
La exnovia del Pity Álvarez dijo que la víctima fue a buscarlo para pelear y admitió que descartó el arma homicida
Agustina Inbernoz declaró vía Zoom desde California ante una sala en la que solo quedaron las partes y el acusado; luego, su padrastro declaró que Cristian Díaz le dijo al cantante: “Pegame un tiro si tenés huevos”
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Agustina Inbernoz tenía 24 años cuando, el 12 de julio de 2018, fue testigo del hecho más shockeante de su vida: era la novia de Cristian Álvarez Congiú, el Pity, y estaba con él frente a la puerta de acceso a la Torre 12 B del barrio Samoré, en Dellepiane Sur y avenida Escalada, de Villa Lugano, cuando el líder de Viejas Locas e Intoxicados descerrajó cuatro tiros que segaron la vida de Cristian Maximiliano Díaz.
Ahora tiene 32 y, desde California, vía Zoom, declaró como testigo en la segunda jornada del juicio ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional (TOC) N° 29, integrado por Gustavo Goerner, Juan María Ramos Padilla y Hugo Navarro.
Lo hizo ante una sala que, previamente, debieron desalojar los periodistas y el público, ya que la testigo había solicitado que se preservara su imagen; por eso, solo la escucharon los jueces y los representantes de las distintas partes del proceso, además del Pity, que, como lo hizo en la primera audiencia, volvió a quedarse dormido en plena declaración, aunque esta vez fue advertido por los magistrados.

Inbernoz dijo no recordar en detalle lo que sucedió la noche del crimen. Según pudo reconstruir LA NACION, cuando le leyeron lo que había declarado durante la instrucción de la causa dijo no recordarlo.
Aseguró que Díaz había ido “a encarar” al Pity, a buscar pelea. Y que en ese contexto se produjeron los disparos. Afirmó que cuando escuchó las detonaciones se dio vuelta y no vio nada.
Sí admitió que poco después descartó el arma homicida en una alcantarilla de la colectora de la autopista Dellepiane Sur, a poco de haber subido a un Volkswagen Polo con su novio inmediatamente después del crimen.
También confirmó que habían ido desde allí al boliche Pinar de Rocha, de Ramos Mejía. No obstante, señaló que no recordaba cuánto tiempo había transcurrido en todo ese movimiento.
Algunos de los presentes en la sala dijeron a LA NACION que la declaración de la mujer pareció haberse dado en un contexto de temor.
Sin embargo, no hubo ningún tipo de intercambio entre ella y el acusado, que no solo se quedó dormido en medio de la declaración. En otro tramo de la exposición vía web de Inbernoz, el defensor oficial Javier Aldo Marino pidió permiso al tribunal para que Álvarez pudiese ir al baño.
“Pegame un tiro si tenés huevos”
Más tarde, Raúl Prieto Inbernoz, padrastro de Agustina, aportó un relato relevante sobre las horas posteriores al homicidio. Según contó ante el tribunal, se encontró con el músico en Pinar de Rocha y allí Álvarez le dijo: “Maté a un chabón”. En un primer momento creyó que se trataba de una broma, pero poco después regresó junto con la madre del cantante al barrio Samoré y, al observar una mancha de sangre en el lugar señalado por una vecina, comprendió que el episodio era real.

Prieto también relató que durante el viaje posterior Pity estaba “medio paranoico” y le manifestó que quería entregarse a la policía. Finalmente, dijo que su hijastra le contó que, después del ataque, el músico le entregó el arma y le pidió que la arrojara, antes de descartar también una campera.
Durante el contrainterrogatorio de la defensa, Prieto reprodujo, además, el relato que Agustina le había hecho sobre los momentos previos al homicidio. Según esa versión, Cristian Díaz habría hostigado durante un período prolongado a Pity, con insultos, empujones y agresiones físicas.
“Le decía: ‘No tenés huevos. Pegame un tiro si tenés huevos’”, declaró el testigo, quien agregó que Díaz habría rechazado el intento de un amigo de retirarlo del lugar y llegó a decir: “Yo soy el más poronga del barrio”.
Prieto reconoció que algunos detalles de aquella declaración de 2018 ya no los recordaba con precisión. También describió su vínculo de confianza con Álvarez y sostuvo que, aunque para otras personas podía parecer normal, quienes lo conocían sabían que consumía drogas habitualmente y podía pasar varios días sin dormir.
“¿Qué hiciste, Cristian?"
El otro testigo que habló ante el Tribunal en esta segunda jornada del juicio fue Marcelo Pedroso, un vecino de la Torre 12 A del barrio Samoré, quien relató que escuchó los disparos desde su departamento y que, al asomarse por la ventana junto a su pareja, vio el cuerpo de Cristian Díaz sobre la vereda y a una mujer que se alejaba del lugar.

