Visitamos a una pareja de arquitectos que tomaron dos de los departamentos y los unieron con un resultado fantástico
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Ciertos proyectos solo son posibles cuando varias personas unen sus fuerzas en un fin común. Tal fue el caso de esta enorme propiedad abandonada en la calle Plaza, que impulsó a un grupo de conocidos a juntarse para comprarla entera y reciclarla por completo. “Eran siete unidades que pertenecían a una misma familia, en muy mal estado pero con buena estructura”, nos cuenta la arquitecta Julia D’Alotto, dueña de casa y de Atelier Brux. “Hubo que hacerlas todas a nuevo”.

La obra general fue un trabajo conjunto de Estudio BLAA y Pacífico Oficina, uno de cuyos socios es el arquitecto Martín Ordóñez, marido de Julia. Ellos se quedaron con las unidades 1 y 2, para unificarlas y construir ahí su hogar. “Nos llevamos muy bien trabajando en pareja. Fue un proceso arduo: estábamos en pandemia, recién habíamos tenido a Fausto, nos queríamos mudar, la obra se frenó… Pero salió muy bien, y hacer todo a medida para nosotros fue espectacular”, recuerda ella.

En el complejo somos todos conocidos y amigos de amigos. Los consorcios son una ruleta, pero acá la comunidad es linda. ¡Suma muchísimo tener una convivencia amable con los vecinos!”
— Arq. Martín Ordónez, socio de Pacífico oficina y dueño de una de las unidades

El departamento de Julia y Martín
“Después de la obra, cada propietario eligió las terminaciones. Con mi estudio, Atelier Brux, hicimos el interiorismo de nuestra casa (cocina, revestimientos, muebles y demás) muy meticulosamente”, dice Julia D’Alotto.

“Nos gusta mucho el diseño industrial argentino. Sabemos que le ponen mucha cabeza y amor a lo que hacen, por eso priorizamos piezas nacionales y de buena calidad”.

“Lo que más valor sentimental tiene para nosotros son los cuadros. La primera vez que invertimos en arte compramos la obra de Francisco Ratti, detrás de la mesa del comedor. Fue un momento hermoso”, comparte Julia.

Al estar en planta baja, temían que los ambientes quedaran oscuros. Por eso sumaron amplias ventanas y paños fijos que dejan pasar la luz, e intentaron que la mayor cantidad posible de superficies fueran blancas. “El contraste se genera con los acentos que dan los muebles. El interiorismo es ecléctico y colorido, para resaltar entre tanto off-white”, nos explica Julia.
La cocina
Uno de los espacios que más se modificó fue la cocina, originalmente chiquita y encerrada, que se integró al living comedor. “Preferimos materiales aguantadores, como la cuarcita que resiste manchas y el calor de las ollas; o el tapizado del sillón, que hicimos con un género antimanchas todoterreno. Con un hijo chiquito, intentamos que todo sea de bajo mantenimiento”, dice Martín.

“Nos pusimos de acuerdo en usar una base de materiales nobles, como piedras y madera. Y cuando usamos color, laca, porque sabemos que es lo mejor”.

“Nuestras unidades eran la 1 y 2, espejadas, que se encontraban en un patio. Al unificarlas obtuvimos un patio central de 10 metros de largo, y otro lateral a la izquierda”.

Vista hacia el living junto al patio

“Los sábados y domingos a la mañana son los momentos más lindos en la casa, desayunando en el living que recibe un sol divino. También aprovechamos las paredes amplias y blancas para instalar un proyector y hacer noches de cine. Disfrutamos mucho este sector”, comparte Julia.

“Apenas nos mudamos, llamamos al jardinero del barrio. Como en planta baja no tenemos vista al cielo, no queríamos ver medianeras ni tapiales: la premisa era ver plantas desde todos los espacios”, dice Martín.

“Seguimos construyendo la casa día a día: cambiamos muebles, ajustamos detalles. Pero hoy, a tres años de haber llegado,cada día nos levantamos y disfrutamos de lo linda que va quedando”.
Hacia los dormitorios

“Antes de este proyecto, vivimos en Usuhuaia muchos años, y cuando nos mudamos decidimos dejar todo y empezar de cero. ¡No teníamos ni un sillón! Lo primero que vino fue el colchón al poco tiempo el sommier, que mandamos a hacer a medida; después, el resto. Por supuesto, hay un par de objetos de valor sentimental que trajimos, pero casi todo es nuevo“.




Los cuartos tenían techos a más de 3 metros, por lo cual decidieron bajar 40cm el suelo para armar entrepisos sobre los baños de cada uno. De este modo, se aprovecha mejor la superficie, sin quitarle altura a todo el ambiente.

“Entre los pendientes está habilitar los entrepisos de los dormitorios con sus escaleras. En el caso de Fausto, lo pensamos como lugar de juego extra.”

“Hay una planta que fuimos mudando por todas nuestras casas. Era de mi abuela, y hoy está frente al cuarto de Fausto. Tiene muchísimo valor para nostros”, señala Julia.


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