Investigaciones publicadas en el National Institutes of Health ponen el foco en tres frentes clave: inflamación, regeneración celular y recuperación muscular.
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La luz infrarroja se consolidó en los últimos años como una herramienta clave en el ámbito médico: desde tratamientos de kinesiología y clínicas hasta, cada vez más, el mundo del deporte.
Con el tiempo, su uso y el de terapias derivadas empezó a expandirse. A medida que se acumula evidencia científica sobre sus beneficios, también crece su accesibilidad. Hoy ya no es raro verla circular por fuera de esos espacios, incluso en redes como Instagram, donde figuras reconocidas la incorporan y la muestran como parte de sus rutinas.
La llamada fotobiomodulación, o terapia con luz roja e infrarroja, viene siendo estudiada hace años por su impacto en diversos procesos. Investigaciones publicadas en el National Institutes of Health ponen el foco en tres frentes clave: inflamación, regeneración celular y recuperación muscular. Tres temas universales y que van más allá del alto rendimiento.
Este tipo de terapia trabaja con longitudes de onda específicas, entre los 600 y 1000 nanómetros, que penetran en los tejidos sin dañarlos. Es radiación no ionizante, es decir que no altera el ADN ni genera efectos secundarios asociados a otros tipos de radiación.
Una vez que esa luz entra en el cuerpo, impacta directamente sobre las mitocondrias, responsables de producir ATP, la energía que usan las células. El investigador de Harvard Michael Hamblin describe este mecanismo como central para entender sus efectos antiinflamatorios y regenerativos.
Lo que se está viendo en estudios
La evidencia no apunta a un único beneficio, sino a varios frentes que se vienen investigando en paralelo. En el ámbito deportivo, por ejemplo, hay estudios en atletas que muestran mejoras en la recuperación muscular y menor daño después del entrenamiento. Esto reduce significativamente el tiempo que se necesita para que vuelva a rendir.

También se demostraron beneficios en cuanto al manejo del dolor y la inflamación. La fotobiomodulación puede reducir marcadores inflamatorios y aliviar molestias musculares y articulares.
“Durante años, estas tecnologías estuvieron reservadas a clínicas, centros de rehabilitación y equipos deportivos profesionales. Hoy, su evolución en diseño y accesibilidad permitió que comiencen a integrarse en rutinas de bienestar más amplias”, comenta Pedro Santos Mendiola, jefe de marketing de Boss Recovery, un proyecto que aplica la tecnología apuntada al bienestar integral tanto de profesionales del deporte como Leandro Parades que probó esta tecnología o de una persona común aliviando también, las consecuencias del estrés y el sedentarismo.
La empresa argentina trabaja con desarrollos que aplican luz roja (660 nm) e infrarroja cercana (850 nm), longitudes de onda asociadas a efectos tanto superficiales como profundos en el tejido. También desarrollaron un sistema de compresión secuencial con activación térmica pensado para la recuperación de piernas, que combina presión y calor para favorecer la circulación, disminuir la fatiga y acelerar la recuperación muscular, entre otros.
Los resultados en la piel son de los más estudiados, y en gran parte explican por qué su desembarco en el mundo del skin care no es casual. Investigaciones registraron un aumento en la producción de colágeno, proteína clave para la firmeza y elasticidad, a partir de la estimulación directa de los fibroblastos, las células encargadas de generarlo.
El resultado de esto se demuestra en mejoras en la textura, mayor uniformidad en el tono y una reducción progresiva de líneas finas y arrugas. A eso se suma un efecto sobre la microcirculación, que favorece la llegada de oxígeno y nutrientes y ayuda a que la piel se vea más luminosa y “descansada”.
También hay evidencia de que puede contribuir a procesos de reparación: desde mejorar el aspecto de cicatrices hasta modular la inflamación en pieles sensibles o con rojeces.

Más allá del uso cotidiano, la tecnología también encontró lugar en el ámbito médico. La Multinational Association of Supportive Care in Cancer, por ejemplo, recomienda su uso en determinados tratamientos para pacientes oncológicos, incorporándola como herramienta de soporte dentro de un enfoque terapéutico más amplio.
Más allá de los dispositivos en sí, especialistas coinciden en que el crecimiento de estas tecnologías responde a un cambio más amplio: la búsqueda de herramientas que permitan prevenir, recuperar y mejorar el bienestar físico de forma activa. En un escenario donde el estrés, el sedentarismo y la sobrecarga física forman parte de la vida diaria, la posibilidad de acceder a tecnologías antes reservadas a contextos médicos empieza a redefinir el vínculo entre salud, recuperación y calidad de vida.
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