Este multiespacio hecho a la medida de su vocación y su pasión por la naturaleza es una tarea de veinte años que el artista continúa con paciencia artesanal.
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“La verdad es que las cosas que tenemos nos tienen ellas también a nosotros en contrapartida: lo que poseemos nos posee”. La cita de Ética para Amador, del escritor vasco Fernando Savater, le viene bien al escultor Julio Pérez Sanz para explicar su vínculo con los objetos. Formado en artes plásticas y arquitectura, su nombre es marca registrada en piezas únicas hechas de plata, alpaca y cuero. Es más, alguna joya nacida en este caserón de Barracas viajó muy lejos hasta rodear los rostros de Lady Gaga y de la reina Máxima de Holanda.

Julio es de Adrogué y, después de tres décadas en Rosario, volvió a Buenos Aires para instalarse en esta casa-taller-estudio que es punto de encuentro de colegas y coleccionistas. No es para menos: además de las obras y las minuciosas descripciones de su autor, aquí hay una multitud de muebles y objetos que cautivan a quien atraviesa el portón de la entrada.
Me atrae profundamente la luz, por eso he sido escultor.”
— Julio Pérez Sanz, artista y dueño de casa

Las cosas tienen movimiento
Cada tanto, el dueño de casa vuelve al libro Ética para amador para animar una relación diferente con el mundo material (“Nada puede dar más de lo que es”), y así explicar aquello que no hace falta escindir: su arte, sus cosas, su hogar.

Soy un enamorado de los objetos y se me pegan. A este lugar lo armé con los elementos que fueron apareciendo a lo largo de los años. Lo importante es poder compartir lo que tengo”
— Julio Pérez Sanz, artista y dueño de casa

Entre la desmesura y la síntesis
“Es como al revés del pepino”, así remata Julio la contradicción entre su gusto por el minimalismo y la felicidad que le produce este entorno prolífico de casa-taller donde encontró lo que buscaba desde hacía años: ahorrar tiempo.

Para conseguir una alternativa más económica que las de PVC, Julio se subió a un camión con el ingeniero a cargo de la reforma, Rodolfo Solgaray, y fueron levantando puertas y ventanas por los pueblos camino a San Nicolás.

Luz interior
“No tengo muros en el dormitorio: es todo aberturas, porque me gusta mucho cómo reflejan los diferentes elementos. Me da la sensación de que el techo son los árboles”, comparte el artista.


Rodea la suite un espacio exterior con canteros que se poblaron generosamente. “Es como salir a la jungla”, describe el anfitrión sobre este lugar, al que llama “el VIP”.

El mural que reviste la persiana del inmenso atelier es obra de un amigo, el artista francés Mast Cora: “Fue un regalo que me hizo luego de haber vivido un tiempo en casa”, comparte Julio.

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