En tiempos de hipervínculos y desconexión emocional, algunas personas aplican estrategias de evaluación para no repetir patrones disfuncionales
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Después de una sesión de poco más de una hora, en la que unos sólidos 40 minutos se fueron en narrar una secuencia de citas fallidas, mi psicóloga me miró y dijo: “Podrías encarar tus citas como si fueran castings: procesos de selección para elegir a la persona indicada para formar parte de tu película”. Entusiasta del cine desde chiquita -mi psicóloga muy bien lo sabe-, la idea me encantó. Me reí y pensé: tal cual.
Lo cierto es que, más allá del romanticismo que pueda o no otorgársele al momento, empezar a conocer a alguien es, efectivamente, un proceso de selección. Una especie de prueba -que puede durar uno o varios encuentros- en la que se evalúa si determinada persona tiene sentido en nuestra trama íntima. No necesariamente desde la rigidez o el prejuicio, sino desde la lucidéz y una perspectiva a largo plazo. En el campo de la psicología, algunos se refieren a esta herramienta como “casting emocional”.
“Se trata de una práctica que propone evaluar al potencial vínculo romántico en la primera cita mediante preguntas diseñadas para detectar red flags, carencias afectivas o incompatibilidades de fondo“, señala Macarena Gavric Berrios, psicóloga clínica (M.N. 72601). La idea, explica, es que sea una especie de entrevista previa a dejarse llevar por el enamoramiento.
”La intención detrás es razonable: conocer más y mejor a la otra persona para poder elegir con más conciencia y evitar repetir patrones pasados disfuncionales. Es el intento de no volver a involucrarse en formas de vínculos donde se sufrió“.
El método, plantea Gavric Berrios, puede incluir plantear preguntas que permitan explorar los valores, creencias y estrategias de afrontamiento del otro, elementos que contribuyen a comprender mejor su modo de ser. “Observar sus actitudes, coherencia, comunicación o disponibilidad afectiva puede ayudarnos a reconocer señales tempranas de incompatibilidad o anticipar posibles dinámicas disfuncionales", observa.
“Yo tengo mis preguntas estrella. Les digo el starter pack de claridad emocional”, dice Valeria G. (33), justo antes de enumerar los cinco interrogantes a los que recurre en cualquier primer encuentro:
- ¿Sabés qué querés en la vida?
- ¿Cómo es tu día perfecto?
- ¿Cuáles son hoy tus tres prioridades?
- ¿Por qué terminó tu última relación?
- ¿Sentís que estás emocionalmente disponible para sostener un vínculo? “No puedo decir que no me río de mí misma con frecuencia, pero muchas veces me ilusioné con alguien que ni sabía lo que quería y hoy prefiero no perder el tiempo”.
Evaluar el potencial
Hay algo profundamente humano –y contradictorio– en buscar certezas donde lo incierto es la regla, siendo el amor el campo número uno en donde se repite esta tendencia.
“Tener ciertos criterios al momento de vincularnos es saludable, siempre que no se interpreten como una postura intransigente, sino más como límites y una forma de preservar nuestra identidad”, dice Gavric Berrios. Para la psicóloga, establecer cinco o seis condiciones “innegociables” puede ser útil para entender si la persona en cuestión comparte perspectivas afines.
Más allá de que, clínicamente hablando, una primera impresión no pueda determinar con precisión el futuro de un vínculo, sí puede orientarlo. En este sentido, Gavric Berrios hace énfasis en que es fundamental que existan puntos de coincidencia en torno a valores profundos y creencias esenciales. “No se puede encarar un vínculo con la intención de cambiar en el otro actitudes que tiene muy arraigadas”.
La diferencia con un checklist
Sin lugar a dudas, llevar una serie de preguntas a una cita puede parecer exagerado e incluso desconectado del deseo. Y, aunque llevar a cabo un “casting emocional” puede a simple vista asociarse con llenar una lista de requisitos, o checklist, hay una gran diferencia entre ambos.
“Una evaluación emocional sincera se basa en la escucha y la resonancia emocional; surge de la curiosidad auténtica e implica observar lo que uno siente en presencia del otro, cómo se comunica, si hay fluidez, si puede ser uno mismo sin esfuerzo”, dilucida Gavric Berrios. “La lógica del checklist, en cambio, se basa en criterios externos o rígidos -muchas veces idealizados- que buscan controlar la incertidumbre, convirtiendo la experiencia en una entrevista laboral del amor, más centrada en aprobar o descartar que en conocer”.
En definitiva, mientras que el casting puede funcionar como una práctica de observación y discernimiento, el checklist tiende a adoptar la función de filtro, usualmente bloqueando la espontaneidad y posibilidad de conexión genuina.
El autoconocimiento como herramienta clave
Ahora bien, aunque en la práctica las preguntas se le hacen a un otro, la base de cualquier casting emocional empieza en la autoevaluación. “El punto central no está en examinar al otro, sino en comprender desde dónde elegimos. Solo una persona que ha explorado sus propias necesidades, heridas y límites puede distinguir entre una alerta real y un miedo proyectado. Conocerse permite usar el casting emocional como una herramienta de elección consciente", explica Gavric Berrios.
Un estudio llevado a cabo por Elizabeth R Tenney, Simine Vazire y Matthias R Mehl en el marco de la Universidad de California y publicado en PubMed, encontró una correlación positiva entre el autoconocimiento y la percepción de los informantes sobre la calidad de sus vínculos afectivos, sugiriendo que este ofrece ventajas en el plano interpersonal. “Dado lo fundamentales que son las relaciones para nuestra especie social, el autoconocimiento podría tener un gran valor, hasta ahora subestimado”, resume.
En este sentido, Gavric Berrios enumera una lista de preguntas que puede ser útil hacerse a uno mismo antes de aplicar el método del casting emocional en una cita, dado que transforman el proceso en un acto más de conciencia, y menos de control.
- ¿Qué características busco que tenga la otra persona?
- ¿Cuáles son mis valores innegociables? ¿Por qué son importantes para mí?
- ¿Estoy evaluando por curiosidad o por temor? ¿Busco conocer genuinamente o confirmar mis prejuicios?
- ¿Qué es lo que no quiero volver a repetir?
- ¿Estoy abierto a que el otro me sorprenda?
- ¿Qué es lo que considero una cita “exitosa”?
En definitiva, aunque no es garantía, el casting emocional puede ser una brújula. “No se trata de dejar de sentir, sino de que el pensamiento acompañe la emoción”, concluye Gavric Berrios.
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