
Los especialistas sugieren volver a una alimentación saludable, a base de frutas, verduras y alimentos caseros bajos en grasas, y evitar frituras
7 minutos de lectura'


Diciembre suele ser un mes de “maratón gastronómica”. Entre despedidas, cenas de Navidad y festejos de Año Nuevo, el cuerpo debe hacer frente a una demanda inusual de comida. La combinación de grasas saturadas, azúcares refinados y alcohol produce una sensación de pesadez inmediata y pone en marcha una compleja maquinaria fisiológica que, si se sobrecarga, puede derivar en inflamación y malestar persistente.
Recuperar el bienestar no requiere de medidas extremas. La clave reside en entender cómo reacciona el sistema digestivo y brindarle las condiciones adecuadas para su autorregulación.
Estado de alerta
Cuando se ingiere una cantidad masiva de alimentos ricos en calorías en poco tiempo, el sistema digestivo entra en un estado de alerta. Según explica la gastroenteróloga Daiana Belén García, el impacto comienza en los órganos de filtrado y procesamiento: “El organismo responde sobrecargando la acción de la vesícula biliar y el hígado, con el consecuente aumento de la secreción de ácidos biliares”.

Esta sobrecarga tiene efectos mecánicos y químicos. “La ingesta de comidas grasas y ultraprocesadas genera una dificultosa digestión por alterar el vaciado gástrico, además de relajar la unión esofágico-gástrica, responsable del reflujo y la acidez tan común luego de una comilona”, añade la especialista.
Los síntomas que se suelen describir como pesadez tienen un origen claro. Ante una ingesta abundante y concentrada en grasas y azúcares, el sistema digestivo activa varios mecanismos para poder procesarla. “El estómago se distiende y retrasa el vaciamiento gástrico, especialmente por el alto contenido graso. El intestino delgado recibe una mayor carga de nutrientes, lo que estimula la liberación de hormonas digestivas. El páncreas aumenta la producción de enzimas para digerir grasas y carbohidratos, y el hígado intensifica el metabolismo de azúcares, grasas y alcohol. Aunque este trabajo extra es transitorio, explica gran parte del malestar digestivo posterior”, detalla la médica gastroenteróloga Romina Tosti.

Estos síntomas tienen múltiples mecanismos. No es un solo factor, sino la suma de sobrecarga, digestión más lenta y mayor presión dentro del tubo digestivo. La pesadez se relaciona con el enlentecimiento del vaciamiento gástrico, sobre todo por comidas grasas.
La distensión abdominal se debe a la acumulación de gas y líquidos en el intestino, producto de la fermentación de azúcares y del exceso de volumen ingerido.
La acidez aparece porque el estómago produce más ácido y, además, la distensión favorece el reflujo gastroesofágico.
Órganos bajo presión
No se trata solo de una molestia estomacal. El hígado y el páncreas son los “trabajadores silenciosos” que más sufren. “En el corto plazo, el hígado prioriza el metabolismo del alcohol y el exceso de calorías, lo que puede generar acumulación transitoria de grasa hepática y aumento del estrés metabólico. El páncreas, por su parte, incrementa la secreción de enzimas digestivas e insulina. En personas sanas, estos cambios suelen ser reversibles. Sin embargo, en quienes tienen enfermedades previas –como hígado graso, diabetes o dislipidemia– el impacto puede ser mayor”, aclara Tosti.
El riesgo puede ser mayor si no hay moderación. García advierte sobre cuadros más severos: “Si el consumo de alcohol es elevado en poco tiempo, puede llevar a una inflamación del hígado llamada hepatitis alcohólica. Por su parte, el páncreas se estimula más para la producción de enzimas, pudiendo provocar una pancreatitis, la cual requiere manejo en internación y es responsable de una inflamación sistémica”.
Desde una perspectiva complementaria, la Medicina Tradicional China (MTC) –una tradición milenaria para la que el bienestar depende de que la energía interna pueda circular en armonía– ofrece una explicación que vincula lo físico con lo emocional. Carolina Winograd, experta en esta disciplina, señala que el bienestar depende de que la energía interna circule en armonía. “Cuando comemos más de lo que podemos transformar, el sistema energético que primero se resiente es el bazo, encargado de extraer la energía útil de los alimentos. Si el bazo se satura, pierde fuerza y ese agotamiento se traduce en pesadez física, lentitud mental y una caída general de la vitalidad. No es una simple ´modorra´: es el cuerpo intentando hacer un trabajo que lo supera”, enfatiza Winograd.
El estómago también se desordena. En lugar de avanzar con su ritmo habitual, la digestión se vuelve lenta y pesada. Por eso aparecen la hinchazón, la acidez y esa sensación de incomodidad que puede durar horas. La Medicina Tradicional China describe esto como un estancamiento: el centro del cuerpo queda tan sobrecargado que pierde capacidad para seguir procesando.
“A esa dificultad digestiva se suma un aspecto emocional que muchas veces ignoramos. El hígado, que regula el flujo de la energía y también de las emociones, se tensiona cuando el sistema digestivo queda bloqueado. Y entonces aparecen señales que reconocemos enseguida: irritabilidad, ansiedad, dificultad para enfocarnos y, paradójicamente, más ganas de seguir comiendo aunque ya estemos llenos. No es un fallo de voluntad. Es un desajuste energético”, explica la experta.
Además, destaca un factor que suele pasar desapercibido: el diafragma. “Cuando comemos en exceso, el diafragma pierde movilidad, la respiración se acorta y el cuerpo entra en un estado de alerta que aumenta el cortisol y la inflamación”, afirma Winograd. Este bloqueo afecta también al sistema linfático, dificultando la depuración de toxinas.
Estrategias de alivio
Una vez pasados los festejos, la tentación de recurrir a jugos “detox” o ayunos prolongados es alta. Sin embargo, los expertos sugieren prudencia. César Casavola, jefe del servicio de nutrición del Hospital Alemán y presidente de la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas (Samenut), aclara que no existe un alimento específico “mágico” para desinflamar, pero sí un enfoque simple. “Se sugiere reposo digestivo en caso de malestar o volver a una alimentación saludable los días posteriores, incluyendo frutas, verduras, alimentos caseros bajos en grasas y evitar frituras”.

