
Adjudican móviles políticos al crimen
Luis Saadi sostuvo que con el asesinato se buscó entregar la minería local. El juicio está lleno de promesas que difícilmente se cumplan.
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Quince días después de que faltó a su cita con el tribunal que intenta esclarecer el crimen de María Soledad Morales, ya nadie recordaba a Luis Saadi.
Pero el ex diputado nacional justicialista madrugó, se enfundó en un llamativo traje de color arena y luciendo gallinitas estampadas en su corbata, se decidió a develar la presunta trastienda política del caso Morales.
Finalmente, su testimonio resultó ser un diamante en bruto. Es que el hermano del ex gobernador Ramón Saadi vinculó el crimen de la joven estudiante con un presunto latifundio minero. Y, entre sus explosivas declaraciones, acusó a la monja Martha Pelloni, al ex ministro Domingo Cavallo e incluso al ex embajador norteamericano en nuestro país Terence Todman.
"Alguien utilizó este crimen para entregar la minería argentina. Y ese alguien sabe quiénes son los autores materiales del homicidio de la chica", sentenció, sin que se le moviera un pelo, ante la atónita mirada del presidente del tribunal, Santiago Olmedo de Arzuaga.
Como si hubiera aprovechado el golpe de efecto que provocó su aseveración, Luis Saadi, sin dejar siquiera respirar a sus interlocutores, despegó de inmediato a su hermano Ramón de semejante incordio.
"En esta historia Ramoncito dormía. De haberlo sabido, lo hubiera denunciado, ya que el objetivo de esa trama era que cayera él", aclaró.
A esta altura, ya nadie podía detener la incontinencia verbal del hijo del mítico caudillo local Vicente Leónides Saadi y, envalentonado, aseguró que el crimen fue utilizado políticamente para forzar la intervención federal a la provincia y entregar las áreas mineras catamarqueñas.
Acusan a Pelloni y Todman
En esa maniobra, ubicó como ideólogos a la monja Martha Pelloni y al ex embajador norteamericano en nuestro país Terence Todman. A la salida del tribunal sumó los nombres del ex ministro de Economía Domingo Cavallo y el entonces secretario de Minería y actual gobernador de La Rioja, Angel Maza, como los responsables de la caída del gobierno saadista.
"La hermana Pelloni dijo en aquella época que nunca había pedido la intervención. Pero lo hizo, y así fue como las autoridades federales entregaron las áreas mineras."
Pero no se detuvo ahí: "Mi duda es si esta muerte fue encargada para esto o si luego fue utilizada políticamente. Habría que preguntarle al ex embajador Terence Todman, a quien se vio salir de los despachos de varios funcionarios nacionales por este tema".
Sólo entonces parecieron despertar los letrados que asistían a la disertación de Luis Saadi. Como si hubiera recuperado el habla, y rápido de reflejos, el fiscal Gustavo Taranto preguntó: -Si la intervención federal la hubiera dispuesto el presidente de la Nación, ¿eso significaría que Menem estaba al tanto de lo que ocurría?
-¡No!, nunca hablé de Menem. El no tiene nada que ver en todo esto -se apresuró en aclarar.
Y fue justamente esta salvedad la que pareció detener el ímpetu del ex diputado, que, para cerrar, sentenció: "Deberían llamar a Pelloni y a Todman a declarar".
Entonces, y cuando la onda explosiva de la bomba que arrojó en el tribunal aún se sentía, dijo lo que todos sabían y, en ese momento, ya no deseaban escuchar.
Explicó que vio al hijo de su amigo y ex colega en la Cámara de Diputados Angel Luque el sábado 8 de septiembre, al mediodía, en plena City porteña, que se detuvo en un semáforo para conversar con él y que luego Guillermo se fue a una quinta en Pilar junto con su amigo Julio "Monono" González, mientras él y su colaborador Federico Fedelli se dirigieron a la costa atlántica.
Fue cuando aclaró que se había encontrado con el imputado en la esquina porteña de Alvear y Quintana entre las 12 y las 12.30, pero que para esa época los sábados había un vuelo de línea que unía Catamarca con Buenos Aires y arribaba al aeroparque metropolitano entre las 11 y las 11.30. Increíble pero real.
De esta manera dejó abierta la posibilidad de que Guillermo Luque haya podido estar el viernes 7 de septiembre de 1990 en Catamarca y al día siguiente, al mediodía, en Buenos Aires, con lo que debilitó su versión de los hechos.
Tras su tan repentina como explosiva aparición, ya nadie prestó atención a los testimonios que sucedieron al suyo en el tribunal. Quedaron en el olvido las declaraciones de Víctor Robledo, Catalina Lauría, Sara Cubas de Boggio y su esposo, Italio Boggio.
