
A Colonia Seré se llega en una camioneta que va por las vías
Es un pequeño poblado de apenas 600 habitantes en el partido de Carlos Tejedor
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CARLOS TEJEDOR.- Para llegar a Colonia Seré -al este de esta ciudad-, un pequeño poblado con poco más de 600 habitantes aislado por el agua, sólo hay una opción: subirse a la camioneta de Severino Avila, una chata adaptable para rodar sobre los viejos rieles del ferrocarril hoy inactivo.
Avila tiene 57 años y 28 como empleado ferroviario. Es el encargado de vía de la ex línea Sarmiento en el tramo que va de Carlos Tejedor a América, unos 30 kilómetros.
El vehículo, provisto -sin costos- por la concesionaria Ferro Expreso Pampeano, realiza 2 o 3 viajes al día, según las urgencias que se presenten, llevando productores, escolares, encomiendas, mercaderías y medicamentos.
Vías bajo el agua
El tren de pasajeros que había sido restituido hace cuatro meses no puede circular debido a que se cortaron rieles para permitir el escurrimiento y, además, en gran parte del trayecto, las vías están sumergidas unos 20 centímetros bajo el agua.
"Por suerte tenemos esta ayuda, porque de otra forma estaríamos totalmente incomunicados", dice la delegada municipal María Inés González y recuerda que, hace unos días, un vecino con un ataque de asma tuvo que ser llevado en helicóptero hasta el partido de Rivadavia.
Los habitantes del lugar siguen reclamando la finalización de las obras de la ruta 70 que, pese a figurar en los mapas, nunca fue terminada.
"Nosotros vivimos del grano y de la leche, pero hoy ninguna de esas cosas funciona", sostiene Daniel Manzoni, que la semana última participó junto a otros cien pobladores en la construcción de una defensa en el extremo norte del pueblo para evitar que una canalización clandestina los inunde.
Desde la Escuela N°2 Hipólito Irigoyen, a la que concurren unos 200 chicos -entre jardin de infantes y EGB-, la directora, Silvia Ponce, puso en el aire una radio de frecuencia modulada: "Muchas veces, las familias aisladas en los campos sólo cuentan con nuestra compañía, y para ellos es mucho. Les mandamos saludos y así, ellos saben que no están solos", afirma y comenta que muchos chicos dejaron de concurrir por la crecida.
Consejos
Una de las principales preocupaciones de la docente fue instruir a sus alumnos sobre cómo manejarse con la inundación: "No curiosear en los canales, ayudar a cargar bolsas de tierra para contención y portarse bien cuando los padres trabajan en las defensas", repite.
En el barrio más afectado vive Baltazar Rojas, que en diciembre cumplirá 70 años. El hombre, que sufre una dolencia intestinal, no pudo ser evacuado. Se negó. Entonces un contratista de campo le facilitó una casilla que los vecinos ubicaron a metros de su vivienda con piso de tierra.
Cincuenta metros más allá vive Emilio Jordán. Tiene 68 años y 30 nietos. El agua inundó su única fuente de supervivencia: una pequeña huerta ubicada detrás de su casa precaria.
En el terreno lindero, el molinero Pedro Ortiz (38) trabaja en la fabricación de un bote para el que usó dos tanques rescatados de un viejo silo.
Bajo la atenta mirada de sus dos hijos, Ortiz cuenta que "también estoy por fabricar una zorra, para tener cómo salir por nuestros propios medios".
Antes de despedirse dice con ironía: "Ojalá nos venga un don y nos crezcan aletas para nadar, porque si esperamos que alguien solucione esto, lo más probable es que nos tape el agua".
Y, en cierta forma, en sus palabras parece estar resumido el sentir de todos. Gente de campo y con el agua al cuello.

