En primera persona, la exigente travesía entre roca volcánica y nieve hasta la cumbre del pico neuquino, a 3776 metros; cómo se organiza la aventura, la mejor época y las precauciones a tener en cuenta
11 minutos de lectura'
Cuando a mis 17 años, volviendo de Bariloche de mi viaje de egresado, vi por primera vez el volcán Lanín, me atrapó su silueta casi perfecta recortada sobre el horizonte con su pico nevado; y en ese tiempo en el que el futuro era un papel en blanco donde había lugar de sobra para las utopías, me propuse, algún día, alcanzar su cumbre.
Cuarenta y dos años después, cuando aquella loca idea estaba a punto de convertirse en cuenta pendiente, empujado por la complicidad de un amigo que me propuso intentarlo, me lancé a la aventura.
La sensación de logro por alcanzar una cima es el motivo que mueve a casi todos los montañistas, pero en el Lanín esto es una experiencia recargada porque el marco con que recibe la cumbre del volcán se acerca a una escenografía cinematográfica en la que cada detalle es el resultado de un cuidadoso y monumental diseño, y donde la naturaleza compite con la imaginación.
Los metros de elevación finales que llevan a la cima presentan el mayor grado de dificultad de todo el recorrido porque es necesario superar una escarpada cresta de roca que remata en una elevación y oculta el paisaje que conforma la cima. Superado este tramo, recibe la cúspide del Lanín, que en realidad es el cráter del volcán, y se despliega como un gran escenario circular cubierto de nieve con un fondo de 360 grados en el que lagos y montañas conforman un paisaje mágico.
El volcán Lanín no es la montaña más alta de Argentina porque hay casi 50 picos más grandes; tampoco gana importancia por estar en un lugar perdido, dado que se llega a la base por una ruta amigable. Por su cota de 3776 metros sobre el nivel del mar, la tan temida altura no afecta tanto. Pero la naturaleza caprichosa plantó esta montaña, que es un cono perfecto, en un marco que la muestra limpia y desafiante, y además la cargó de un magnetismo que la ubica primera en la lista de muchos montañistas que se inician en las grandes alturas y de aventureros que quieren cumplir el sueño de escalarla.
“Cuando un nene dibuja una montaña, lo hace igual que la silueta del Lanín, en forma de cono y con el pico nevado. Esa forma tan pura le da un atractivo especial”, le dice a LA NACION Julián Insarralde, un experimentado guía de montaña que perdió la cuenta de la cantidad de veces que llegó a la cima.
“Además, tiene otra particularidad que se transforma en una ventaja: a diferencia de otros picos, no está en una zona de altura, por lo que no se necesita un proceso de aclimatación. Por otro lado, tiene un buen acceso porque está cerca de San Martín de los Andes, que tiene aeropuerto. Se puede planificar una expedición en un fin de semana largo y eso en otras montañas es impensado”, explica Insarralde.
Mi mayor miedo es hacer el ridículo, no dar la talla o aventurarme a desafíos que me queden grandes. Por esa razón es que me preparé muy a conciencia y entrené con mucha intensidad para llegar de la mejor forma, pero el fantasma del fracaso siempre está rondando y en este caso se oculta detrás de un esquema de ascenso muy demandante que el montañista desprevenido descubre cuando ya está con las botas puestas y la mochila en la espalda.
El ascenso se realiza en dos días por disposición de Parques Nacionales y establece un cupo de ingresantes que ronda las 100 personas. Ambas medidas buscan regular la cantidad de turistas en la montaña y minimizar el impacto. “El desafío del Lanín está dado por el rigor físico que implica subir y luego desandar los casi 2600 metros de elevación en solo dos días de un trekking muy duro que casi siempre se combina con escalada en hielo”, dice Juan Ponce, el guía que me acompañó y que en los últimos años acumula más de 100 ascensos al tercer pico más alto de Neuquén. También explica que el descanso es muy corto porque el ascenso final comienza a las 2 AM y entre la ida y el regreso a la base demanda alrededor de 16 horas o más, dependiendo del grupo.
