Vestirse de policía para salir a robar, una vieja moda que vuelve
Los ladrones usan esta estrategia para cometer entraderas, secuestros y robos a automovilistas
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Hace una década, "disfrazarse" de empleado de una empresa de servicios públicos para "cobrar una factura fuera de término en el domicilio" o arreglar un desperfecto inexistente era la excusa elegida por los delincuentes para sacarles fácilmente dinero a las víctimas. También lo era vestirse de policía para robar comercios o realizar secuestros extorsivos.
Ahora, con el auge de las "entraderas" y la vuelta de los secuestros "al boleo", estas variantes del "cuento del tío" retomaron la escena delictiva con ladrones que usan uniformes policiales o de empresas de servicios para engañar a sus víctimas y pasar desapercibidos durante los asaltos.
El martes pasado, el empresario Daniel Mazrimas, de 52 años, fue secuestrado por delincuentes que simularon ser policías cuando transitaba en su auto por la localidad de Mariano Acosta, partido de Merlo. Tras una persecución, fue liberado horas más tarde por efectivos de la bonaerense que hicieron un operativo cerrojo y lograron detener a uno de los captores.
Ese mismo día, dos hombres fueron detenidos en Villa Soldati tras robar una camioneta cargada con cosméticos en la que llevaban a un empleado como rehén. En su poder se secuestraron gorras con las siglas PFA, las mismas que usan las brigadas de la Policía Federal Argentina.
Así también estaban vestidos los delincuentes que entraron a robar en la casa del subsecretario de Comercio de José C. Paz, Roberto Denuchi, cuando salía de su casa el pasado 25 de julio.
En una recorrida realizada por distintos comercios en los que se venden insignias y uniformes policiales, LA NACION comprobó que no hay control sobre la venta de indumentaria policial y que la venta de estos artículos queda sujeta a la voluntad de los comerciantes de pedir o no la credencial identificatoria y el DNI a los clientes.
"Yo pesqué a dos que venían a comprar indumentaria de la bonaerense y no tenían credencial. Uno se da cuenta no bien entran si son policías o no. La última vez la situación se tornó violenta, el hombre quería llevarse los uniformes a toda costa y empezó a amenazarme. No pensó que estaba rodeado de clientes que sí eran policías de verdad y lo arrestaron", contó el encargado del comercio situado en la esquina de Sáenz Peña y Moreno.
Al utilizar el decreto nacional 943/78, hace un año, la Policía Federal comenzó a requerir documentación a los locales que venden mercadería, pero sólo para tener un registro.
"El acto de comerciar no está prohibido. Yo podría vender indumentaria a alguien que no es policía y después queda en cada persona para qué utilizar eso. Igualmente yo pido siempre la credencial, aunque eso tampoco es garantía, ya que no tienen medidas de seguridad y pueden ser fáciles de falsificar", dijo a LA NACION Hugo Ruano, dueño del local Atributos Libertad, en Luis Sáenz Peña 354.
Vestirse de policía cuesta unos 670 pesos. Esto incluye la camisa ($ 120), el pantalón ($ 165), una campera ($ 200), las insignias ($ 20), la jerarquía ($ 15) y la gorra con escudo ($ 150).
La fabricación de estos artículos tampoco está homologada. "Nosotros hace 40 años que estamos en este negocio. La ropa la fabricamos nosotros y podemos hacer la cantidad que queramos", dijo Meli Janin, dueña del local Unishop, situado en la esquina de Moreno y Virrey Ceballos. En la puerta del negocio se puede leer un cartel que reza "Venta de indumentaria de fuerzas de seguridad presentando credencial".
"En muchos casos, los delincuentes que usan uniformes policiales los consiguen de los propios policías que se los venden, o se los prestan a sus familiares. También ocurrió que los que usaban el uniforme para salir a robar eran los propios efectivos", dijo una fuente de la Policía Federal.
Otras modalidades en las que los delincuentes simulan ser policías es en los ataques de "piratas del asfalto" o en falsos controles de tránsito en las que los malhechores usan sobre la indumentaria de civil camperas o gorras con las letras PFA –como las que utilizan las brigadas– y paran a los vehículos.
Esto motivó que el año pasado la ministra de Seguridad, Nilda Garré, y el jefe de la Policía Federal, comisario general Enrique Capdevila, firmaran un protocolo de actuación a partir del cual las brigadas deben contar con el apoyo de un patrullero de dotación y personal uniformado.
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