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Uno, hace casi un año, el 22 de junio pasado, fue expulsado de la Argentina hacia Perú, su país natal, en medio de un inédito operativo de seguridad. El otro se entregó sorpresivamente a las autoridades argentinas después de estar más de 12 años prófugo. Durante dos décadas fueron los reyes de un negocio narco que tuvo como epicentro la villa 1-11-14, en el Bajo Flores. Conquistaron ese territorio, a 100 cuadras de la Casa Rosada, a fuerza de balas y crímenes. Los hermanos Marco Antonio, alias Marcos, y Fernando Estrada Gonzales, Piti, sembraron el terror y ganaron millones de pesos con la venta de cocaína, paco y marihuana en dosis.




