
Abrazos gratis en plena calle Florida
Cristian es un joven de 23 años que convoca a través de Internet a dar abrazos gratis en diferentes puntos de la ciudad, como una forma de romper con el individualismo y la falta de afecto
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Expresiones de sorpresa, ceños fruncidos y actitudes esquivas se suceden ante Cristian en la esquina de Florida y Corrientes. Y, de repente, en el medio de la multitud, llega el abrazo. Afectuoso y con palmadas en la espalda, el momento rompe, por unos segundos, la monotonía del flujo de gente en esa esquina del microcentro. Luego, el desconocido sigue su camino y Cristian continúa con su ritual.
El episodio se repetirá varias veces durante esta convocatoria de Abrazos Gratis, un movimiento que nació en Australia en 2004 y que se expandió rápidamente por el mundo con el único objetivo de "brindar pequeñas dosis de cariño en medio de una sociedad deshumanizada".
Cristian es esta vez el organizador del encuentro, al que convocó mediante un mensaje en el sitio que agrupa a los abrazadores de habla hispana, www.abrazosgratis.org . "Hoy vivimos todos acelerados en una carencia de amor que nos divide más y más desconfiando unos de otros", explica este joven romántico.
Los activistas del abrazo suelen reunirse en un punto concurrido de la ciudad, con carteles en los que ofrecen su cariño como único elemento. El resto, corre por cuenta de los brazos de los chicos, que se ofrecen ante las personas que circulan por la zona.
En su mayoría, la gente que camina por Florida se rehúsa a abrazar a este desconocido, pero Cristian no se rinde.
"Al principio estás parado con el cartel y te sentís muy expuesto, pero cuando empezás a recibir abrazos, esa misma energía hace que tomes mas ánimo", dice justo antes de que un hombre de traje se acerque dudoso a someterse al apretujón.
El joven abrazador tiene 23 años y vive con su familia en Berazategui. Trabaja como vendedor ambulante con su padre y divide sus ratos libres entre su banda de punk melódico e iniciativas humanitarias. Esta vez lo acompaña en la partida Carla, una estudiante de derecho de 25 años a la que conoció dando abrazos en Corrientes y Uruguay.
A Cristian siempre lo inquietó la pérdida de valores humanos y creía que no era una utopía brindar amor en una sociedad individualista. Primero pensó en la acción de repartir mate cocido en invierno, como un gesto hacia los demás.
Pero cuando a través de Internet, conoció el movimiento Free Hugs cambió de idea. Los abrazos eran más accesibles y además, explica, "es más fácil que la gente desconfíe de alguien que les ofrezca bebidas gratis". Sin embargo reconoce que muchos desconfían de los abrazos.
"Muchas veces me dan respuestas como: «A ella sólo la abrazo yo», «Mi novio me mata», «Yo no soy homosexual» o «Sólo abrazaría a una chica»", relató.
Así y todo, Cristian guarda recuerdos de personas que tuvieron una actitud diferente: "El otro día en Plaza Francia un hombre mayor me abrazó fuertísimo. Cuando lo miré estaba llorando y no paraba de pedirme disculpas. Me dijo que lo perdonase por haberse quebrado pero que le estaba devolviendo la vida".
Según relata este joven, la experiencia de acercarse a gente desconocida le permitió descubrir cosas que en la cotidianeidad suelen pasar desapercibidas. "Las personas que más abrazos necesitan son aquellas que menos dispuestas están a darlos. Hace un tiempo, un chico de la calle me mira y me pregunta si no quería una ´patada gratis´. Se acercó, me pegó, entonces me puse a jugar con él, le di unas vueltas en el aire y cuando lo bajé, me pidió que lo hiciera de nuevo. Días después lo vi dando abrazos en la zona del Obelisco", contó orgulloso de su buena acción.
Es que este es sólo un ejemplo del efecto contagio que se vive a escala planetaria con el fenómeno. Aunque no es ONG, el sitio web está registrado como AbrazosGratis.org y se mantiene gracias a la venta de remeras con la inscripción del movimiento y al tiempo dedicado por cada abrazador para hacer la difusión.
Mientras Cristian espera en la transitada Florida, otra persona se anima al abrazo y se aleja con una sonrisa. "Me viene bien esta muestra de cariño, hoy tuve un día terrible en el trabajo", exclamó tras esos segundos de afecto.
A su alrededor, cientos de transeúntes caminan con el paso acelerado. Aunque no advirtieron la presencia de Cristian, tienen el ceño fruncido y una actitud esquiva.
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