El plan que trazamos como mi compañero de aventura se torció a último momento por un imprevisto con el vuelo, por lo que tuve que optar por continuar en solitario, invadido por una sensación de traición que solo sobrellevé porque sentía que posponerlo una vez más implicaba el riesgo de no hacerlo nunca.
Comenzamos el recorrido atravesando un bosque de lengas por un camino bien marcado que finaliza en la base del volcán. Desde allí, continuamos hacia el inicio de un sendero llamado Espina de pescado, que sube gradualmente y desvía a la derecha a un sector donde la pendiente se torna más agresiva y conduce al área de acampe a 2315 metros de altura, donde llegamos luego de unas seis horas de caminata.
¡El primer día de montaña es una fiesta! Me sobra la energía, brilla el sol de febrero y el grupo avanza en total armonía. Me acompaña un guía experto y locuaz que me brinda seguridad y confianza en cada paso; mis compañeros son un sacerdote muy joven y un gerente de recursos humanos de una gran empresa industrial, con los que no tuve ningún contacto previo, pero con los que se genera un ambiente de camaradería.
La primera parada donde se arma el campamento está compuesta de un refugio militar llamado RIM y de domos que cuentan con dormitorios, un comedor, servicio de cocina y baños y desde donde emprendemos el ascenso a la cima, muy temprano, al comienzo del siguiente día. “Entender si están aptos para la segunda jornada es una decisión en conjunto con cada persona porque casi siempre se dan cuenta solos cuando no están en condiciones, pero algunas veces es necesario definir a pesar de que el otro no esté de acuerdo. La gente viene con la idea de subir al Lanín, pero para nosotros la prioridad es que vayan y vuelvan sanos a la base”, afirma David Werner, guía de montaña y responsable de Cordada Expediciones, una de las organizaciones que acompaña a los turistas en la travesía.
Al Lanín se puede acceder durante todo el año, aunque la temporada alta es entre octubre y diciembre porque se trata de la época en que la montaña todavía conserva nieve que luego, con el avance del verano, se derrite y deja la roca al descubierto. “En esa época el ascenso es un poco más amable, porque al tener nieve que se endurece, el sendero es parejo y con crampones se transita con menor dificultad”, explica Werner. Y grega: “Por otro lado, al momento de la bajada, se puede descender haciendo “culipatín”, que es muy divertido y te permite desandar muchos kilómetros muy rápido y con poco esfuerzo”.
Durante enero, febrero y marzo, el clima es menos riguroso, porque en general no hace tanto frío, pero el terreno es mucho más escarpado y agreste. Además, se le agrega riesgo por la caída de piedras que se desprenden por el descongelamiento de la nieve, lo que obliga a transitar los últimos 500 metros de elevación sobre una cresta de roca paralela a la canaleta de nieve que implica una escalada más técnica y trabajosa.
“Son dos Lanín diferentes, uno es casi todo cubierto de nieve y otro, en los meses más cálidos de temporada baja. Cada uno con sus cosas, pero lo que es seguro, que fuera de temporada es más exigente físicamente”, sostiene el guía Juan Ponce.
El perfil de los que intentan la cumbre del Lanín es variado, pero se destaca el de montañistas que, luego de haber probado con salidas de trekking largas y escaladas a montañas menos complejas, dan el salto y buscan llegar a lo más alto de este volcán, que es uno de los puntos de referencia que establece el límite entre la Argentina y Chile.
“No es el Tres Picos en Sierra de la Ventana, ni el Champaquí en Córdoba y ni siquiera alguno de los picos intermedios de Mendoza. El Lanín es una vivencia irrepetible, pero al mismo tiempo demanda un esfuerzo muy importante y es fundamental no subestimarlo”, opina Werner, que hace hincapié en la importancia de la preparación física más que en la experiencia en la montaña.
“Muchos de los que acompañamos no tienen grandes vivencias previas en la montaña, pero lo que sí es ineludible es contar con una buena preparación física porque la demanda es grande”.
