Los odontólogos ejercitan su imaginación para prevenir el daño en los dientes
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Son muchos los niños con poco o nada de caries (en los países activos en la prevención de esta enfermedad, aparentemente tan inevitable como la muerte o los impuestos). Pero aún existe una cantidad apreciable de niños con elevados índices. Y de adultos, pues el número de caries acumuladas después de los 55 años puede hasta ser superior al infantil. Ni en tierras del Primer Mundo se podría decir que la caries dental sea otra enfermedad desaparecida. Pero se está haciendo mucho para el futuro y se puede lograr bastante con lo que ya se tiene.
La prevención hoy apunta a la anulación de las tres patas que sustentan su aparición: 1) combatir los microorganismos productores de caries; 2) modificar los ingredientes de la dieta que contribuyen a promover las caries; 3) aumentar la resistencia de los dientes susceptibles.
Para combatir los microbios, las vacunas y los antimicrobianos han dado resultados decepcionantes, por el momento. El énfasis sigue recayendo sobre la higiene dental o control de la placa microbiana, con adecuadas técnicas de uso de cepillos e hilos como insustituibles. Un extenso estudio de Axelsson y colegas (1991) demostró que la higiene dental supervisada producía en adultos un notable impacto de reducción de caries.
Bacterias al ataque
Con el mismo fin antimicrobiano, se apeló a la quimioterapia. Por el momento, el único agente antimicrobiano recomendado se llama clorhexidina , de utilidad reconocida contra las afecciones de las encías y últimamente también contra los estreptococos que producen las caries.
La modificación de la dieta va más allá de una restricción en el consumo de azúcares. Se ha logrado sustituir azúcar con edulcorantes, de entre los cuales se destaca el xilitol . Como resultado de estudios de 20 años de duración, en 1995 se publicó que mascar goma con xilitol no sólo evita el consumo de azúcar, con reducción de caries, sino que además reduce el número de los estreptococos culpables y alienta la remineralización.
El aumento de la resistencia de los dientes se logra con el uso extendido de flúor en varias formas. En nuestro medio, ningún gobierno hasta ahora ha hecho cumplir la ley de fluoración de las aguas corrientes, ni se incorporó esa cláusula al convenio de privatización. Lástima. En los Estados Unidos, la mitad de la población cuenta con este económico y universal beneficio. El flúor también puede ser aplicado por el dentista y usado por el paciente en dentífricos y otras formulaciones. Hoy se sabe que el flúor es beneficioso no sólo en niños, sino en todas las edades. Es una pena que las prepagas locales no incluyan que sus dentistas den a los adultos este beneficio, más útil cuantos más años tengan.
Nada de lo visto hasta este punto es ventajoso en los surcos y pocitos que tienen sobre todo las muelas. Para evitar las caries allí, los dentistas pueden cubrirlas con un manto protector plástico, lo que técnicamente se llama sellado .
Nuevas orientaciones
En las últimas décadas, los esfuerzos preventivos se concentraron en la investigación de las vacunas contra las caries. Se avanzó mucho. Por ejemplo, de la inyección original se pasó a vacunas de administración bucal que pueden impedir que los microbios se adhieran a los dientes para cariarlos. O se le aplicó la inyección a las vacas y se obtuvieron los anticuerpos defensivos en la leche. Parece que no se les pidió su opinión a las vacas.
Además de la inmunización activa, que procura alentar la formación de defensas en el organismo, se estudió la posibilidad de aportar una inmunización pasiva. Con ésta, lo que se hace es introducir directamente en la boca los anticuerpos (defensas) ya producidos. Lehner y colegas, hace ya 10 años, lograron reducir la cantidad de estreptococos y de caries aplicando anticuerpos a los monos de experimentación.
El problema con las vacunas proviene de querer utilizar un recurso así para una enfermedad que no genera riesgo de muerte. Por eso, su aplicación podría reducirse a las personas con grandes probabilidades de caries, como los irradiados, los tratados quimioterápicamente, discapacitados o quienes padezcan sequedad de la boca ( xerostomía ).
Para el futuro, existen trabajos destinados a reemplazar los estreptococos malos con estreptococos buenos, en los cuales se hubiera modificado el gen responsable de la producción de ácido que carcome los dientes. También se prueba la posibilidad de lograr, ingeniería genética mediante, que nuevas bacterias introducidas en la boca conspiren contra la adhesión de la placa microbiana que produce las caries. Faltaría ver cómo puede afectar esto la ecología de la boca.
Hay en estudio otras maneras de impedir la acumulación de placa sobre los dientes; por ejemplo, alterando el adhesivo que emplean para esto los estreptococos, interponiendo otras moléculas frente a las que provocan la adhesión o reforzando la acción de los antibacterianos. Para un más lejano futuro, Johnston y Bowen propusieron recubrir el diente visible con una fina capa de un polímero, un escudo protector sumamente fino.
Pero veamos algo más al alcance de la población. Hay componentes de los alimentos que son protectores naturales. Se encuentran en el chocolate, la avena, el queso y otros productos lácteos. Lo que no significa que haya que ponerse a ingerir estos alimentos sin una consulta con el odontólogo. La visita frecuente al dentista es una manera al alcance de todos de luchar contra una enfermedad que, en efecto, no pone en riesgo la vida, pero produce dolores que están entre los más intensos que soporta el ser humano.
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