Dejar que la IA piense por nosotros puede tener impacto en otros campos de nuestra vida
4 minutos de lectura'

En los últimos años la inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta cotidiana. Sin darnos cuenta, empezamos a delegarle no solo búsqueda de información y colaboración profesional sino ayuda en la toma de decisiones importantes, consultas médicas, y hasta preguntas trascendentales sobre nuestra vida personal.
Pero ¿qué impacto tiene esto en nuestra salud mental y en nuestro bienestar? El más reciente estudio del instituto M.I.T., sumado a reflexiones de especialistas en neurociencia contemplativa, comienza a ofrecer algunas respuestas.
Cuando la IA piensa por nosotros
Investigadores del M.I.T. estudiaron cómo los modelos de lenguaje (como ChatGPT) influyen en los procesos cognitivos cuando interactuamos con ellos. El hallazgo central es inquietante y esperanzador a la vez: la IA no solo provee información; también moldea la manera en que organizamos y evaluamos nuestras propias ideas.

Según los experimentos, al recibir sugerencias de la IA, los usuarios tienden a adoptar sus estructuras de razonamiento, sus patrones argumentativos y hasta su estilo de escritura. Esto puede aumentar la productividad, pero también debilitar habilidades como la memoria activa, la capacidad de síntesis y la tolerancia a la complejidad.
En palabras simples: cuando dejamos que la IA piense por nosotros, el cerebro empieza a hacer menos esfuerzo y esto puede tener impacto en otros campos de nuestra vida.
La importancia de “estar en el asiento del conductor”
Otro punto central destacado por los científicos es que la relación con la IA se parece mucho más a la relación con un hábito mental que a la interacción con una herramienta tecnológica. Lo que está en juego no es solo lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.
Si el uso es automático, distraído o ansioso, la IA refuerza esos estados internos. Si lo usamos con intención y presencia, puede potenciarnos.
El Dr. Richard Davidson —uno de los referentes mundiales en neurociencia— lo resume así: “La IA amplifica la mente que la usa”.

El riesgo invisible: la erosión de la atención
La atención es un músculo. Lo que no usamos, se debilita. Y aquí aparece el principal riesgo para el bienestar mental: a mayor dependencia de la IA para tareas simples, menor estímulo recibe nuestra capacidad de sostener foco, de recordar y de elaborar pensamiento profundo.
Este deterioro atencional es un conocido predictor de malestar, impulsividad y estrés. El cerebro humano necesita cierto nivel de esfuerzo cognitivo para mantenerse sano, igual que el cuerpo necesita movimiento.
¿Cómo usar la IA de manera saludable?
Los especialistas proponen tres prácticas simples:
- Pausas conscientes antes de preguntar. Preguntarse: “¿Puedo pensar esto por mí antes de pedírselo a la IA?” No es un examen. Es gimnasia mental.
- Usar la IA como espejo, no como reemplazo. Pedirle a la IA que cuestione, amplíe o desafíe nuestras ideas, en lugar de que las fabrique desde cero.
- Alternar entre producción humana y asistencia artificial. Por ejemplo: escribir un primer borrador a mano, y recién después pedirle a la IA una mejora. Así se preserva la autonomía cognitiva.
La oportunidad: más reflexión, no menos.
La pregunta central ya no es si la IA cambiará nuestra mente: ya lo está haciendo.La verdadera pregunta es ¿qué tipo de mente queremos cultivar mientras ocurre ese cambio?
Si aprendemos a usar la IA como aliada —no como sustituto—, puede convertirse en una herramienta para profundizar la introspección, enriquecer nuestra creatividad y aliviar cargas cognitivas sin erosionar nuestro bienestar.
En resumen, y cómo ya han asegurado varios especialistas en el tema, el futuro no será de quienes deleguen todo a la inteligencia artificial, sino de quienes mantengan viva la inspiración, creatividad y la inteligencia humana que la guíe.
El autor escribió el libro “Meditar en Zapatillas”

1La sorpresa hot que descolocó a Gimena Accardi en su primer verano de soltera
2Los depósitos en dólares del sector privado rozan los US$37.000 millones y alcanzaron un récord
- 3
Se firmó la toma de posesión de las primeras rutas privatizadas por el Gobierno
4El Tesoro compró más de US$500 millones antes del pago de deuda





