Al autor de los tiros lo había “cambiado” la separación de sus padres
Era introvertido, pero no presentaba signos de agresividad, dijo su abogado, aunque confirmó que el menor se había autolesionado, estaba bajo tratamiento psicológico y había sufrido bullying
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Ahora está en el foco. Pero en los días previas la mente de Gino C. era un hervidero que estaba a punto de hacer estallar a un adolescente al que todos definene como “tranquilo”, “callado” y “respetuoso”. El lunes a la mañana, después de disparar, parecía poseído, dijeron quienes pudieron verlo. En su mirada detectaron odio.
“Él estaba bajo tratamiento psicológico”, dijo el abogado Néstor Oroño, que lo asistirá en el proceso penal. Aunque el letrado manifestó que el chico sufría bullying y que, por esa causa, recibía atención de salud mental, tambíen enmarcó los profundos cambios de su personalidad en el cisma de su familia: sus padres se estaban separando, el padre se había mudado a Entre Ríos y él había quedado con su madre en San Cristóbal. Había hablado por teléfono con su padre justo antes de ir a la escuela y desatar la masacre.
“No presentaba signos de agresividad. Era una persona introvertida que pasaba mucho tiempo frente a la computadora. Tenía muy pocos amigos. Según el padre no había signos de que fuera una persona agresiva”, dijo Oroño. El abogado sí reveló que el chico había tenido recientes intentos de suicidio en los que se había producido cortes en el cuerpo.
Nada de eso parecieron haber detectado en la Escuela Nº 40. “Estoy totalmente sorprendido”, sostuvo uno de sus compañeros de curso, Ramiro. “Es muy callado, respetuoso y muy buen alumno”, lo describió.
“Dentro del curso charlábamos, pero poco tiempo”, señaló, y afirmó no contar con información sobre posibles situaciones de conflicto, ya que hacía poco que era su compañero. “No sé si le hacían bullying, no estoy familiarizado con el tema”, expresó.
“Al ser un chico muy tranquilo, no me imaginaba esta situación”, agregó, aunque sí advirtió un cambio reciente: “Lo vi muy cambiado, no lo vi igual que siempre”.
En diálogo con LN+, Carlos, que conocía a la familia de la víctima (único hijo) y la noche anterior le había entregado un pedido de delivery, dijo: “Esto fue algo que no me veía venir. El agresor es el hijo del garrafero. Era un pibe tranquilo. Por lo que se veía, era un pibe que no tenía drama, que pudo haber tenido problemas a lo mejor dentro de la casa, pero por fuera era re tranquilo”.
“Se decía que se sufría de bullying, pero nunca lo habló, nunca lo comentó con nadie. Acá como es chico, esas cosas se saben al toque, se difunden rapidísimo, pero ni la escuela tenía conocimiento de eso”, sumó.
Y reveló que, tras la masacre, el chico estaba conmocionado: “Cuando lo retuvieron y le quitaron el arma, ahí recién pudo hablar y desahogarse. Tenía mucha ira, mucho enojo contenido“.
“Me apuntó, pero no llegó a disparar”, dijo el portero del colegio que redujo al tirador
Fabio Barreto, portero del colegio que redujo al tirador, le contó a la señal A24 que el chico, después de asesinar a Ian, le apuntó con su escopeta “de dos caños”, pero no llegó a disparar.
“Sabía cómo manipular el arma”, dijo, aunque contó que lo vio “como perdido, no sabía ni que estaba en la escuela.
“Escuché dos explosiones, pensando que habían tirado un cohete. Después vi a los chicos correr y gritar, y cuando me asomé estaba el chico armado disparando. La reacción fue encararlo y reducirlo para sacarle el arma para que no siguiera haciendo desastres. Apuntaba y tiraba a lo que sea. Ya lo había matado a Ian”, recordó.
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