Dolor por el asesinato de dos policías
La sargento Betiana Bringas y el oficial Sergio Fernández, ambos agentes bonaerenses, fueron atacados a tiros para robarle su auto; eran pareja y tenían un hijo de 4 años; hay un detenido, de 19, que ya había matado a un suboficial federal
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"Mi hijo, mi hijo", alcanzó a decir, entre llantos, la sargento Betiana Bringas, de 30 años, mientras su vecino Carlos Montenegro la trasladaba de urgencia a una clínica privada. Su vida se extinguía. Había recibido un tiro en el estómago. Su marido, el oficial ayudante Sergio Fernández, de 29, fue herido de gravedad con tres proyectiles. El matrimonio de policías bonaerenses murió pocos después y dejó huérfano a un niño de cuatro años.
Fernández y Bringas fueron asesinados anteanoche en la puerta de su casa en el partido de La Matanza por un grupo de delincuentes que los atacó para robarles el auto familiar, un Peugeot 206 azul, que habían comprado usado hacía pocos días. El proyecto familiar y los sueños quedaron truncos en pocos minutos. El único sospechoso detenido hasta anoche por el doble crimen tiene 19 años y está acusado de integrar la banda que el 9 de agosto pasado acribilló a balazos a otro uniformado, esta vez de la Policía Federal, también con intenciones de robo.
Las palabras sobraban ayer en la casa situada en Andrade y Olivieri, en la localidad de Gregorio de Laferrere. Sólo había abrazos, emoción y mucho dolor. Hasta anteayer a la tarde, Fernández y Bringas vivían allí, en uno de los inmuebles que hay dentro de ese terreno. Ambos policías bonaerenses prestaban servicio en el Comando de Prevención Comunitaria (CPC) Sur de La Matanza.
Anteanoche, alrededor de las 21.30, esa esquina se tiñó de luto. Cuando Fernández, vestido de civil, se disponía a estacionar el Peugeot 206 en el garaje de la propiedad, un grupo de delincuentes armados lo sorprendió para robarle el auto, que hacía pocos días había comprado.
Fuentes policiales explicaron a LA NACION que la sargento Bringas acababa de llegar con su marido de prestar servicio y advirtió lo que ocurría. Los vecinos, en cambio, contaron que fue el cuñado del oficial ayudante el que vio el intento de robo cuando sacó la basura a la calle y avisó a su hermana.
Tanto Fernández como Bringas se identificaron como policías y dieron la voz de alto, pero no pudieron impedir que se produjera un feroz tiroteo. El oficial ayudante recibió tres impactos de bala, en el tórax, el abdomen y el antebrazo derecho. Su esposa recibió un disparo a la altura del estómago.
La pareja de policías quedó tendida, malherida, sobre la vereda, mientras los delincuentes, que habrían sido entre tres y cuatro, escaparon con el Peugeot 206, azul.
"Beti [por Bringas] estaba consciente. Pensé que sobreviviría. Pobre criatura, por Dios", se lamentó Montenegro en diálogo con LA NACION. Este vecino la trasladó de urgencia hasta a la clínica privada Figueroa Paredes: la sargento apenas se quejaba del dolor.
Montenegro conocía a Bringas desde chica. Se había criado allí y todos en el barrio tenían gratos recuerdos de su padre, que tenía una pizzería en la zona y falleció hace casi un año.
Fernández fue trasladado al mismo centro de salud privado por un patrullero, pero tras una intervención quirúrgica falleció en la madrugada de ayer, después de que murió su pareja. "Eran buenos chicos, no lo puedo creer. Cuando pasaba por la casa o venían a comprar, hacíamos chistes, nos divertíamos", dijo la mujer que atiende en la despensa del barrio.
Detenido y reincidente
Tras un operativo de rastrillaje, personal de la Gendarmería Nacional ubicó el vehículo robado a la pareja en inmediaciones del asentamiento conocido como San Petesburgo, en el límite entre Ciudad Evita y San Justo, en La Matanza. Fuentes policiales afirmaron a LA NACION que los delincuentes descendieron corriendo del rodado y emprendieron la huida entre los pasillos del humilde barrio.
Pero uno de los ladrones fue atrapado. El joven de 19 años fue identificado como Ezequiel Yoel, alias "el Tate" Miranda, quien tenía una orden de captura por estar sospechado de ser uno de los autores del asesinato del sargento de la Policía Federal Luis Rodríguez, ocurrido en la madrugada del domingo 9 de agosto en la localidad matancera de Isidro Casanova.
En la esquina donde vivía el matrimonio, los peritos hallaron cuatro vainas servidas y un teléfono celular que podría pertenecer a uno de los ladrones, indicaron las fuentes consultadas. El rodado de las víctimas presentaba un orificio de afuera hacia adentro y en el interior del auto se halló un plomo calibre 9 milímetros.
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