After beach en Pinamar: bailar de día, en malla y con la arena en los pies
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Según Brian Bigio, de 27 años, a la playa se va con una heladerita "explotada" de gin y frutas. Limón, naranja y la "revelación", el pomelo rosado. Con esos ingredientes, agua tónica y hielo hace un refrescante gin tonic para degustar mientras está sentado en la arena junto a sus amigos, a eso de las 17. Mientras el sol cae y el clima se vuelve más agradable, los jóvenes que visitan Pinamar suelen poner música con parlantes pequeños que tienen conexión bluetooth, o incluso algunos tienen unos más grandes que requieren de dos personas para poder trasladarlos.
Así, la tarde de a poco vuelve a levantar temperatura hasta llegar al momento más esperado: el after beach, esas fiestas en los paradores o en las playas que suelen durar desde las 19 hasta las 22 y se transformaron en una opción que le gana terreno a la tradicional noche de boliche.

Desde el municipio afirman que esta tendencia fue deliberadamente buscada para que Pinamar sea "divertida pero ordenada".
"El after beach tiene varias ventajas. La verdad que uno está activo porque venís embalado de todo el día de playa, tomás algo y después te vas directo al after, no es que tenés que volver a tu casa, bañarte y cenar, eso te suele hacer bajar un cambio. La verdad que está buenísimo, los pibes en malla, las chicas en bikini, y volvés a tu casa a eso de las 23. Entonces no te arruinás el día siguiente, como sí pasa cuando te vas a un boliche y te acostás a las 7", dijo Jerónimo Sobrino, de 20 años, que estaba en el after de Fedra’s Beach.

Ahí el after arrancó con música electrónica pero luego siguió con una banda en vivo que tocaba temas que muchos conocían y se animaban a cantar. "Esto es algo distinto, acá podés escuchar una linda banda, charlar, todavía es de día y ves cómo baja el sol tomando algo. Me parece un plan muy copado. El tema es que, o venís acá, o vas al boliche, porque para ambas no llegás, no te da el cuerpo", dijo Iván Alonso, de 26 años que también estaba en Fedra’s.

El plan de los que eligen los after beach suele ser así: depende del día van a la playa a la mañana o directo a la tarde. La conservadora llena con las botellas para armar los tragos y, a eso de las 16, alguno se convierte en el encargado de ir a comprar los hielos. "Y cuando tenemos los hielos arrancamos", dijo Esteban Fuentes, de 21 años. Entonces beben hasta que llega el momento de ir a dejar la conservadora al departamento o al auto y de ahí van a algún parador. Si están con el auto, según dijeron, siempre hay un conductor designado. Algunos aseguraron que también hay lugares a donde piden delivery de alcohol y se lo llevan directo a la playa.

"Y la noche no se cambia, pero es cierto que está todo tranquilo en Pinamar. Igualmente, en la playa se pone lindo, hay música, podés tomar algo y de paso no gastás tanto como si fueras a un boliche. Nosotros vamos a ir a bailar a Pueblo Límite en estos días, que queda en Villa Gesell, así nos sacamos las ganas de ir a un boliche grande. Ahí creo que sale $500 la entrada con una consumición", dice Ignacio Depetris, de 20 años, que vino de Córdoba con amigos y está disfrutando de un fernet con cola en la playa del parador Boutique.

Ese parador es uno de los que atrae un público más joven, desde los 18 hasta los 24 años, y suelen organizar varios after beach en la terraza del lugar, un espacio privilegiado con vista al mar. También tiene un boliche que funciona a la noche y es concurrido por el mismo público.
En esa playa el ingenio al servicio de la diversión no tiene límites. Un grupo de amigos de Chivilcoy llevó tres parlantes, un generador, una consola para pasar música y la computadora. Así se armaron una especie de escenario improvisado y pusieron cachengue a todo volumen a metros de la orilla. Esa puesta en escena los convirtió en el centro de atención. Ellos, felices.

"Nosotros hacemos esto hace cuatro años. Nos traemos los parlantes, y todos los equipos para hacer una fiesta en la playa. Siempre respetamos los horarios en los que la municipalidad nos permite estar y si nos piden que cortemos la música, lo hacemos. En Gesell hemos llegado a juntar 500 personas alrededor de los parlantes. Es muy lindo lo que se genera, no se gasta plata y estamos al aire libre", dijo Joan, de 21 años.
Desde hace tres años que Pinamar ya no es conocida como una ciudad que en verano se descontrole por los jóvenes que llegan en masa para salir todas las noches. Desde que Ku cerró sus puertas, que abrían usualmente de jueves a domingo con una capacidad para 8000 personas, el municipio intenta que la vida nocturna esté controlada y se enfocaron en mantener a los menores de edad lejos de las barras de alcohol. Justamente Ku era conocido por albergar un público amplio, que iba desde adolescentes de 16 hasta 27 años.
"Desde 2016 hablás con cualquiera y te va a decir que estos cambios en la manera de salir y divertirse fueron totalmente buscados por el municipio. El hecho de correr la franja horaria fue muy importante. Nosotros tenemos el hábito cultural de salir muy tarde, más que la media de otros países. Trabajamos mucho con sponsors para que puedan ofrecer otras opciones, como los after beach, que son propuestas diferentes, más chicas y cuidadas, y siempre para mayores. Esto también hizo que abran muchos lugares nuevos sobre la playa", dijo Martín Yeza, intendente de Pinamar.
"Ku se había convertido en un lugar que se llenaba de menores. Y que el posicionamiento de una ciudad dependiera de eso era un problema. Ahora cerró Ku pero abrieron otros 30 bares. Queremos que la ciudad sea divertida pero dentro de los márgenes correctos", agregó.
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