Hoy se esperan emociones fuertes con la declaración del ex policía Ramón Héctor Carrizo, un ex inspector de tránsito jubilado que dijo haber visto a Guillermo Luque en la madrugada del sábado 8, al volante de una camioneta Trafic que, de contramano, ingresó por la puerta principal de la Clínica Pasteur.
La hipótesis del fiscal es que en ese lugar se intentó reanimar a María Soledad, luego de drogarla y someterla sexualmente.
El juicio está lleno de promesas que difícilmente se cumplan
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Los fuegos artificiales parecen estar de moda en esta ciudad. La pirotecnia no sólo fue utilizada por la gente de las tablas, que celebra desde anteayer aquí la Fiesta Nacional del Teatro, sino que también se convirtió en moneda corriente para los abogados de las partes en el juicio oral que se sigue por la muerte de María Soledad.
¿De qué hablamos? De que los abogados de unos y otros amenazan a diario con volcar el curso del juicio, siempre en forma espectacular, pero nunca cumplen. Los periodistas quedan a la espera de salvas de artillería pesada que luego sólo son buscapiés con pólvora mojada.
Los letrados parecen haberse puesto de acuerdo para atacar con particular saña al presidente del tribunal, Santiago Olmedo de Arzuaga. Unos con la elegancia de un espadachín renacentista, otros con un garrote y al mejor estilo los hermanos Macana, de Los Autos Locos.
Lo cierto es que todo eso sucede fuera del tribunal, donde el titular del cuerpo parece manejar, sin que se le mueva un pelo, los hilos de un debate que con el correr de los días se encamina al esclarecimiento del sonado asesinato.
Se dice que los abogados defensores tiran fuegos artificiales porque su comportamiento en la calle no se compadece con su manera de actuar dentro de la sala.
"Afuera son todos guapos, pero adentro está lleno de pollitos mojados", confió a La Nación , con elocuencia, una alta fuente judicial que, por obvias razones, prefirió resguardar su identidad.
La referencia no merece mayores explicaciones. Basta con hacer un breve repaso de las frases utilizadas por algunos de los letrados durante sus exposiciones públicas, frente a los periodistas, en la puerta del tribunal.
"A los testigos que declaran en favor de Luque los aprietan y los quieren meter en cana", según Víctor Pinto (sic), uno de los defensores del principal acusado.
"No tenemos elementos, pero vamos a analizar si recusamos al presidente del tribunal." Con otro estilo, su coequipier José Vega Aciar también cargó fuera de sala contra el mandamás del cuerpo.
Promesas en la vereda
Los actores civiles tampoco se quedan atrás: Luis Segura y José Buteler, desde otra posición de fuerza, suelen cargar contra sus colegas defensores, aunque se cuidan muy bien de no opinar sobre la tarea que encarna el cuerpo. De todos modos, adentro tampoco son todo lo filosos que prometen en la vereda.
A Carlos Avellaneda, defensor de Tula, también se le puede apuntar alguna que otra "media tinta". Sin ir más lejos, ayer, cuando declaró: "Todavía persiste una línea orientada a mostrar como culpable a Luque, y eso ya lo hemos puesto de manifiesto en varias oportunidades, incluso cuando observamos presiones del tribunal hacia los testigos que lo favorecen".
Lo que muchos consideran un cambio de rumbo en la estrategia defensiva de Tula y un flagrante acercamiento (por no decir connivencia) con la de Luque. Todo ocurre, una vez más, dentro de la sala, pero se ventila afuera.
Algo es coincidente. Ambas defensas cargan contra el fiscal Gustavo Taranto y piden en la calle, claro está, que se preocupe por sustentar la acusación de violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes. El fiscal no acusa recibo.
El punto máximo de tan esquiva estrategia mediática se concretó ayer, cuando Vega Aciar, a menos de dos minutos de ingresar en la sala, hizo un anuncio rimbombante: "Hoy vamos a pedir la reconstrucción del hecho".
Tras cuatro horas de debate, nada se oyó dentro de la sala sobre el tan mentado tema de la reconstrucción. Una vez más se trató de bravatas, es decir, más fuegos artificiales.
Es obvio que hubo una explicación del letrado riojano: "Es parte de nuestra estrategia. Ustedes se ponen muy ansiosos y no nos dejan trabajar", se excusó.
Acto seguido hizo un nuevo anuncio. Y apeló a las palabras mágicas para someter a los cronistas a un nuevo acto de asombro: "Esta semana podría declarar Guillermo".
No hubo suerte, ya que para esas horas nadie "compró" la versión. Todos miraron de reojo a Vega Aciar, que, con una sonrisa ladeada dibujada en su rostro, se perdió entre las ardientes calles de la capital. ¿Iría en busca de fósforos para encender los fuegos artificiales de mañana? Es probable.



