
Con modificaciones técnicas personalizadas, la disciplina se abre a la diversidad funcional y combina la recreación con la alta competencia; testimonios de los que se animan al desafío
6 minutos de lectura'

Se sabe que los espacios públicos y las prácticas deportivas tradicionales suelen imponer barreras para muchos difíciles de sortear. En ese escenario, el skate adaptado asoma como un instrumento de transformación y bienestar, convirtiendo a los skateparks en puntos de encuentro donde la diversidad funcional encuentra su forma de habitar el espacio urbano.
“El skate adaptado es una modalidad que busca acercar esta práctica a personas con distintas posibilidades motrices, mediante adaptaciones del propio skate y el uso de apoyos ortopédicos o dispositivos específicos creados para tal fin”, cuenta Pablo Zabaleta, presidente de la Asociación de Skate de Almirante Brown (ASAB) y secretario de la Federación Argentina de Skateboarding (FASB).
Estas modificaciones no son universales ni estandarizadas, sino que se diseñan a la medida de cada skater: “Las adaptaciones tienen como objetivo acompañar las posibilidades corporales de cada participante, favoreciendo la estabilidad, el equilibrio y la seguridad necesarios para desarrollar la práctica de manera autónoma y significativa. Más que una simple modificación técnica, entendemos al skate adaptado como una propuesta que amplía el acceso a una cultura corporal históricamente poco pensada desde la diversidad funcional”, explica.
Un salto de autonomía
Los testimonios de sus protagonistas reflejan cómo la actividad impacta de forma directa en su calidad de vida, su autonomía y su bienestar emocional. Gabriel tiene 44 años y un diagnóstico de cuadriplejia espástica, por lo que su tabla requiere de una estructura especial para permitirle rodar de manera segura. “Me gusta el skate porque nunca encontré otro deporte que pueda hacer. Uso un equipamiento grande que me ayuda a ponerme de pie. Entonces, el skate se agarra a ese equipamiento y tiene sujeciones que van enganchadas en mis pies. A donde quiero ir en el skatepark, puedo ir en skate”, cuenta orgulloso.
Fidel es un adolescente de 12 años que vive en San Vicente, asiste a una escuela agraria y además es nadador del equipo municipal. Como tiene agenesia distal de miembro inferior derecho, necesita una prótesis para caminar. Su vínculo con la tabla comenzó desde muy chico. “Empecé con el skate a los seis años. Me encanta ir al skatepark. El skate es lo mejor que hay”, asegura.
En su caso, la configuración del skate es más sutil, apenas adaptada a su propia contextura y necesidad. “Mi tabla no necesita adaptaciones específicas, suelo necesitar buen rodamiento para no tener que patear tan seguido, que es lo que más se me dificulta con mi prótesis, así que con ruedas de mayor calibre y buenos rulemanes puedo andar sin drama”.
Ya en el plano del alto rendimiento, la disciplina abre las puertas de la competición pura a través del para skate. Tal el caso de Guido Marconi, un joven de 22 años oriundo de San Nicolás de los Arroyos que descubrió en la tabla una motivación enorme que lo lleva a superarse cada día. “En 2018 empecé a subirme a un skate de forma recreativa, fui mejorando y el resultado me llevó al para skate donde, a diferencia del recreativo, se realizan trucos y movimientos que permiten tener una puntuación”, explica Guido, quien recientemente integró la delegación de la FASB que participó en Brasil del STU Tour.
Guido tiene parálisis cerebral diplejica que afecta ambos miembros inferiores, y necesita una silla de ruedas para desplazarse en su vida cotidiana. Sin embargo, su tabla no necesitó ser adaptada, ya que se arrodilla directamente sobre su skate y se propulsa con los brazos. Así, una vez que alcanza cierta velocidad, se vale del impulso de las rampas.
“Soy una persona muy inquieta, y desde el comienzo, me llamó mucho la atención poder saltar, volar o girar de un lado para el otro con el skate. Al ser algo tan abierto a un mundo inmenso de trucos, uno puede hacer lo que quiera y lo que más le guste hacer. El skate es pura adrenalina”, asegura.
De esta manera, la disciplina adquiere un formato competitivo similar al skate convencional, donde los skaters realizan recorridos, trucos, giros y maniobras sobre distintos obstáculos, mientras los jueces evalúan aspectos técnicos, creatividad, dificultad y fluidez de la pasada.
Dispositivos de andamiaje
Detrás de cada persona que logra deslizarse en una pista hay una planificación para generar las condiciones de seguridad y andamiaje necesarias.
“Existen distintas experiencias de skate adaptado en el mundo. En nuestro caso, tomamos contacto con una propuesta desarrollada en Brasil por el colectivo Skate Anima, encabezado por Stevan Pinto, quienes utilizaban un equipamiento especialmente diseñado para posibilitar la práctica a personas con discapacidad”, sintetiza las raíces de la modalidad Juan Donati, impulsor e investigador del skate adaptado en la Argentina, docente de educación superior y miembro fundador de la ASAB y de la Subcomisión de la FASB.
Ahora bien, para comprender cómo se sostiene a un skater sobre su tabla, es necesario evaluar la versatilidad de los elementos utilizados. “Entendemos que tanto el skate como el skatepark poseen una enorme versatilidad y potencialidad para que cualquier persona pueda apropiarse de la práctica desde sus propias posibilidades”, apunta Zabaleta sobre la filosofía detrás del diseño técnico.
En todo caso, las soluciones se plantean como formas de andamiaje que generan condiciones de seguridad, acompañamiento y confianza para que la persona desarrolle una experiencia motriz significativa.
Estas configuraciones pueden ir desde cintas o sujeciones vinculadas a caminadores, bastones adaptados o soportes corporales específicos, hasta estructuras más complejas compuestas por un armazón rectangular con sistemas de suspensión y sujeción que sostienen al deportista mientras se desplaza por calles, veredas y espacios urbanos.
Con todo, el espíritu esencial del skate se mantiene intacto: “Más allá de la lógica competitiva, continúa siendo una práctica profundamente ligada a la superación personal, la construcción de comunidad y el derecho al acceso al espacio público y la cultura skate”, concluye Juan Donati.