Para quienes buscan una recuperación efectiva, hay una serie de pautas a seguir basadas en la evidencia:
- Abstinencia de alcohol: “Es el mecanismo más seguro demostrado para lograr la recuperación del daño hepático producido por la ingesta etílica frecuente”, asegura Casavola.
- Uso de probióticos: incorporar kéfir, vinagre de manzana orgánico o probióticos de diseño para restaurar la flora intestinal.
- Fibras y antioxidantes: priorizar la zanahoria cocida (fibra soluble), aceite de oliva virgen en crudo, y alimentos con antioxidantes como el tomate, arándanos, melón e higos.
- Hidratación estratégica: para combatir la retención de líquidos por el exceso de sodio, Casavola sugiere consumir sandía, pepino, apio, espárragos y té verde.
Es común que, tras varios días de azúcar en exceso, el cuerpo pida más. Para cortar este ciclo de dependencia, Casavola propone una estrategia sencilla: “El consumo de frutas y verduras en pequeñas cantidades ayuda a reducir las ideas recurrentes de sabor dulce. Propongo utilizar frutas congeladas y procesadas como smoothies mezcladas con yogur, o usar tomates, zanahoria y apio como pequeños snacks”.
Si todavía quedan festejos por delante, la mitigación durante la comida es la mejor medicina preventiva. La recomendación de los profesionales es unánime:
- Comer despacio: masticar cada bocado entre 20 y 30 veces permite que el cerebro reciba la señal de saciedad a tiempo.
- Hidratación alterna: beber un vaso de agua por cada copa de alcohol.
- Respiración consciente: “Respirar profundo para liberar el diafragma antes y después de comer ayuda a que el cuerpo no entre en estado de alerta”, sugiere Winograd.
En definitiva, el organismo tiene una capacidad asombrosa de autorregulación. El “alivio” no viene de una restricción extrema, sino de volver a lo simple: alimentos reales, hidratación abundante y, sobre todo, recuperar el ritmo natural que el cuerpo necesita para sanar.

En Foodit, la plataforma de cocina de LA NACION, se pueden encontrar consejos prácticos para armar menús personalizados según las distintas necesidades alimentarias. Con un recetario digital de recetas probadas, explicaciones claras paso a paso y el aporte de cocineros y nutricionistas, Foodit reúne ideas, técnicas y herramientas para cocinar mejor todos los días y organizar las comidas de la semana.





