Waldo Bilbao: cómo era el escondite en el que se ocultaba uno de los narcos más buscados de Santa Fe
La captura del líder criminal reveló un sistema de fuga oculto en un edificio céntrico de Rosario; el operativo dejó al descubierto la red de negocios y apoyos que sostenían al clan Bilbao
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Waldo Bilbao, uno de los prófugos más buscados de Santa Fe, fue detenido el viernes en un departamento céntrico de Rosario, en Colón al 1200, a metros del Monumento a la Bandera. Llevaba dos años escondido y pesaba sobre él una recompensa de 50 millones de pesos por parte del Gobierno provincial.
El operativo estuvo a cargo de la Central de Inteligencia y Operaciones Especiales (Ciope) y de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE), que venían siguiendo a su entorno desde hacía meses. La clave surgió de las escuchas a su pareja, Guadalupe Torres Servín, bajo arresto domiciliario en el mismo edificio.

Un pedido de anticonceptivos encendió las alarmas y llevó a los investigadores a concluir que Bilbao seguía oculto allí. Cuando los efectivos irrumpieron en el departamento, el narco intentó resistirse y recurrió a un escondite insólito: un ducto de cañerías acondicionado con una escalera metálica, conectado al baño.
El espacio, reducido y camuflado, fue diseñado para imitar los sistemas de fuga del “Chapo” Guzmán. En las imágenes del procedimiento, a las que accedió LA NACION, se ve cómo los agentes levantan una tapa improvisada que cubría la entrada al ducto y alumbran con linternas el angosto pasaje.

El arresto forma parte de una investigación federal en manos del Juzgado Federal N° 3 y de la Procunar, que desde hace años rastrea a la familia Bilbao. La organización es liderada por su hermano Brian, aún prófugo.
Según la causa, controlaba aeródromos y coordinaba la llegada de cocaína desde Paraguay y Bolivia, arrojada en la zona de islas del Paraná, para luego distribuirla o exportarla por la hidrovía hacia Europa, Asia y Oceanía.

Además del tráfico, el clan había montado un entramado de negocios legales para lavar dinero. A través de testaferros compraron los teatros Vorterix de Rosario y Mar del Plata, bares en el barrio Echesortu, una concesionaria de autos, una empresa de publicidad callejera, otra de biodiésel y hasta compañías de taxis.
La detención de Waldo se suma a la de Pablo Javier Raynaud, arrestado en julio en Buenos Aires tras asistir a un partido de River. Raynaud, dueño de una pista de aterrizaje en Carrizales, era otro engranaje clave.

De acuerdo con los investigadores, Waldo se ocupaba del lavado, Brian del contrabando internacional y Raynaud de la logística. En ese esquema, las mujeres del entorno funcionaban como administradoras y testaferros, de allí la importancia de la vigilancia sobre Torres Servín.
Con Waldo arrestado, las fuerzas provinciales y federales lograron un golpe importante contra una de las organizaciones criminales más poderosas de Rosario. Pero el mayor objetivo, Brian Bilbao, sigue prófugo y mantiene en pie la estructura económica y social del clan, lo que obliga a los investigadores a sostener la presión.
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