Deolinda Romero y Gastón Gómez: horas desesperadas en una prisión cordobesa
Los acusaron falsamente de la muerte de su hijo y los apalearon penitenciarios y presos
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CÓRDOBA.- Unas horas bastaron para cambiar todo. La vida de Gastón Gómez y Deolinda Romero se convirtió en un infierno. Perdieron a su hijo de seis meses, los acusaron de haberlo violado y matado, los golpearon durante la detención, les desvalijaron la casa y se quedaron sin trabajo. Tal vez hoy la Justicia repare en algo tanto dolor de esta pareja sencilla y humilde.
Hoy se definirán las penas para cuatro agentes penitenciarios acusados de golpear a la pareja. El abogado Carlos Nayi pidió cuatro años de prisión efectiva y el doble de inhabilitación. El fiscal reclama sólo dos meses menos que el querellante. También están acusados y detenidos los que participaron en la agresión, que Gómez y Romero recuerdan en esta entrevista.
El 8 de agosto de 2007, Nehemías, de seis meses, se había dormido después de una nebulización. Horas más tarde, su mamá se acercó y notó que no respiraba bien: sus labios tenían un color casi morado. Su papá lo llevó al hospital infantil y quedó internado. Sostenidos por su fe -hoy los dos son pastores evangélicos- rezaron y pidieron que mejorara. Pero el bebé vivía sólo con soporte médico.
-¿Cuándo fueron acusados?
-Lo vimos, lo besamos y el director del hospital nos llamó. Nos dijo que el bebé presentaba golpes y había sido violado; que tenían que dar cuenta a policía. Yo no salía del shock. Lo miraba y me preguntaba: "¿De qué me habla?". A las pocas horas Nehemías murió. Nunca me voy a olvidar, una camioneta blanca de Homicidios nos esperaba en la puerta de casa. Jeremías, mi otro hijo, de dos años, se quedó con mi papá.
-¿A dónde los llevaron?
-A la central de policía. Nos separaron y nos interrogaron. Un agente me preguntaba: "¿Cómo hiciste para violarlo, lo hiciste con el consolador que tenías en la mesa de luz?". Recuerdo que me decía: "Mirá si te voy a creer a vos y no a un médico". Después nos llevaron a la cárcel de encausados
-¿Y qué pasó allí?
-Llegamos a las tres de la mañana. La sargento Viviana Tetamanti se sacó cuatro anillos dorados de cada mano y nos advirtió: "Yo les voy a enseñar quién manda". Los dos de Homicidios que nos llevaron estaban ahí. La mujer me agarró del pelo, me tiró al piso, me pegó y me arrastró un buen trecho. A Gastón lo pusieron en una celda individual.
-¿Y a vos, Gastón, qué te pasó?
-Cada 15 minutos, Nicolás Luján, agente del Servicio Penitenciario entraba a golpearme. "No te duermas, te vamos a demostrar lo que te hacemos", me gritaba. En una de las vueltas me pateó y con el borceguí me partió un ojo. En el cambio de guardia la pesadilla siguió. El sargento Evaristo Ligorria me sacó al patio, me hizo levantar papeles, y les abrió la celda a dos internos, uno con un palo de escoba y otro con un escobillón; me pegaron con todo.
-¿Te siguieron golpeando, Deolinda?
-Sí, una interna me golpeó con todo y me decía: "¿Por qué violaste y mataste a tu hijo?". Pedí auxilio y la cabo primero Marta Valenzuela se asomó y dijo: "Arréglense". Cuando llegamos a la fiscalía nos explicaron que cinco forenses habían descartado el maltrato y la violación. Nehemías murió por insuficiencia respiratoria. Nos preguntaron qué nos había pasado y allí empezó la investigación de oficio.
-¿Por qué renunciaron al resarcimiento económico?
-Un día los abogados de los acusados nos dijeron que hacíamos este juicio por plata -cuenta Gastón-. Sólo nos mueve el reclamar justicia. Queremos que esto no pase más. Me quedé sin trabajo; después de la denuncia nos vaciaron la casa. Hoy sobrevivo como vendedor ambulante y hubo días en que no teníamos plata ni para ir al juicio. Pero ya los perdonamos; ésa es la mejor manera de sanarnos.
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