Alerta cuatriciclos: chicos al volante, picadas, maniobras riesgosas, multas y controles en la frontera norte de Pinamar
La policía usa drones y realiza operativos sorpresa para identificar faltas
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PINAMAR (Enviada especial).- El cuatriciclo avanza con torpeza, pero sin detenerse. Arriba va un chico de unos diez años, solo, parado sobre los apoyapiés de un vehículo pensado para adultos. No lleva casco ni ninguna protección. Conduce con las dos manos tensas sobre el manubrio, mientras cruza una calle interna de Cariló. Pasa frente a casas, autos estacionados y peatones que lo miran sin intervenir. Nadie lo frena. Nadie lo acompaña. El cuatriciclo sigue, como si la escena de un menor conduciendo un vehículo de alta cilindrada por la vía pública fuera parte del paisaje habitual del verano.
En Pinamar y Cariló, la temporada volvió a instalar una discusión que se repite cada año, pero que este verano ganó visibilidad. Camionetas 4x4 que llegan desde distintos puntos del país con cuatriciclos y UTVs cargados en la caja, vehículos que circulan por calles internas, avenidas y accesos a la playa, motores que se escuchan antes de verse. Algunos avanzan despacio, atentos al tránsito y a los peatones. Otros aceleran sin medir distancias ni consecuencias.
En las calles, la circulación de cuatriciclos y UTVs convive con autos, bicicletas y peatones. Se los ve doblar en esquinas sin semáforos, avanzar por calles de arena o asfalto, circular sin casco, sin patente visible o con menores a bordo. En algunos tramos se mueven a baja velocidad; en otros aceleran, levantan arena o polvo y obligan a frenar a quienes vienen de frente. La diferencia entre una conducción cuidadosa y una imprudente suele ser mínima, pero el riesgo es alto.
La postal se vuelve especialmente intensa en la frontera norte del partido de Pinamar. Allí, sobre la línea costera, se despliega una franja extensa de arena ocupada por gazebos, camionetas, cuatriciclos y UTVs. Quienes conocen la zona desde hace años coinciden en que la magnitud es mayor que en temporadas anteriores. La cantidad de vehículos y de turistas forma una línea continua que, a la distancia, se confunde con el horizonte.
A lo largo de la playa, decenas de camionetas 4x4 quedan estacionadas directamente sobre la arena. Algunas funcionan como apoyo para el día: con las puertas abiertas, heladeras portátiles, tablas apoyadas en los laterales y chicos que suben y bajan. Otras permanecen allí durante horas, alineadas cerca de los gazebos. Entre ellas circulan personas caminando, chicos jugando y vehículos que entran y salen del sector.
Al recorrer la zona, el clima es mayormente familiar. Cada gazebo funciona como una pequeña base. En la playa se juega, se conversa y se descansa. Pero a pocos metros, el terreno cambia: los médanos se transforman en una pista informal donde cuatriciclos, motos y UTVs circulan de un extremo a otro, suben y bajan pendientes y, en algunos casos, aceleran como si no hubiera nadie alrededor.
Muchos eligen estas playas por esa condición particular: el acceso no es sencillo y el terreno exige vehículos con tracción 4x4. Esa característica genera una sensación de aislamiento respecto de la ciudad y una circulación constante de camionetas, cuatriciclos y utilitarios, tanto sobre la arena como en los alrededores. El uso intensivo de los vehículos convive —no siempre de manera ordenada— con quienes solo buscan pasar el día en la playa.
El punto más conflictivo aparece en los ingresos y las salidas. Algunos conductores toman los accesos o los abandonan a gran velocidad, después de hacer picadas dentro del sector. No siempre advierten a quienes entran o salen caminando, muchas veces cargando bolsos, reposeras o chicos de la mano. “¿Estás loco? Me podrías haber matado, ¿no te diste cuenta?”, le gritó una chica a un conductor que pasó acelerando mientras ella ingresaba a la playa con una miniconservadora y una mochila. El intercambio fue breve y quedó rápidamente cubierto por el ruido de los motores.
