaló en un complejo cerca del pueblo de Dengfeng, en la provincia de Henan, donde convivió con compañeros que sólo hablan en chino, siguió a rajatabla una dieta vegetariana, renunció a usar su teléfono celular (sólo pudo comunicarse con sus padres al finalizar los dos meses de estadía) y cumplió un régimen de formación que empezaba cada día a las cinco de la mañana con una carrera al aire libre y que finalizaba a las 21, cuando se apagaban las luces de los dormitorios del edificio Quanshi, donde estuvo alojado.


El príncipe inició la práctica del kung-fu en Marruecos, en su infancia, y al cumplir los 18, en marzo del año pasado, reveló su decisión de ingresar a la Academia Shaolin, tras aprobar todas las evaluaciones que le impusieron los monjes que la dirigen. “He sido aceptado y viviré con ellos en China. Su historia se remonta a unos 1500 años. Todos son maestros de kung-fu, la madre de las artes marciales, y quiero aprender de ellos”, dijo entonces el joven a ¡HOLA!, feliz de haberse convertido en discípulo del gran maestro Wang Hengying.


Simeón, el único estudiante occidental de ese centro “del cielo y de la tierra” ubicado en el monte Song, hizo cursos de habilidades como el Yi Jin Jing –que consiste en trabajar alternadamente y a voluntad los músculos y los tendones–, el uso de armas especiales: el pudao (una espada ancha), el guadao (una guadaña también llamada “hoja del dragón verde”), el jrujie bian (un látigo de cadena) y el changquiang (una lanza considerada como la “reina de las armas”).




Sin embargo, no todo su entrenamiento fue físico, ya que debió aprender en profundidad “la historia de las artes marciales Shaolin, el espíritu de la ética marcial y la esencia cultural de la autoformación”, informaron desde la escuela. También cosechó verduras en el huerto para preparar los alimentos que se sirven en la academia y visitó instituciones en las que se empapó de la cultura budista, como en el museo que pertenece a la Escuela de Artes Marciales de la Montaña Shaoshi, donde descubrió la ancestral caligrafía en hoja de palma.

FAMILIA DEPORTISTA
El príncipe es el nieto menor de Simeón de Sajonia-Coburgo-Gotha y Saboya, último zar de Bulgaria y ex primer ministro de ese país donde se abolió la monarquía en 1946. Su mamá, la princesa Kalina, siempre fue deportista y también practica artes marciales (kung-fu y taekwondo), aunque su actividad física favorita es el entrenamiento con cargas pesadas, con el que desarrolló una musculatura de acero. “Me gusta la filosofía y el estilo de vida fitness. Estar en forma buscando unos parámetros de equilibrio y armonía. Mens sana in corpore sano. Si no entreno, no me encuentro bien. Es la única razón. Es salud, bienestar y felicidad”, nos dijo en una entrevista reciente. Su marido, Kitín, es un expedicionario avezado que también le inculcó a Simeón el amor por la aventura y apoyó, orgulloso, la iniciativa de su hijo de instruirse en la academia china del monte Song.
“El joven príncipe ha demostrado el virtuosismo de las artes marciales Shaolin Kung-Fu y Shaoshi Shan”, informaron los voceros de esa escuela. Luego de que Simeón, bajo el nombre chino Si Miao Tian, recibiera de manos del gran maestro Wang Hengying el diploma que acredita que cumplió la primera etapa de su formación, regresó con sus padres a Bulgaria, a su casa en el bosque de Vitosha, ubicada frente a una montaña verde. Estaba allí el 15 de enero cuando recibió la noticia de la muerte de la princesa Irene de Grecia, que era su madrina, y no dudó en viajar a Atenas para darle el último adiós.

Antes de seguir con su experiencia como guerrero Shaolin, le espera otro compromiso: el 3 de marzo, antes de cumplir los 19 años, participará junto con la Guardia Juvenil en el desfile del Día de la Liberación en Sofía, la capital bulgara. Y eso no es lo único, porque seguirá estudiando árabe, completará sus cursos de instructor de snowboard y de patrón de yachting antes de emprender una nueva expedición en familia, con Kitín como capitán, en una travesía transoceánica en una balsa de juncos.

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