“Ahogo financiero”: una asociación que brinda asistencia clave a personas ciegas hace 64 años pide ayuda para no cerrar
En ASAC se trabaja en la rehabilitación integral de personas que perdieron la visión; atraviesa la crisis del sector de discapacidad, con un nomenclador atrasado, según sus autoridades, un 60%
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Claudio Machiolli, de 59 años, perdió la visión del ojo derecho hace ocho años, cuando tuvo cataratas y un desprendimiento de retina. Tras la operación, recuperó solo un porcentaje menor de la visión. Desde hace cinco años, la situación se repitió, pero en su otro ojo. Hoy tiene solo un 8% de la vista. Desde hace dos años, después de haber pasado por varias instituciones de la ciudad, logró conseguir un cupo en el hogar de la Asociación de Ayuda al Ciego (ASAC), donde vive y recibe sus terapias. Allí aprendió, entre muchas otras cosas, a moverse en la calle, a tomar colectivos, a bañarse y a cocinar sin la ayuda de sus ojos.
Hoy todas esas herramientas le permiten ser autónomo y trabajar. “Estoy muy contento acá, aprendí mucho. No es fácil adaptarse a la nueva realidad que me toca, pero acá me han ayudado mucho. Ojalá nunca me tenga que ir”, dice. Sabe que el lugar donde vive podría desaparecer
La ASAC tiene 64 años de historia y es una de las pocas instituciones donde se brinda un tratamiento integral a la persona que perdió la visión, que incluye tanto un reentrenamiento de sus capacidades como el apoyo psicológico y emocional para seguir adelante con su vida. Tiene dos sedes: una, en Venezuela 584, en el centro porteño, donde funciona el centro de día, el centro de formación laboral, tratamientos kinesiológicos y atención psicológica, además de tratamientos de rehabilitación funcional para personas ciegas y rehabilitación visual para personas con baja visión. Además, tienen un hogar en Caballito, que alberga a unas 90 personas ciegas. Muchos de ellos no tienen familias o vivían en la calle y, además de no ver, tienen otras enfermedades o condiciones asociadas.
Por estos días, la continuidad de estos centros está en duda. La institución está evaluando la posibilidad de cerrar sus puertas si no recibe algún tipo de apoyo financiero por parte del Gobierno o de privados. Como otras instituciones, atraviesa la crisis del sector de discapacidad, que implica que deben subsistir con un nomenclador que está atrasado, según dicen sus autoridades, en un 60%. Además, afrontan las demoras en los pagos que se vienen registrando en PAMI y en Incluir Salud (la obra social de quienes no tienen ningún tipo de cobertura), tal como viene denunciando todo el sector de discapacidad.
“Los últimos pagos de Pami e Incluir Salud que recibimos corresponden al mes de octubre del año pasado y se efectuaron el 7 de enero. En el medio, tenemos que seguir pagando los sueldos, los costos, la comida del hogar, todo”, explica la directora, Karina Mancuso. “Además, entramos en un concurso de acreedores, porque por esta situación estamos enfrentando seis juicios laborales, además de tener deudas con la seguridad social y reclamos de los sindicatos. Estamos en una situación de ahogo financiero total. Las prestadoras no nos pagan y si nos pagaran, no nos alcanzaría para afrontar todas las deudas. En muy triste, pero no tenemos muchas opciones. Hemos intentado de todo. Incluso, enviamos cartas al Gobierno, pero no logramos que nadie nos reciba. Lo más triste es que todas estas personas, por ejemplo, que viven en el hogar no tienen otro lugar a dónde ir. Y los que se atienden en el centro, allí reciben un abordaje integral que no existe en otro tipo de instituciones. Es muy triste tener que cerrar y que esto desaparezca”, dice.
En la sede de ASAC que funciona en la calle Venezuela, el programa es muy completo. “La mayoría de nuestra población no nace ciego, sino que se queda ciego. Y es en esa instancia que lo primero que te dicen es que se quieren morir. Que su vida ya no tiene sentido. Es allí, cuando vienen a nuestro centro y desde una contención psicológica y emocional, nuestros profesionales le enseñan que va a poder seguir teniendo la vida que tenía antes, solo que va a requerir hacer adecuaciones y que va a tener que volver a aprender a hacer todo, pero que si lo hace va a poder seguir siendo autónomo, independiente y hasta seguir trabajando”, dice.
En el centro tienen, por ejemplo, un taller donde dictan terapistas ocupacionales, en el que se les enseña otra vez a cocinar, ahora sin el apoyo visual, y con todos los recaudos de seguridad que deben incorporar. En otro taller de habilidades para la vida cotidiana, se les enseña desde cómo hacer la cama hasta cómo bañarse. Para lo último, cuentan con un baño adaptado. “También tienen que aprender cómo salir a la calle, cómo cruzar de forma segura, cómo tomarse un colectivo y, con el apoyo de las aplicaciones, saber dónde bajarse. Son todas cuestiones que no se aprenden solas”, dice la directora.
La asociación también tiene un taller de informática y de formación laboral, donde los asistentes aprenden cómo usar el celular y la computadora con sistemas adaptados para ciegos. Además, en el centro de día, se brindan talleres de carpintería, de música, de folklore, de tejido, de cerámica y de pintura, entre otras actividades destinadas a personas ciegas. También se ofrece la posibilidad de realizar educación física o rehabilitación corporal, con kinesiología.
También hay actividades destinadas a personas que han perdido parcialmente la visión. Se trata de un servicio de rehabilitación visual donde las personas con baja visión aprenden a usar, enfocar y optimizar el resto de la vista que conservan de la mejor manera.
“Volvieron a encontrar un sentido”
“Hemos visto en estos años rehabilitaciones asombrosas, que, desde el abordaje integral, lograron cambiar la manera en que la persona que había quedado ciega se percibía. Está el caso de un piloto al que se le cortó el nervio óptico. Él sintió que nunca más iba a poder trabajar. En cambio, sigue trabajando para la misma compañía, claramente ya no como piloto, pero logró hacer una reconversión laboral y fue maravilloso”, cuenta la directora.
“Sería muy triste que todo esto se perdiera. Acá hay 64 años de historia, de trabajo, de muchas historias individuales, de personas que volvieron a encontrar un sentido después de perder la visión. Además, en el último tiempo también estamos trabajando con empresas, bancos, cadenas de hoteles, que nos consultan para recibir nuestro asesoramiento para realizar sus adaptaciones en los edificios o para capacitar a su personal en el trato con una persona ciega. Por eso, esperamos tener alguna respuesta ante esta situación y no tener que cerrar las puertas”, dice Mancuso.
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