“Íbamos a la calle”, la frase central en una carta con dos manchas de sangre hallada en la escena del horror en Villa Crespo
El texto, que fue hallado en la cocina, estaba escrito a mano en una hoja tamaño oficio
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La carta fue hallada en la cocina del departamento donde vivía la familia Seltzer Leguizamón, en Villa Crespo. Estaba escrita a mano, en una hoja tamaño oficio. En letras de imprenta mayúsculas predominaba una frase: “Íbamos a la calle”. En la nota, además, se destacan dos manchas de sangre, como si se hubiesen impregnado en el papel por goteo.

Así pudo reconstruirlo LA NACION de fuentes que participan de la investigación de las muertes de Bernardo Adrián Seltzer, de 53 años, su esposa, Laura Leguizamón, de 51, y sus hijos Ian, de 15, e Ivo, de 12, cuyos cuerpos fueron descubiertos el miércoles al mediodía.
Por las pruebas reunidas hasta el momento y por cómo fueron hallados los cuerpos, todo indica que Leguizamón mató a su esposo y a sus hijos, y después se quitó la vida. La mujer, según pudo saber LA NACION de fuentes cercanas a la familia, sufría un trastorno psiquiátrico por el cual estaba medicada.
A los costados y al pie de esa frase, como si fueran notas añadidas, aparecen oraciones inconexas, aparentemente escritas con otra letra.
Los investigadores no descartan por completo que esto signifique que una persona podría haber redactado la frase dominante, como para dejar un aviso, y otra -quizás, la autora de los ataques-, el resto de las frases sueltas. Pero la hipótesis más firme es que, producto de la patología psiquiátrica que sufría la mujer, y en medio del brote psicótico o de delirio que habría provocado su arranque criminal, podría haber escrito todo ella misma, unas oraciones con su mano hábil y otras con la contraria.
La investigación del caso quedó a cargo del fiscal nacional en lo criminal y correccional César Troncoso, quien cuenta con la colaboración de detectives de la Policía de la Ciudad.
Si bien la mayoría del texto tiene letras de imprenta en mayúscula, también hay letras escritas en cursiva.
“Les arruinaba la vida”, “Con lo que iban a pasar, todo mal, muy perverso”, “Fue mucho”, “Los amo”, “Lo siento”, “Mis padres . . . “, eran las frases, aparentemente dispersas, que aparecen también en la hoja tamaño oficio encontrada en la cocina, según la reconstrucción que hizo LA NACION de allegados a la pesquisa.
“La carta, evidentemente, fue escrita por una persona que no estaba en sus cabales”, dijeron fuentes policiales.
Las manchas de sangre que tenía la hoja hacen suponer que pudo haber sido escrita después de los homicidios y antes de la última muerte.
Los investigadores que lograron leer la carta explicaron que entre las palabras “mal” y “perverso” hay un texto que no se logra entender. Quizás sea “muy perverso”.
Leguizamón, según pudo reconstruir LA NACION de amigos de la familia, sufría un trastorno psiquiátrico. Estaba deprimida y por momentos no se levantaba de la cama. Pero si patología no era la depresión, que resultó, según presunciones de su entorno, una consecuencia de la certeza de otro cuadro de salud mental.
Lo que para los investigadores fue un múltiple crimen seguido de un suicidio fue descubierto ayer a las 13.30, después de que la empleada doméstica llegara al departamento A del sexto piso del edificio situado en Aguirre 295, en Villa Crespo.

Al ingresar en el inmueble, la empleada doméstica encontró el cuerpo de uno de los hijos del matrimonio en la cocina. Habría muerto cuando intentaba escapar. El cadáver de su hermano estaba en una de las habitaciones.
“El cuerpo de uno de los adolescentes estaba en la cocina. Tenía una herida de arma blanca en el pecho, del lado derecho. Murió cuando intentaba huir de su homicida. El otro de los hijos del matrimonio estaba muerto en su habitación”, sostuvo a LA NACION una fuente que tiene contacto estrecho con los investigadores.
El chico que estaba en la cocina, cerca de la puerta de ingreso al departamento, además de la herida en el pecho, presentaba lesiones de arma blanca en la espalda. “También marcas de signos de defensa en las palmas de las manos y los brazos”, sostuvo un investigador.
Su hermano tenía varias heridas cortantes en la espalda. También tenía marcas de defensa en los brazos y en las manos. Los dos chicos tenían por lo menos 10 o 12 puñaladas.
“El cuerpo de Leguizamón estaba en el baño, sobre el inodoro. Tenía heridas cortopunzantes en la zona superior del pectoral del lado derecho, heridas en la nariz y en la rodilla derecha. No tenía signos de defensa”, sostuvieron fuentes de la Policía de la Ciudad. Además, en el cuello tenía una uña clavada que fue retirada. Y tenia pelos en las manos o pelusas mezcladas con pelos.
Seltzer estaba muerto en su cama. Presentaba varias heridas en la zona derecha del pecho. “Presumiblemente, lo mataron cuando dormía”, dijeron.

Un allegado a la familia le contó a LA NACION que Leguizamón había tenido una recaída de una patología psiquiátrica de la que fue tratada hace dos años.
Para acompañar a su esposa, Seltzer, que era un experto en el mercado de granos como analista y corredor, había comenzado a trabajar desde su casa.
“Leguizamón tomaba medicación para evitar estar en un ‘mundo paralelo’. Costaba levantarla de la cama. Seltzer trabajaba prácticamente desde su casa para que ella no esté todo el día en la cama. Se podría decir que tenía un problema grande de depresión”, dijo a LA NACION una persona que en horas previas a la masacre habló con el experto en mercado de granos.
“Primer episodio”
El “primer episodio psiquiátrico” Leguizamón lo tuvo hace casi dos años. Se pensó en su momento que había sido un pico de estrés. “Con medicación se recompuso”, sostuvo la fuente consultada.
Hace dos meses volvió a “tener un episodio”. Seltzer le dijo a un amigo, según pudo reconstruir LA NACION, que al aceptar que tenía un problema psiquiátrico, Leguizamón se deprimió.
Una psiquiatra amiga, después de decirle que por su relación no la podía atender, le recomendó hacer terapia. Según pudo saber LA NACION, la familia se había contactado con un centro médico y estaba a la espera de turno para que Leguizamón sea atendida por un grupo interdisciplinario de psicólogos y psiquiatras.
En la cocina el personal de la Policía de la Ciudad encontró una carta “escrita por una persona que no estaba en sus cabales”, dijeron fuentes policiales.
“El departamento tiene dos puertas blindadas sin signos de haber sido violentadas. No faltaba nada material, lo que descarta que se haya tratado de un hecho de inseguridad y confirma la hipótesis de un múltiple homicidio seguido de suicidio, un crimen intrafamiliar” afirmaron fuentes policiales.
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