Según su testimonio, reconoció al hombre que se retiraba como Pity Álvarez por su forma de caminar y terminó de confirmarlo cuando escuchó a la joven gritar: “¿Qué hiciste, Cristian?”.
Pedroso dijo que llamó al 911 casi de inmediato y describió la secuencia de los disparos como “dos y uno”, aunque durante el interrogatorio admitió que su recuerdo podía corresponder también a un disparo seguido de otros dos. Desde el noveno piso, además, alcanzó a observar un pequeño charco de sangre a la altura del torso de la víctima.
El testigo aclaró que no había presenciado el momento del ataque y que conocía a Álvarez del barrio, donde lo había visto varias veces e incluso lo había llevado en su auto a ensayar. Aseguró que siempre había tenido un trato normal con el músico y que los vecinos “nunca imaginaron que podía llegar a hacer eso”.
También contó que aquella madrugada la mujer que acompañaba a Álvarez estaba “como shockeada” y gritaba “¡no, no, no!”. Después de escuchar los disparos, Pedroso estimó que pasaron menos de cinco minutos hasta que bajó al lugar y unos 15 minutos hasta la llegada de la policía. Mientras escuchaba el relato del vecino, Pity Álvarez permaneció sentado en el banquillo y dibujaba sobre una hoja con una lapicera.
Una entrada diferente
A Pity se lo vio más lúcido en su llegada al Tribunal, a bordo de un auto que estacionó justo en la puerta. Vestido con una campera negra y una remera roja con una inscripción que no llegó a leerse por completo, en su mano derecha llevaba un guante que le cubría solo el dedo pulgar y la mitad del índice, con el detalle de que sobre la parte superior tenía una luz LED.
Minutos antes del inicio de la jornada, cuando ingresaron los camarógrafos para tomar fotos y videos, Pity posó e hizo gestos frente a los flashes.

Uno de los testimonios más importantes, el del testigo Carlos Ulises Stiempcich, se reprogramó para la jornada del viernes, debido a que el hombre tuvo una urgencia dental. Stiempcich estaba junto a Díaz en el momento del crimen.
La primera en declarar fue Verónica Román, madre de Micaela, una de las hijas de la víctima. Dijo no conocer a Pity, más allá de su popularidad y de haberlo visto “en la tele”, y aseguró que no tenía ninguna relación con él.
Ante las preguntas del fiscal Abraldes, Román contó que Díaz era el padre de su hija, que lo conocía desde “hace mucho”, que habían sido pareja y que, fruto de esa relación, tuvieron a Micaela en 2009. También comentó que no tenía relación con Díaz “desde hacía cuatro o cinco años”.
Afirmó que desconocía que hubiese algún tipo de conflicto entre la víctima y el victimario y negó haber visto a Pity portar cuchillos o armas de fuego.
“Mi nena tenía 8 años cuando pasó eso. Nosotros nos habíamos separado, pero cuando se lo tuve que contar fue difícil. Una nena de 8 años no entiende esto. Ella quería ver a su papá, pero nosotros habíamos tenido un intercambio y no se lo dejaba ver. Después pasó esto del asesinato y ella tuvo una recaída; lo hablamos con la psicóloga. Hoy tiene 16 años, sabe de este juicio, ve lo que está pasando. Y es raro porque ella quería venir, estar, entender lo que había pasado. Está triste; fue al psicólogo a hablar de esto. Conmigo no quiere hablar del tema. Y está la rebeldía de una nena de 16 años que investigó, se enteró de que el que mató a su papá es un cantante conocido. Quiere entender por qué mataron a su padre”, sostuvo Román.

“Yo lo que veo de la otra parte es que no hay arrepentimiento de lo que hizo. Como que no importa lo que hizo. Yo quiero que se haga justicia. A mi hija la dejó sin su padre. Le impidió la posibilidad de que tuviera una buena relación con su padre. Si puede cantar en público, puede ser juzgado”, concluyó.
Luego, ante preguntas de Burlando, habló de la relación que había tenido con Díaz y de las consecuencias que el hecho tuvo en su hija, que “ahora está muy movilizada” por todo lo que genera esta reanudación del juicio.
Román contó que su hija es “una nena muy callada y que no quería hablar del padre”, y que tras la muerte de Díaz ella se convirtió en el sustento económico completo de su hija con la ayuda de sus padres y hermanos.
“A Mica trato de resguardarla, pero en estos tiempos con las redes sociales todo está al alcance de ella. Más allá de que en el barrio la gente que la conoce ni le menciona este tema. Ella no hace reproches, pero sí me pregunta por qué pasó lo que pasó. Por qué no seguimos juntos. Cosas de adolescentes.
Finalmente, interrogada por el defensor oficial Marino, aseveró que Micaela había visto por última vez a su padre cuando ella tenía tres años y también aseguró que Díaz nunca había consumido algún tipo de sustancia estupefaciente delante suyo.
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