
Aldea Beleiro, un pueblo donde nunca faltan leña ni alimentos
Se encuentra sobre la cordillera chubutense; septiembre frío
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COMODORO RIVADAVIA.- Para Alicia Oviedo, una maestra rural cordobesa que vive desde hace seis años en Aldea Beleiro, en Chubut, el temporal de nieve no complicó el calendario escolar.
La nevada de la última semana dejó aislado al pueblo de 250 habitantes, casitas dispersas y calefacción a leña, "pero no hubo prácticamente alumnos que faltaran a clase. Acá estamos acostumbrados a la nieve. La gente siguió su vida normal. Lo raro fue que este clima se instalara en septiembre, justo antes de que empezara el calor primaveral".
En Aldea Beleiro no existen los vecinos desconocidos. El pueblo está sobre la cordillera chubutense, a 120 kilómetros de la localidad de Río Mayo. Desde el sábado y hasta ayer a la tarde, los problemas en la ruta impidieron la salida o llegada de vehículos a Beleiro. Pero la gente siguió su vida como todos los días.
"Los chicos que vienen a la escuela viven en el pueblo. Por eso prácticamente no faltaron a pesar del temporal. No nos faltaron leña para calentarnos ni alimentos. Acá este tipo de nevadas son comunes. Hasta yo me acostumbré", dijo la docente.
Rosa Villalonga -un ama de casa que vive en Beleiro desde 1977 y conduce un programa en la FM Frontera, la única del pueblo- asumió el temporal con resignación: "Algunos estaban preocupados porque no podían ir a Río Mayo. Nevó varios días, como pasa cada año, aunque ahora fue en septiembre. El viento hizo que la nieve se acumulara, pero el sol de ayer y hoy ya la derritió bastante.
"Como uno está acostumbrado -agregó- siempre tiene algo guardado para comer. La comida no nos faltó."
En cambio, Anselmo -un peón de campo que vive en Beleiro- no lo pasó nada bien. Cuando empezó a nevar estaba en el casco de la estancia donde trabaja, a 114 kilómetros de Aldea Apelegh, otro de los pueblos que estuvieron aislados.
"El fin de semana no paraba de nevar. No me asusté porque ya sé cómo son estas cosas. Pocas veces vi que nevara tanto en septiembre. Al final, me vine en la camioneta del patrón que manejaba un poco y se bajaba para ayudarme a sacar la nieve del camino a paladas. Como no se veía la huella, fuimos adivinando el camino. Y llegamos bien", dijo aliviado.
Sin embargo, existe algo que preocupa en la cordillera chubutense: la mortandad de ovejas por las bajas temperaturas y la nieve que cubre las pasturas. Carlos Lloyd, un ingeniero director del INTA-Esquel, vaticinó que "las pérdidas serán importantes, a pesar de que ahora no se pueden cuantificar exactamente. Si la nieve persiste -estimó- las ovejas tendrán problemas de nutrición".
En Aldea Apelegh, la costumbre a las nevadas no alcanzó para calentar los hogares. "Nos quedamos sin leña; tuvimos que esperar que viniera gente de otras localidades a socorrernos. El frío se nos metía en los huesos", comentó Karina, otra pobladora.





