
Un ejemplo de las cosas que están mal hechas
El caso Carrera puede convertirse en un paradigma de lo que funciona mal en la investigación criminal y, por añadidura, en la forma en la que esas pesquisas toman estado público, en cómo las reciben y las reproducen (reproducimos) los medios de comunicación.
Hay una brecha de 4290 días entre un caso "cerrado", que la prensa -y sin que la policía ni la Justicia la desmintieran- bautizó como "la masacre de Pompeya" protagonizada por un "asaltante" y "asesino al volante", y la decisión del máximo tribunal del país de declarar todo nulo y sobreseer, así, al acusado. Casi 12 años para que, finalmente, se decantara como cierta la teoría que, cuando la Justicia ya había condenado a 30 años de cárcel para Fernando Carrera, exponía como antagonista el documental "El Rati Horror Show", del ex piloto de avión Enrique Piñeyro: el armado de una escena y la búsqueda de un culpable para tapar un tremendo error policial, y la "cobertura" desplegada por cierto sector judicial.
Hay una cuestión clara: si Carrera no hubiese tenido "prensa" a favor y un fuerte apoyo jurídico y mediático traducido en la investigación periodística para aquel documental (cuando el caso, en los medios tradicionales, ya había pasado al "archivo"), su destino como reo hubiese sido inconmovible.
La película -y el caso, en definitiva- puso en evidencia el direccionamiento -por acción y por omisión- de una investigación en la que la policía (la Federal, en este caso, pero podría haber sido cualquier otra) era parte interesada. La Justicia, en las diversas instancias, desechó indicios y pruebas que controvertían la historia oficial y fue, así, funcional a los intereses de los policías cuestionados.
El de Carrera no es un caso aislado en cuanto a armados y direccionamientos de investigaciones. Un informe reciente del fiscal federal Federico Delgado reveló que, en casos menores de drogas -los de tenencia simple o para consumo personal- los testigos a los que echa mano la policía para validar sus procedimientos son los siempre los mismos. El testigo "estrella" del caso Carrera era el presidente de la cooperadora de la comisaría 34», la de la brigada que se confundió de auto en una persecución, baleó al conductor y propició, así, la tragedia posterior.
La historia de la crónica de sucesos entrega cientos de ejemplos de causas amañadas que, con suerte, terminan siendo desentrañadas. Lo que inquieta es no saber cuántos casos no fueron develados.






