Mientras retrocede su presencia en los viñedos argentinos, el Sauvignon Blanc evoluciona en estilo y potencial gastronómico
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Para el consumidor argentino, el Sauvignon Blanc cae dentro de un gris, sin mucha más referencia que el haber escuchado decir por ahí que tiene “aroma a pis de gato”. Esta variedad que hoy 1° de mayo celebra su Día Internacional carece tanto del aura de clásico del Chardonnay como de la pátina de modernidad de blancas como el Riesling o el Chenin Blanc. Y ni siquiera es una cepa propia, como el Torrontés.
El problema es que quienes se mantienen alejado del Sauvignon Blanc se están perdiendo del refinamiento estilístico que atraviesa en la Argentina esta variedad madre (o padre) del Cabernet Sauvignon, y que es alma de grandes vinos del mundo, como los blancos de Burdeos o Sancerre, en Francia, o los de Malborough en Nueva Zelanda. Incluso de su capacidad para expresar distintos terruños.
“En Argentina la variedad ha cobrado creciente importancia dentro del proceso de diversificación y valorización de los vinos blancos”, sostiene el reporte 2026 sobre Sauvignon Blanc elaborado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Sin embargo, esta “creciente importancia” contrasta con su sostenido retroceso en los viñedos: la superficie plantada en la Argentina se redujo un 15,8% en el período 2015-2026.
El Sauvignon se sienta a la mesa
Pero entonces, ¿cuál es la importancia creciente del Sauvignon Blanc (SB)? La frescura y el alto potencial gastronómico de los vinos de media a alta gama que se elaboran con esta cepa en el país le han ganado un lugar destacado en las cartas de vino de los restaurantes.
Los SB varietales y los blends que lo tienen como componente se llevan muy bien con las distintas cocinas que hoy son furor en Buenos Aires: el picante de las asiáticas encuentra un buen contrapeso en el Sauvignon, lo mismo que las cocinas fusión como la nikkei, y hasta una molleja recién salida de la parrilla funciona perfecto con la acidez de este blanco.

Otro aspecto no menor es que el Sauvignon Blanc no suele ofrecerse a precios delirantes, como sí ocurre hoy en la Argentina con otras variedades blancas, como el Chardonnay. Hay etiquetas de excelente factura entre los 10.000 y los 20.000 pesos, e incluso los grandes exponentes no exageran su valor. Al menos por ahora, que esta variedad todavía no se ha convertido en moda...
Hoja de ruta
Quienes no son habitués del Sauvignon Blanc pueden encontrar en la copa aromas que le son característicos: desde los “verdes” como el de ruda (este es el que popularmente se asocia con el “pis de gato”), menta o incluso ají picante, hasta los cítricos, que recorren un rango que va del limón al pomelo, en función del grado de madurez de la uva al ser cosechada.
En boca, en especial en los ejemplares cultivados en altura, el SB ofrece una buena frescura/acidez, en la que descansa su potencial gastronómico, pero también el de guarda. Algunos ejemplares, en especial los de perfil más clásico, habitualmente ubicados en la alta gama, también ofrecen bastante volumen en boca y un buen graso.
¿Por dónde empezar? Dos SB fáciles de hallar y de precio amable son el Paz Sauvignon Blanc ($14.657) y el Casa Boher Sauvignon Blanc ($18.200). El primero sanjuanino, el segundo mendocino, ofrecen una buena puerta de entrada a la variedad, con todos sus atributos prolijamente expresados.
También por debajo del límite de los 20.000 pesos se encuentra un recién llegado, que llama la atención por su imbatible relación precio-calidad, pero porque además ya comienza a expresar lugar. No solo es un SB hecho y derecho, sino que además muestra uno de los terruños más interesantes de la vitivinicultura actual: el Valle de Pedernal. Su nombre es Pyros Pedernal Valley Sauvignon Blanc ($13.200).
En la siguiente franja de precio, entre los 20.000 y los 40.000 pesos, hay tanto exponentes con sabor a lugar como clásicos de la alta gama mendocina. Dentro de los primeros hay que menciona al salteño Altupalka Sauvignon Blanc Extremo ($20.900) y al bonaerense Costa & Pampa Sauvignon Blanc ($28.852), que expresan la altura de los Valles Calchaquíes y el paisaje marítimo de Chapadmalal, respectivamente.
Dentro de los segundos se encuentran etiquetas con mucha historia y una consistencia impecable a través de las cosechas: Rutini Colección Sauvignon Blanc ($21.900), Pulenta Estate Sauvignon Blanc ($22.000) y Escorihuela Gascón Pequeñas Producciones Sauvignon Blanc ($37.000).
Como mencionamos arriba, un lugar en el que brilla hoy el Sauvignon Blanc es en el de los blends, en donde esta variedad aporta frescura y una paleta aromática muy expresiva. Aquí vale mucho la mano de quien define el assemblage, y esto es lo destacable de estos tres vinos que reflejan el valor del SB del blend. Altar Uco Edad Moderna Blend Blanco ($28.800) lleva la firma de Juan Pablo Michelini, que opta por completar el blend con un 30% de Chenin Blanc que aporta cuerpo y longevidad; en Ribera del Cuarzo Patinas Blancas ($52.500) Felipe Menéndez recrea el clásico blend bordolés Sauvignon Blanc/Semillón con impronta patagónica; por su parte, en Sierra Lima Alfa Corte de Blancas ($71.200) Francisco Morelli junta partes iguales de SB y Torrontés para obtener un blanco filoso y a la vez muy expresivo.
Para cerrar, uno caro en serio (aunque si fuera un tinto de equivalente línea estaría fácil por arriba de los 150.000 pesos): Altura Máxima Sauvignon Blanc ($91.080), un súper alta gama cultivado en uno de los viñedos más altos del mundo (3111 metros sobre el nivel del mar), de casi eterno potencial de guarda. Y como cierre un extranjero en suelo argentino: Las Huertas Sauvignon Blanc ($25.000) proviene del Valle de Colchagua, en Chile, que ofrece un perfil de acidez algo más extremo que los SB de este lado de la cordillera.
Beber con moderación - Prohibida su venta a menores de 18 años









