A María Elena Walsh
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Querida Maria Elena.
Dirección: calle Universo esquina Poesía.
Me llamo Gloria, no me conocés, pero yo a vos sí, y mucho. Cómo no te voy a conocer si desde hace muchos años me acompañaste y me seguís acompañando. Cuando fui muchos años maestra jardinera cantábamos con los chicos “Estamos invitados a tomar el te”, “Manuelita”, “el Mono Liso”, etc.
Luego me recibí de psicóloga seguí trabajando con niños en mi consultorio y estabas ahí también. Con “El reino del revés” nos ayudabas a intentar ordenar, y hasta reírnos de los desórdenes, de adentro y de afuera.
Después fui mamá, mis hijos fueron fanáticas/o de tu música, de tus canciones que siempre aparecían y nos hacían reír y bailar. Y cuánto me acompañó “La cigarra” cuando sufrí dolores personales y otros dolores argentinos.
“Y seguí cantando…”. El tiempo que nunca se detiene, te vimos y te disfrutamos: “Ay qué vivos son los ejecutivos...”.
Y aparecieron despedidas, mis hijos que eligen sus propios caminos: “porque me duele si me quedo...”. Pero yo: “me muero si me voy”.
Y ahora soy abuela, con nietos y nietas viviendo en distintos países, en diferentes continentes. Y estás ahí también jugando en el mundo.
Querida Maria Elena, siempre a mi lado y al de infinitas personas, dándonos alegrías, música, poesías, iluminándonos en la oscuridad, secando nuestras lágrimas.
¡Cuánto me ayudaste! ¡Cuánto me inspiraste y lo seguís haciendo!
¡Gracias!
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