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Dormir bien es uno de los pilares para mantener una buena salud a cualquier edad, pero adquiere una relevancia especial después de los 60 años. Aunque es común pensar que las personas mayores necesitan menos horas de descanso, los especialistas señalan que alcanzar el tiempo recomendado puede contribuir a proteger la memoria, favorecer el funcionamiento del cerebro y mejorar el bienestar general.
De acuerdo con MedlinePlus, el sueño cambia de forma natural con el envejecimiento. En esta etapa es habitual que el descanso sea más ligero, que se presenten despertares durante la noche y que las personas tiendan a levantarse más temprano.
En ese sentido, la recomendación para la mayoría de los adultos, incluidos quienes tienen más de 60 años, es dormir entre siete y ocho horas cada noche. Además, tan importante como la cantidad es que el descanso sea continuo y reparador para favorecer la salud física y mental.
Con el paso de los años, el organismo experimenta cambios que también influyen en el sueño. Es habitual que las personas mayores pasen menos tiempo en las etapas de sueño profundo, se despierten con mayor frecuencia durante la noche o se levanten más temprano. Aunque estas variaciones son normales, no significan que el cuerpo necesite menos horas de descanso.
Aunque algunos cambios en el sueño son normales con el envejecimiento, es importante consultar a un profesional de la salud si las dificultades para dormir son frecuentes, hay somnolencia durante el día o los despertares nocturnos se vuelven constantes.
Por ello, los expertos coinciden en que, además de procurar cumplir con las horas recomendadas, es conveniente adoptar hábitos que favorezcan un descanso de calidad. Estas medidas pueden ayudar a conciliar el sueño con mayor facilidad y reducir las interrupciones nocturnas.
Finalmente, cuidar el sueño no solo ayuda a recuperar energía, sino que también contribuye al adecuado funcionamiento del organismo y a conservar una buena calidad de vida con el paso de los años.
Por Katherine Shirley Bravo


