De tratamientos invasivos a terapias de precisión: cómo la innovación transformó la lucha contra el cáncer
Desde la radioterapia hasta la edición genética, los avances científicos cambiaron el paradigma del tratamiento oncológico; el rol de la investigación clínica y el desafío de ampliar el acceso en la Argentina
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En las últimas décadas, la innovación en salud no solo extendió la expectativa de vida, sino que también mejoró de forma concreta la calidad de vida de millones de personas. Detrás de cada nuevo tratamiento hay años de investigación, desarrollo científico y colaboración entre actores públicos y privados. En ese camino, la oncología se convirtió en uno de los campos donde esta transformación resulta más visible: hoy, el cáncer ya no se aborda como hace un siglo.
La evolución de las terapias oncológicas es también una historia de progreso científico que permitió pasar de intervenciones agresivas y poco específicas a tratamientos cada vez más precisos, personalizados y eficaces.
De cirugías radicales a tratamientos dirigidos
A comienzos del siglo XX, el abordaje del cáncer se basaba casi exclusivamente en la cirugía. Procedimientos como las mastectomías radicales buscaban eliminar el tumor, pero implicaban intervenciones altamente invasivas y con importantes secuelas.
Poco después, el descubrimiento de la radiación abrió paso a la radioterapia, una herramienta que permitió atacar células tumorales sin necesidad de cirugía. Este avance marcó el inicio de una nueva etapa, en la que la ciencia comenzó a explorar formas menos invasivas de tratamiento.
El desarrollo de la quimioterapia, impulsado por hallazgos científicos en contextos inesperados, incorporó por primera vez un enfoque sistémico: medicamentos capaces de actuar en todo el organismo para combatir células cancerosas. Sin embargo, su baja especificidad también afectaba células sanas, generando efectos adversos.

El giro hacia la medicina personalizada
El verdadero cambio de paradigma llegó hacia fines del siglo XX, con el avance del conocimiento molecular. Las terapias dirigidas comenzaron a enfocarse en alteraciones específicas de las células tumorales, reduciendo el daño colateral y mejorando la eficacia de los tratamientos.
En paralelo, el desarrollo de nuevas estrategias como la terapia hormonal, los trasplantes de médula ósea y la combinación de tratamientos permitió aumentar significativamente las tasas de supervivencia en distintos tipos de cáncer.
Este progreso se profundizó con la secuenciación del genoma humano, que dio origen a la medicina personalizada: un enfoque que adapta cada tratamiento a las características genéticas de cada paciente y de cada tumor.

Inmunoterapia, terapias celulares y edición genética
En los últimos años, la innovación dio un salto aún mayor. La inmunoterapia, por ejemplo, logró “despertar” al sistema inmunológico para que reconozca y ataque las células cancerosas, con resultados prometedores en tumores que antes eran difíciles de tratar.
A esto se suman terapias avanzadas como las CAR-T, que modifican genéticamente células del propio paciente para combatir el cáncer con alta precisión, y herramientas como la edición genética mediante CRISPR, que abre la posibilidad de corregir mutaciones en el ADN.
Aunque muchas de estas tecnologías aún están en desarrollo o acceso limitado, su potencial marca el rumbo de la medicina del futuro: tratamientos cada vez más personalizados e incluso, gracias a novedosas técnicas de diagnóstico precoz, la posibilidad de anticiparse a la enfermedad antes de que se manifieste.
Más investigación, mejores resultados
Los avances científicos ya se reflejan en resultados concretos. En las últimas décadas, la supervivencia de distintos tipos de cáncer mejoró de forma significativa gracias al diagnóstico temprano, la prevención y la innovación terapéutica.
En este contexto, la investigación clínica cumple un rol clave. En la Argentina, los laboratorios nucleados en la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe) impulsan el desarrollo de estudios que permiten acceder a tratamientos de última generación y generar evidencia científica local. “Nuestros asociados invierten anualmente en Investigación Clínica más de USD 700 millones. Para poder dimensionar, esta inversión representa el 48% de la inversión total privada realizada en Investigación y Desarrollo (I+D)”, asegura Carolina Martinenghi, Directora de Comunicaciones de CAEMe.
Actualmente, el país cuenta con más de 1.000 ensayos clínicos en curso, que no solo acercan nuevas terapias a los pacientes, sino que también posicionan a la Argentina como un actor relevante en el ecosistema global de innovación en salud. Una alta proporción de esos estudios corresponde a tratamientos innovadores para enfermedades oncológicas.
Un futuro cada vez más preciso
El tratamiento del cáncer atravesó una transformación profunda: de ser una enfermedad abordada de manera generalizada pasó a entenderse como un conjunto de patologías con características moleculares específicas.
“Hoy, la ciencia avanza hacia un objetivo ambicioso: no solo tratar mejor, sino también anticiparse a la enfermedad. En ese camino, la innovación seguirá siendo el motor que impulse nuevas soluciones, con un impacto directo en la vida de las personas.” destacan desde CAEMe.
Porque detrás de cada avance, hay algo más que tecnología: hay más tiempo, más calidad de vida y más oportunidades.
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