Roban el equipaje de las bodegas de los ómnibus que llegan o salen de la terminal de Retiro

La intersección donde denuncian que se producen los robos
La intersección donde denuncian que se producen los robos
Leonardo Scannone
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29 de enero de 2019  • 16:49

La zona de la terminal de ómnibus de Retiro es una postal de contrastes. Atestada de movimiento a toda hora por el pico de la temporada estival, por sus veredas caminan apurados los pasajeros con sus bolsos y valijas mientras sortean puestos callejeros que venden de todo. Pero, en las últimas horas, el foco quedó puesto en la calle que separa la terminal y la villa 31, punto de las emboscadas de ladrones que rodean a los micros que entran y salen para abrir los "buches" donde se guarda el equipaje y llevarse todo lo que la oportunidad -y las manos- les permita. A veces, el trámite es tan desfachatado que, impunemente, hay quienes venden la ropa y las valijas en puestos improvisados a solo un centenar de metros.

El flagelo no es nuevo, pero recrudece en la temporada alta; esta vez, favorecido por una circunstancia inusual: las obras del paseo del Bajo obligaron al cambio de sentidos de circulación vehicular y creó, provisionalmente, nuevos corredores de ataque. La situación, en las últimas horas, se viralizó luego de que el actor Juan Gil Navarro denunciara a través de su cuenta de Twitter que a su sobrina le habían robado de la bodega del micro en el que regresaba de la Costa Atlántica cuando, cerca de la medianoche, se disponía a ingresar por la calle lindera a la villa de Retiro.

Según pudo reconstruir LA NACION con la consulta a choferes y puesteros que trabajan en el lugar donde se cometen este tipo de robos, los hechos se repiten en cadena "desde siempre". El gobierno porteño, ante tal situación, dispuso un refuerzo de la prevención en la zona de la terminal; ahora, dijo el secretario de Seguridad Marcelo D'Alessandro, habrá presencia uniformada en el punto crítico "las 24 horas". El funcionario agregó, en diálogo con el noticiero +INFO, de LN+, que también son materia de investigación tanto el robo denunciado públicamente por Gil Navarro (en el que a su sobrina le robaron el bolso con la cámara fotográfica, hecho atribuido a cuatro sujetos mayores que viven en la villa 31) como la presunta venta de las valijas robadas y su contenido completo en puestos de manteros de la zona.

La cabecera de micros de Retiro se encuentra en una zona de la ciudad tan céntrica como desolada, una vez que terminan los servicios de pasajeros. La villa 31, a metros de la terminal, se encuentra en pleno proceso de urbanización, de modo tal que el polvo de obra se mezcla con la vida activa del barrio.

Según dijeron puesteros y choferes, el punto donde se concretan los robos es en la intersección de Carlos Perette y la calle que usan los ómnibus para ingresar o salir de la estación. Sobre Perette, además, funciona una feria irregular donde curiosamente se venden ropa y valijas usadas, y distintos productos caseros.

En ese cruce los micros van y vienen todo el día. Para ingresar o salir de la terminal tienen que girar y la calle, fruto del constante tránsito pesado, tiene pozos. Por eso los micros, allí, deben frenar. En ese instante bandas de cuatro o cinco integrantes se abalanzan al unísono sobre las unidades e intentan abrir los baúles para llevarse todo el equipaje posible. Eso fue lo que le pasó a la sobrina de Gil Navarro.

"Trabajo hace seis años como chofer y esto siempre pasó. De hecho, hace pocos días, en un viaje, me robaron. Esto así. Funcionó siempre igual. Poca policía, los pibes del barrio ven la oportunidad y nos abren los baúles. Lo más loco de todo es que en la feria esa que está en la calle ves carretas con pilas de valijas y venden ropa. Parece un chiste de muy mal gusto. Pero ya estamos acostumbrados", relató Gastón, el conductor de un micro procedente de La Rioja.

Al mediodía, los rayos del sol aplastan a los puesteros de la feria en la calle Perette, que aguantan entre viejas sombrillas y la copa de algún árbol. Julio César vende empanadas y choripanes en la calle. Mientras da vuelta un pan quemado, cuenta a LA NACION lo que ve todos los días. "Sí, acá roban siempre. Esperan a que frene el micro, intentan abrir los buches y corren para adentro del barrio. Aunque, la verdad, en la situación en la que estamos hoy, que de casualidad algunos comen, se ve cada vez más. La fecha donde más robos hay es en diciembre, en las fiestas, cuando más movimiento hay. Pero es cosa de todos los días", dijo, mientras sudaba a mares y, como podía, se secaba la transpiración de la frente con el dorso de la mano.

En las dársenas de Retiro el movimiento de gente es intenso. Conviven los viajeros con personajes que parecen no haberse ido nunca de la estación. La tierra pegada al piso es parte del lugar. Afuera el calor agobia, por dentro la esperanza de irse de vacaciones hace olvidar la temperatura a los pasajeros que colocan los bolsos entre sus piernas y las aprieten bien fuerte a la espera del anuncio de su partida. Roberto, un chofer con vasta experiencia, baja del bus que condujo durante varias horas. "Qué querés que te diga... A mí me robaran hace 10 días. Fue terrible, le cagaron las vacaciones a una familia. El valijero no cerró bien el baúl, salimos y nos afanaron. La valija era grande como eso que está ahí, imagínate", describe, mientras señala una manguera de bomberos colgada de la pared.

En el Ministerio de Transporte, consultados por la reciente seguidilla de ataques, dijeron que "la Policía de la Ciudad se comprometió a reforzar la presencia en el ingreso y egreso de la terminal y a sumar un móvil para acompañar el recorrido de los colectivos".

Sin embargo, los puesteros que se están allí todo el día relatan que la presencia policial es escasa y que "los mandaron ahora porque vinieron los canales de televisión". Algunos de los policías que estaban en la zona relativizaron las versiones. Repetían que "no es tan así" como la cuentan choferes, puesteros y viajeros, y alegaron una cuestión de jurisdicción que no les correspondía.

El domingo a la noche, la sobrina del actor Juan Gil Navarro volvía de sus vacaciones en Miramar. Tomó el micro a las 14.35 en la costa. Según explicó la madre de la joven, tendría que haber llegado a las 21, pero el viaje se retrasó y el micro arribó a las 23. En ese momento un grupo de ladrones atacó el ómnibus; se llevaron al menos cinco bolsos, entre ellos, las cámaras fotográficas de la chica. Tras la viralización del caso por el tuit del actor, los usuarios de la red social comenzaron a relatar en cadena el mismo tipo de robo.

"Lamentablemente se dio un caso que se da de forma constante y seguido. Hubo cuatro individuos que forzaron el buche, sacaron tres valijas y salieron corriendo. No son hechos que se den de forma constante. Fue el caso de un micro que se retrasó. Ahora pusimos presencia policial las 24 horas. Desde que tenemos la policía vimos la cantidad de hechos que había. Logramos recuperar la zona para los vecinos. Tenemos cámaras de seguridad y las brigadas de investigación está intentando identificar a los sospechosos", dijo D’Alessandro en una entrevista con LN +.

Con respecto a la feria irregular que funciona a unos 100 metros del lugar del robo, precisó: "Se trabajó con Espacio Público, se ha decomisado mucha mercadería de dudosa procedencia. Los investigadores están trabajando de forma constante".

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