
La exposición repentina a temperaturas muy bajas puede elevar la presión arterial y acelerar el ritmo cardíaco, especialmente en personas vulnerables
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Lo que durante los últimos años se ha convertido en una práctica habitual entre deportistas y aficionados al bienestar podría no tener todos los efectos que se le atribuyen.
Los baños de hielo generan una respuesta intensa en el organismo y, aunque algunas investigaciones han encontrado posibles beneficios, la evidencia científica todavía no permite respaldar muchas de las promesas que circulan alrededor de esta tendencia.
Una revisión sistemática publicada en enero de 2025 en PLOS ONE analizó 11 estudios sobre inmersión en agua fría y encontró posibles efectos favorables sobre el estrés, el sueño y la calidad de vida.
Sin embargo, los investigadores advirtieron que la evidencia disponible está condicionada por el reducido número de ensayos clínicos, el tamaño de algunas muestras y la poca diversidad de los participantes.
El panorama resulta todavía más discutible cuando se habla de la salud cardiovascular. El portal especializado en salud Harvard Health señala que no existen pruebas suficientes para afirmar que estas exposiciones mejoren el funcionamiento del corazón.
De hecho, el cardiólogo deportivo Prashant Rao advierte sobre los riesgos que puede representar esta práctica para personas con problemas cardíacos previos.
El corazón enfrenta un cambio brusco
El principal motivo de preocupación aparece desde el momento en que el cuerpo entra en contacto con el agua muy fría. La exposición repentina activa la respuesta de “lucha o huida” del sistema nervioso simpático, lo que provoca la liberación de sustancias como adrenalina y norepinefrina.
Como consecuencia, pueden aumentar rápidamente la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Al mismo tiempo, los vasos sanguíneos cercanos a la piel se contraen para conservar el calor, modificando la distribución de la sangre y aumentando la exigencia sobre el sistema circulatorio.
Esta reacción no significa que cualquier persona que se introduzca en agua helada vaya a sufrir un infarto. Sin embargo, el estímulo puede resultar especialmente peligroso para quienes tienen enfermedades cardiovasculares o alteraciones del corazón.
Harvard Health recomienda precaución en individuos con trastornos como fibrilación auricular. También señala que quienes presentan problemas cardiacos, complicaciones arteriales periféricas o síndrome de Raynaud deberían evitar esta práctica.
¿Realmente ayudan después de entrenar?
Los baños de hielo también se popularizaron entre deportistas como una estrategia para disminuir las molestias posteriores al ejercicio.
El frío puede generar sensaciones de alivio y algunos estudios han encontrado efectos sobre el dolor muscular; sin embargo, esto no significa que la inmersión sea necesariamente favorable para conseguir mejores resultados físicos.
El doctor Rao advierte que la evidencia disponible incluso plantea posibles efectos negativos sobre las adaptaciones relacionadas con la fuerza y la potencia fibrosa cuando se utiliza terapia con frío después del entrenamiento.
La preocupación tiene una explicación fisiológica. La inflamación que aparece después del ejercicio forma parte de los procesos mediante los cuales el músculo se adapta al esfuerzo. Reducirla de manera inmediata podría interferir con algunas de esas respuestas naturales.
La investigación publicada en PLOS ONE ofrece una visión más equilibrada que las afirmaciones habituales en redes sociales. El análisis encontró que la inmersión en agua fría podría reducir temporalmente los niveles de estrés, pero el efecto no necesariamente permanece en el tiempo.
También aparecieron indicios de una mejor calidad del sueño y de vida, aunque algunos resultados estuvieron limitados por las características de los estudios analizados.
Por ahora, tampoco existe un consenso científico sobre una temperatura, duración o frecuencia que pueda considerarse ideal para obtener beneficios generales de esta práctica.
Harvard Health recoge una postura cautelosa del especialista: “Soy bastante precavido al recomendar la terapia con agua fría, sobre todo porque otras intervenciones, como el ejercicio, pueden ser mucho más efectivas para lograr los mismos resultados”.
Esto significa que los baños de hielo no pueden clasificarse simplemente como una práctica inútil o peligrosa para todo el mundo.
La evidencia apunta a efectos concretos y limitados, mientras que los riesgos aumentan cuando existen condiciones cardiovasculares previas o cuando la exposición se realiza de manera extrema.
Por esa razón, convertir la inmersión en agua helada en una rutina de bienestar no debería hacerse únicamente porque sea una tendencia en redes sociales.
Ante la falta de evidencia sobre varias de sus ventajas, especialistas aconsejan apostar por estrategias comprobadas como el ejercicio, una buena alimentación y el descanso para cuidar la salud.
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