Una investigación del Instituto Karolinska siguió 19 años a más de 20.000 adultos y halló diferencias entre sedentarismo pasivo y activo en demencia
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Un estudio realizado por investigadores del Instituto Karolinska en Suecia examinó la relación entre distintos tipos de comportamientos sedentarios y el desarrollo de demencia, a partir del seguimiento de más de 20.000 adultos durante casi dos décadas, con el objetivo de identificar factores modificables asociados a esta condición.
A nivel global, el envejecimiento poblacional ha incrementado la relevancia de las enfermedades asociadas a la edad. La demencia se ubica como la tercera causa de mortalidad y la séptima de discapacidad en adultos mayores. Esta condición afecta la calidad de vida de quienes la padecen, así como la de sus entornos familiares y cuidadores. En este contexto, la identificación de factores de riesgo modificables se considera un elemento central en las estrategias de prevención.
Investigaciones anteriores habían planteado que cualquier forma de sedentarismo podría estar vinculada a un mayor riesgo de demencia. Sin embargo, estudios más recientes han diferenciado entre actividades sedentarias según su nivel de demanda cognitiva. En estos análisis, se observó que las actividades sedentarias con baja participación mental, como ver televisión, se relacionan con mayores niveles de depresión, mientras que aquellas que implican actividad cognitiva, como la lectura o el trabajo de oficina, muestran asociaciones diferentes.

Se ha estimado que la población adulta permanece sentada entre 9 y 10 horas diarias. Investigaciones previas han vinculado periodos prolongados de inactividad física con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, depresión y también con demencia.
Diferencias entre sedentarismo pasivo y mentalmente activo
Un análisis reciente del Instituto Karolinska introdujo una distinción entre sedentarismo pasivo y sedentarismo mentalmente activo. Los resultados indican que los periodos prolongados de inactividad con baja estimulación cognitiva se asocian con un mayor riesgo de desarrollar demencia.
El estudio, difundido en el American Journal of Preventive Medicine por Elsevier, sugiere que reemplazar comportamientos sedentarios pasivos por actividades sedentarias que implican participación mental podría reducir la probabilidad de aparición de demencia en etapas posteriores de la vida.

Según el investigador principal Mats Hallgren, doctor en filosofía del Departamento de Ciencias de la Salud Pública del Instituto Karolinska, “Si bien estar sentado implica un gasto energético mínimo, puede diferenciarse por el nivel de actividad cerebral”.
También señaló que “La forma en que usamos nuestro cerebro mientras estamos sentados parece ser un determinante crucial del funcionamiento cognitivo futuro y, como hemos demostrado, puede predecir la aparición de la demencia”.
Seguimiento de 20.811 adultos durante 19 años
La investigación se basó en datos de un estudio longitudinal que incluyó a 20.811 personas de entre 35 y 64 años, seguidas durante un periodo de 19 años entre 1997 y 2016. En la fase inicial, los participantes respondieron preguntas relacionadas con hábitos sedentarios, actividad física y otros factores asociados con el desarrollo de demencia.
Los casos de demencia identificados durante el seguimiento fueron obtenidos mediante la vinculación de la información de la encuesta con registros nacionales de pacientes y de causas de muerte en Suecia. A partir de estos datos, los investigadores aplicaron modelos estadísticos para analizar la relación entre la demencia y la sustitución de comportamientos sedentarios pasivos por actividades mentalmente activas.
“El diseño del estudio prospectivo nos permitió establecer la dirección de estas relaciones e inferir, pero no establecer, la causalidad. Se necesitan ensayos controlados para confirmar estos importantes hallazgos del estudio observacional”, señala Hallgren.
Entre los resultados, se identificó que las actividades sedentarias con demanda cognitiva se asociaron con un menor riesgo de demencia en adultos de mediana edad y mayores. Además, un aumento en el tiempo dedicado a este tipo de actividades mostró una reducción del riesgo, incluso cuando se mantenían constantes los niveles de sedentarismo pasivo y de actividad física ligera o moderada.
Sustitución de actividades y posibles implicaciones
Los datos también indican que reemplazar periodos de sedentarismo pasivo por actividades mentalmente activas se relaciona con una disminución del riesgo de demencia. El análisis se apoyó en información recolectada en múltiples localidades de Suecia, lo que permite considerar la posible aplicabilidad de los resultados a otras poblaciones.

De acuerdo con los autores, el sedentarismo constituye un factor modificable que puede influir en distintas condiciones de salud. En sus conclusiones se destaca que existen diferencias entre tipos de comportamientos sedentarios, con efectos variables sobre el riesgo de demencia.
El estudio señala que combinar la actividad física con estimulación cognitiva durante los periodos en los que se permanece sentado puede formar parte de estrategias orientadas a reducir riesgos asociados al deterioro cognitivo.
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