El otro aspecto determinante es el clima, que en la montaña es muy cambiante y caprichoso, aunque el sistema de pronósticos actual ayuda mucho: “Hoy el pronóstico climatológico es bastante preciso, por lo que permite saber con qué te vas a encontrar, aunque a veces la montaña te da alguna sorpresa. Sin embargo, si vas con el equipo adecuado y con un grupo de gente debidamente preparada, la probabilidad de alcanzar la cumbre es alta”, afirma Insarralde.
Para los afortunados que consiguen llegar a la cima, el premio es una postal irrepetible que se combina con la satisfacción del logro: los volcanes chilenos Llaima y Villarrica y el Tronador del lado argentino parecen al alcance de la mano, mientras los lagos Huechulaufquen, Paimún y Tromen brillan en la base.
Pero tocar el techo de esta montaña mágica y disfrutar de su vista panorámica no es el final de la travesía; resta la vuelta que, aunque no presenta la dificultad de ascender, requiere concentración para desandar los 2600 metros de desnivel sobre un terreno agreste de roca volcánica y nieve derretida que obliga a un paso sereno y cuidadoso. La vuelta se divide en dos etapas: la primera, que lleva a la zona de domos para recoger el material que quedó en el puesto, comer algo y descansar para luego desandar el camino de ida y finalizar el recorrido en el puesto de guardaparques.
Desde la partida a la madrugada son 17 horas, incluyendo las paradas de descanso precedidas por solo dos horas de sueño. Los kilómetros finales los transcurrimos a buen ritmo, empujados por la ansiedad de terminar y fantaseando con una ducha caliente y un colchón con sábanas y almohada.
Es uno de esos momentos en los que la mejor definición que ofrece el diccionario para describir lo que siento es “extenuado”, con los pies hinchados y la sensación de tener un clavo incrustado en cada una de las uñas de los dedos gordos.
El ascenso al volcán Lanín es una experiencia única que desafía, pero al mismo tiempo recompensa con perspectivas que quedan grabadas indelebles. Para muchos es cumplir un anhelo, es alcanzar un objetivo de una lista imaginaria y es la credencial para iniciarse en la alta montaña; pero también puede ser un acto de contrición para aquellos prepotentes que asumen la naturaleza como un menú a la carta donde posan un dedo y eligen lo que quieren conocer.
“La montaña sabe cómo lidiar con la arrogancia”, sentenció el experimentado alpinista austriaco Hermann Bhul; y las uñas de mis pies, que luego de la travesía decidieron abandonarme y dejar al descubierto dos grandes hematomas, son evidencia plena de esta afirmación.
Datos útiles
El recorrido
El ascenso tradicional, por la cara norte, comienza en la seccional Río Turbio, en las proximidades del Centro de Informes Tromen del Parque Nacional Lanín, a unos 70 km de Junín de los Andes.
La travesía se puede realizar en solitario o acompañado por un guía de montaña. En todos los casos es necesario reportarse a los guardaparques que chequean el equipo obligatorio, que incluye equipo de comunicaciones VHF con frecuencia de Parques Nacionales, casco, piqueta y crampones, que son dispositivos metálicos con púas que se ajustan a las botas y generan agarre y tracción en la nieve dura o el hielo, botas de montaña, además de indumentaria apropiada porque en general se enfrentan temperaturas muy bajas.
Mochila
En el Lanín no está permitido el tránsito de mulas, que en otras montañas son la manera en que se traslada el material que se utiliza en los puestos de altura y que muchos montañistas usan para aligerar la carga. Por eso, es fundamental planificar en detalle todo lo que se va a llevar, para que nada sobre, pero al mismo tiempo que no falte.
Tarifas
La tarifa, en caso de optar por ir con un guía (uno cada cuatro personas como máximo), es de 500 dólares. Proveen el equipo necesario. También el traslado al parque, el alojamiento en los domos y la comida de los dos días.
1Expertas en nutrición y salud recomiendan consumir tres lácteos al día para lograr una dieta equilibrada
2Llegó LN WEEK: la semana más esperada para suscribirse a los productos digitales de LA NACION
- 3
Qué es el Síndrome de Fortunata: el motivo oculto por el que te atraen personas casadas o con pareja
4El mejor ejercicio de fuerza para las mujeres mayores de 50 años: recomendado por una entrenadora experta






