Pasaron diez años y los padres de Ariel Malvino aún luchan por justicia

El joven fue asesinado a los 21 años, en enero de 2006, mientras veraneaba con sus amigos en las playas de Ferrugem, en el sur de Brasil; hay tres argentinos imputados, pero la causa sigue abierta a la espera de un final
Gabriel Di Nicola
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11 de enero de 2016  

Alberto Malvino y Patricia Martín, los padres del joven asesinado en Ferrugem, quieren justicia
Alberto Malvino y Patricia Martín, los padres del joven asesinado en Ferrugem, quieren justicia Crédito: Soledad Aznarez

El tiempo pasó. Son casi diez años. Y ellos todavía no tienen respuesta. Pero, a pesar del dolor, no perdieron la confianza de que un día llegue desde Brasil la noticia que tanto esperan: que la justicia resuelva que existe "mérito" para que los tres jóvenes correntinos acusados de haber participado del homicidio de su hijo, Ariel Malvino, sean juzgados por el crimen ocurrido el 19 de enero de 2006 en las playas de Ferrugem, en el sur brasileño.

"Hace diez años que estamos esperando que la jueza diga si hay o no mérito para elevar la causa a juicio oral. Es algo insólito. No hay más pruebas que producir, no hay más a quién escuchar. Sólo falta dictar la resolución. Mantener la confianza es un ejercicio doloroso y desgarrador", afirmaron a LA NACION Alberto Malvino, de 62 años, y Patricia Martín, de 54.

En diez años, la causa judicial, que se tramita en los tribunales de Garopaba, cambió tres veces de magistrados. Ahora el caso está a cargo de la jueza Elaine de Souza Freitas.

El expediente, según informó el padre de la víctima, está a "despacho": es decir que Souza Freitas debe resolver si existe o no mérito suficiente para elevar la causa a juicio y que los sospechosos se sienten en el banquillo de los acusados frente a un jurado popular.

Los tres imputados por el homicidio son los correntinos Eduardo Braun Billinghurst, de 32 años; Horacio Pozo (h.), de 32, y Carlos Andrés Gallino, de 37.

A pesar del tiempo transcurrido y de que ya se tomaron las declaraciones indagatorias y las testimoniales, el expediente sigue abierto (ver aparte).

"Creíamos que esto se resolvería en tiempos normales. Escuchábamos a las familias de la tragedia de Once y su penar durante tres largos años. Nosotros llevamos diez. Imaginate cómo se va apagando la confianza y lo que cuesta evitar caer", sostuvieron los padres de Ariel.

A pesar de los obstáculos, Malvino y Martín no se caen. El dolor es grande, pero la fuerza para continuar la lucha y esperar justicia es inmensa. Un año después del brutal homicidio de Ariel, que tenía 21 años y estudiaba derecho, adoptaron un bebe. El mes pasado, Luca cumplió nueve años.

-¿De dónde sacan fuerzas para no bajar los brazos después de diez años buscando justicia?

-Sosteniéndonos mutuamente, superando problemas en memoria de Ariel. Nos han preguntado si tengo algún sentimiento de revancha y respondemos que sí: nuestra revancha será ver a Luca convertido en un hombre de bien, construyendo su vida sin que nadie gratuitamente se lo impida- respondió Malvino, que es escribano de profesión.

Luca ya es hincha de Boca Juniors, como lo era Ariel, quien cuando cumplió 18 años recibió como regalo de su padre el carnet de socio del club de la Ribera.

-Faltan pocos días para que se cumpla el décimo aniversario del homicidio de Ariel. ¿Qué sensaciones tienen?

-Volcar en palabras los sentimientos resulta difícil siempre. La muerte de un hijo resulta imposible. Nos tocó vivir al revés de todo el mundo, porque se alteró el orden natural de la vida. En algunos momentos, nos resulta insoportable.

-¿Por qué después de diez años el crimen sigue impune?

-Porque hay un sistema judicial indiferente, pesado y burocrático para el cual el sufrimiento no cuenta y la víctima se halla en un plano de inferioridad respecto del victimario.

Cuando los padres de la víctima definieron el sistema judicial brasileño como "pesado y burocrático" no exageraron. La causa judicial tuvo un freno importante porque, inexplicablemente, se demoraron las traducciones de las declaraciones indagatorias de los sospechosos y las testimoniales de personas que presenciaron los hechos.

Por ejemplo, Pozo (h.), Braun Billinghurst y Gallino fueron indagados en Corrientes vía exhorto judicial. Las preguntas llegaron en portugués, fueron traducidas al castellano y, cuando volvieron a Brasil, quedaron en un "limbo judicial" porque no encontraban perito traductor.

-¿Hay una mano oculta que impide el avance de la causa?

-Cuando esto termine y según como termine, te podré responder.

-¿Recibieron el apoyo necesario del anterior gobierno?

-En la primera etapa del proceso fuimos escuchados, luego faltó una presencia más comprometida por parte del consulado argentino en Florianópolis.

-¿Tienen miedo de que el caso prescriba?

-Según pudimos informarnos, no existe esa posibilidad. Sería imperdonable y absurdo que la propia lentitud, burocracia y errores que cometió la justicia de Brasil en la causa provocaran la prescripción.

-¿Tienen bronca, dolor, impotencia?

-Es todo eso y más. Es ausencia y resignación a no tenerlo. Él era una buena persona, incapaz de herir ni siquiera verbalmente, y no está más porque otros lo decidieron.

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