Desde la Municipalidad de Pinamar explicaron a este medio que los cuatriciclos y UTVs no cuentan con un régimen sancionatorio propio y que, al circular por la vía pública, quedan sujetos al régimen general de tránsito de la provincia de Buenos Aires. Las multas previstas varían según la infracción y se expresan en Unidades Fijas (UF). A valores actuales, las sanciones pueden ir desde los 90.000 pesos hasta los 1.800.000 pesos.
Circular sin licencia habilitante o sin documentación puede implicar multas de entre 180.000 y 540.000 pesos. La falta de seguro obligatorio se sanciona con montos de hasta 180.000 pesos. El no uso de casco —cuando corresponde— puede costar entre 180.000 y 360.000 pesos. El exceso de velocidad, circular en contramano o por la banquina, y las maniobras peligrosas se consideran infracciones graves y pueden alcanzar sanciones de hasta 1.800.000 pesos.
La conducción bajo los efectos del alcohol o drogas también contempla multas elevadas (de hasta 1.800.000 pesos), además de la posible inhabilitación del conductor. Negarse a un control de tránsito puede derivar en sanciones máximas y en la retención del vehículo. En todos los casos, la autoridad está facultada para secuestrar el rodado y aplicar inhabilitaciones, según la gravedad de la falta.
La problemática es reconocida también por la Policía. Desde la fuerza señalaron a LA NACION que el foco principal está puesto en la frontera, por lo que se reforzaron los controles junto con la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DDI) y Seguridad Vial. Para detectar maniobras peligrosas en el interior de la zona de médanos se usa un dron. La patente queda registrada y el vehículo es detenido a la salida. Todos los conductores deben someterse al test de alcoholemia. Algunos operativos son anunciados; otros, sorpresa.
Uno de esos controles se realizó el 2 de enero pasado. Desde las 16.30, camionetas, cuatriciclos y UTVs comenzaron a ser desviados hacia un sector de control en el acceso a La Frontera. Algunos conductores se mostraron molestos; otros aceptaron la situación sin protestar. Uno estuvo a punto de atropellar a un efectivo al intentar esquivar el operativo.
“No sabíamos que acá era alcohol cero. En San Juan es 0,50. Vinimos a divertirnos y nos encontramos con que nos pueden sacar la licencia o la camioneta. Solo es diversión”, dijo a este medio un joven al que el test de alcoholemia le había dado 0,11. Esperó 20 minutos para una contraprueba, tal como contempla el protocolo en la provincia de Buenos Aires. El valor descendió, pero no pudo manejar y tuvo que aguardar a que otra persona se acercara para retirar el vehículo.
Según el parte oficial de la Comisaría Pinamar Primera, ese día se realizaron aprehensiones en el marco de un operativo de prevención en la zona conocida como “La Olla”, dentro de La Frontera. Allí se detectaron picadas de extremo a extremo y maniobras peligrosas que ponían en riesgo a quienes se encontraban en el lugar. Intervinieron personal de la Jefatura Comunal, la DDI, Inteligencia Criminal, Infantería, Caballería y Seguridad Vial. La fiscalía dispuso la incautación de los rodados y las notificaciones correspondientes por infracción al artículo 193 bis del Código Penal.
Desde el lugar del control, un efectivo explicó a LA NACION que el operativo podía extenderse “las horas que fuera necesario”. “La prevención está adentro de la playa y el control fuerte es a la salida. Con el dron se captan las maniobras peligrosas, se identifica la patente y cuando salen se los detiene. Tránsito municipal es el que labra las infracciones y nosotros colaboramos con la alcoholemia”, detalló.
Consultado sobre la situación, el intendente de Pinamar, Juan Ibarguren, sostuvo a este medio que el tipo de vehículos fue cambiando con el tiempo y que el municipio reforzó los controles para reducir riesgos. También apuntó a la responsabilidad individual y a la necesidad de no permitir que menores conduzcan este tipo de vehículos.
Mientras tanto, en la arena y en las calles internas, los motores vuelven a encenderse a medida que cae la tarde. Un padre ajusta un casco antes de subir a su hijo a un UTV. A pocos metros, otro menor acelera solo sobre un cuatriciclo. Una familia apura el paso para evitar un cruce incómodo. El verano avanza. La Frontera también. Y con ella, una tensión que se repite cada temporada.
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