
Afirman que existió el diluvio bíblico
Varios grupos de investigación preparan expediciones para los próximos meses.
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NUEVA YORK (The New York Times).- Los doctores William B. F. Ryan y Walter C. Pitman III, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, de la Universidad de Columbia, afirman haber reunido datos arqueológicos, geológicos y climáticos que respaldan la provocativa hipótesis de que un diluvio catastrófico habría ocurrido hace 7600 años en el Mar Negro.
Los geólogos marinos desarrollan su tesis en el libro El diluvio de Noé: los nuevos descubrimientos científicos acerca del acontecimiento que cambió la historia (Editorial Simon & Schuster), que apareció esta semana en Nueva York. En el mismo, agregan datos a una presentación que realizaron hace dos años, cuando desafiaron la incredulidad de la comunidad científica al presentar sorprendentes evidencias acerca de ese fenómeno.
Para los especialistas, el desastre climático habría jugado un papel fundamental en la difusión de la temprana agricultura en Europa y en gran parte del Asia. También habría tenido enorme influencia en las culturas posteriores, como para inspirar el poema épico babilónico de Gilgamesh y el relato de Noé en el libro del Génesis.
Aunque los autores todavía tendrán que convencer a los escépticos, que se oponen a aceptar la influencia del Mar Negro en la historia del mundo occidental, otros científicos están presentando nuevos hallazgos que parecen confirmar el descalabro climático que habría ocurrido hace más de 7000 años.
Enfoque multidisciplinario
Los nuevos hallazgos arqueológicos demuestran que en el 5600 a.C. se habrían registrado enormes crecientes en los mares del mundo y, como consecuencia, podría haber ingresado agua salada de los mares Mediterráneo y Egeo en el Mar Negro, que por entonces era un lago cerrado de agua dulce.
Así fue como el nivel de este último subió rápidamente, inundó más de 155.000 kilómetros cuadrados de las planicies costeras y dio al cuerpo de agua sus actuales dimensiones y configuración.
La hipótesis, más allá de cómo finalmente sea considerada, ya inspiró una ola de investigaciones arqueológicas en la región.
"Nuestra tesis capturó la atención y el entusiasmo de la comunidad científica -afirmó Ryan en una reciente entrevista-. Hizo que cambiara la atmósfera en torno del tema en sólo dos años. Ahora, gente de muchos países está ansiosa por tomar parte en la idea y explorarla desde diversos puntos de vista."
El doctor Fredrik T. Hiebert, arqueólogo de la Universidad de Pensylvania, por ejemplo, detectó ruinas de una posible población de la Edad de Piedra que resultó sumergida en la inundación. Está planeando una expedición para el verano nórdico a fin de expandir la búsqueda de asentamientos previos al Diluvio. Uno de sus objetivos es determinar si los pobladores eran agricultores y si, como consecuencia del desastre, podrían haber emigrado a Europa e introducido la práctica de la agricultura.
Más pruebas
También para el verano, el doctor Robert D. Ballard, oceanógrafo célebre por utilizar moderna tecnología submarina para explorar el naufragio del Titanic, está preparando un ambicioso recorrido por los sitios arqueológicos sumergidos en el Mar Negro.
Hasta que Ryan y Pitman presentaron su hipótesis, los científicos tenían pocas razones para creer que sus costas eran particularmente hospitalarias.
Sin embargo, en los últimos dos años nuevas muestras del casquete helado de Groenlandia revelaron que el mundo sufrió un período árido y frío, aproximadamente desde el 6200 a.C. hasta doscientos años antes del diluvio. Las excavaciones en el Oriente medio parecen demostrar que existieron muchos asentamientos neolíticos que fueron abandonados durante esa sequía.
"Nosotros pensamos que el frío y la sequía pueden haber arrastrado a los pueblos hacia el Mar Negro en busca de un oasis -dijo Pitman-. Ellos pueden haber llevado la agricultura hacia esa zona y también haber intercambiado ideas y lenguajes."
Por otro lado, la época del diluvio, dice Pitman, coincide con la evidencia arqueológica de que habrían llegado pobladores a los Balcanes y al noreste de Europa, y con algunos de los primeros signos de agricultura en estas regiones. Además, algunas cerámicas de estos sitios son similares a la que se encontró cerca del mar de Mármara, en Turquía.
Pero más allá de los hallazgos, los arqueólogos norteamericanos todavía deberán resolver varios puntos oscuros de su teoría.
El aspecto más controvertido es el que se refiere a las conexiones entre pueblos desplazados por el diluvio y la llegada de la agricultura al continente europeo.
En un comentario sobre el libro, que aparece en el último número de Archaeology Magazine, Mark Rose, su director editorial, afirma que la tesis se basa "en una presunción arqueológica enorme".
Entre otras cosas, el especialista subraya que existen evidencias de que la agricultura comenzó a aparecer ya 500 años antes del supuesto diluvio. Y agrega que si Ryan y Pitman están en lo correcto acerca del diluvio del Mar Negro, han hecho un avance real en nuestra comprensión del pasado de la región. Pero identificarlo con el Diluvio de Noé y afirmar que fue el acontecimiento que cambió la historia es un error.
Una época de cataclismos
En otra investigación reciente, el doctor Gilles Lericolais, un oceanógrafo francés, condujo una expedición para introducir sondas sísmicas en el fondo del Mar Negro. Descubrió profundos cañones por los que los ríos Danubio y Dnieper deben haberse deslizado en las épocas de sequía.
Geólogos turcos también aportaron evidencias de que, contrariamente a la mayoría de las presunciones, el estrecho del Bósforo se formó en el tiempo del Diluvio y no antes. A fines de la última Edad del Hielo, hace más de 12.000 años, probablemente existía una comunicación entre el Mar Negro y el Mediterráneo, un canal a través del río Sakarya y el Golfo de Izmit, un brazo oriental del mar de Mármara. Pero este pasaje se había cerrado tiempo antes del Diluvio, cortando toda comunicación con las aguas en baja del Mar Negro.
"No tenemos manera de saber qué causó el cambio", dijo Ryan.
En todo caso, antes del Diluvio, donde hoy fluye el Bósforo, separando Europa y Asia, había un valle. Ryan y Pitman proponen en su libro que una presa natural a través de ese valle evitó que las aguas del océano, que estaban en continuo aumento desde el derretimiento de los glaciares ingresaran en la cuenca del Mar Negro. Esto, dijeron, explicaría por qué el océano no hizo contacto previamente con el Mar Negro, de menor nivel, y por qué este hecho, cuando finalmente ocurrió, fue tan catastrófico y dejó una cicatriz tan profunda.
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