
A diez días del motín, aún no saben quiénes mataron a las ocho víctimas
La Justicia también investiga en qué circunstancias se produjeron las muertes en la penitenciaría
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CORDOBA.- A diez días del sangriento motín ocurrido en la penitenciaria del barrio San Martín, la Justicia aún no pudo determinar quiénes mataron a las ocho víctimas de la revuelta y en qué circunstancias se produjeron esas muertes.
Los elementos de prueba recogidos y los peritajes realizados hasta el momento permiten confirmar, en principio, que el policía y los dos guardiacárceles que murieron durante el motín recibieron disparos de pistolas calibre nueve milímetros.
LA NACION también pudo confirmar que para saber de dónde provinieron esos disparos, en estas horas se realizan peritajes sobre seis pistolas secuestradas durante la revuelta: cuatro de ellas habrían sido utilizadas por internos y dos pertenecían a policías.
Una fuente judicial aseguró a LA NACION que en las próximas horas se conocerán los resultados de los peritajes realizados a las armas de fuego y a los proyectiles recogidos durante y después del motín, que a su vez se cotejaron con las autopsias realizadas a las ocho personas fallecidas.
Esos resultados permitirán saber, entre otras cosas, quién disparó contra el empleado del servicio penitenciario Andrés Abregú, que murió en el camión con el que ese jueves, a las 20.30, 16 presos -tres de ellos muertos en la fallida huida- intentaron fugarse de la penitenciaría.
Las circunstancias de la muerte de Abregú son muy confusas porque el muchacho fue utilizado como escudo durante la fuga, por lo que no se sabe si lo mataron los presos -antes o durante la fuga- o la propia policía, intentando reprimir.
Los peritajes permitirán confirmar además si el policía Roberto Cogote murió, como se dice, a raíz de un disparo que recibió en la cabeza, proveniente desde la torre de la penitenciaría, que estaba tomada por los internos.
También habrá precisiones sobre el asesinato del otro guardiacárcel, Pablo Ferreyra, que habría muerto dentro del penal durante un enfrentamiento entre presos y penitenciarios.
Los peritos de la Policía Judicial recogieron muchos elementos de prueba en el escenario de la fuga y también adentro del propio penal.
En el interior del camión encontraron dos escopetas calibre 12.70, que también habrían sido usadas en el tiroteo de esa noche, y en el interior de la cárcel secuestraron, en el primer día del motín, seis vainas servidas de fusiles FAL.
Sin embargo, el detalle de las armas de fuego usadas en la revuelta -y las que todavía pudieran estar en poder de los internos- se conocerá recién cuando finalice el inventario que ordenó el nuevo interventor del Servicio Penitenciario, Ricardo Bonaldi.
Las pruebas balísticas que en estas horas realizan los peritos constituyen, en realidad, apenas un capítulo de esta investigación judicial "de magnitud" que tienen entre manos los fiscales Javier Praddaude, Carlos Matheu y Alejandro Weiss.
El fiscal general de Córdoba, Gustavo Vidal Lascano, dijo a LA NACION que "se investigan todos los hechos, desde el motín propiamente dicho, que es un delito, como así también todos los otros delitos cometidos durante el mismo, como la privación ilegítima de la libertad, los homicidios, las lesiones o cualquier otro que pudiera haber ocurrido".
También se investigarían delitos sexuales cometidos por los internos en esas horas. Recién cuando la Justicia se expida con relación a esos delitos y tenga identificados a los autores se aplicarán las condenas.
Hasta ayer, integrantes de la Gendarmería Nacional seguían apostados en el lugar, aunque se especuló con que en las próximas horas "se prescindirá de sus servicios porque se advierte que ya no es necesaria".
La presencia de los gendarmes tendría relación, según una fuente gubernamental, con que aún no se restablecieron las visitas masivas y entonces el cordón ayuda a contener a los familiares de los internos que llegan en forma masiva hasta el penal.
Ayer los visitantes sólo pudieron dejar bolsos con cinco elementos permitidos: yerba, azúcar, agua mineral, cigarrillos y tarjetas telefónicas.
Los presos volvieron ayer a misa
CORDOBA.- "Dimos gracias a Dios por estar con vida y hablamos acerca de lo importante que es reconciliarse con el prójimo", contó el capellán de la penitenciaría de barrio San Martín, conmovido tras haber celebrado la primera misa en la cárcel desde que se desató el motín.
El sacerdote Hugo Olivo, que tuvo un papel destacado en las negociaciones para lograr la entrega de la cárcel, contó que el viernes último la capilla volvió a poblarse de internos. Estuvieron todos de pie -las sillas desaparecieron durante la revuelta- y el sacerdote tuvo que arreglárselas sin micrófono. Tampoco hubo guitarras y hasta la imagen de la Virgen de la Merced, que antes presidía el altar, estuvo ausente. La escultura religiosa fue destrozada, igual que el cáliz, que resultó abollado.
Aun así, "volvió a sonar la campana y la misa fue muy conmovedora". Según contó el sacerdote, cuando él habló de la importancia que tenía, para cada uno de ellos, poder volver a abrazar a sus familiares, los internos aplaudieron. "No hay que perder de vista que para ellos también fueron momentos dolorosos y que muchos colaboraron en el restablecimiento de la paz y ayudaron a contener la ira de otros", indicó Olivo. "También pedimos por la paz de las ocho víctimas, por los heridos, por el ex director Emilio Corso", que estaba siendo operado.



