
Algunos piensan en la posibilidad de emigrar a Bolivia o a Paraguay
Las exigencias del gobierno provincial y la escasez de tierras son las principales causas
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GUATRACHE, La Pampa.- No todo está perdido para estos 1200 colonos menonitas que, aferrados a sus tradiciones, resisten con heroísmo el ímpetu "modernizante" que empuja desde afuera.
Sólo que, tal vez, la vida ahora esté en otra parte, puesto que en la colonia pampeana las cosas se han complicado en los últimos meses.
Cuanto más insiste el Gobierno en desbaratar la enseñanza local y trocarla por una nueva, más van a emigrar los menonitas, con la familia, la honestidad y el trabajo duro a cuestas.
¿Cuál será entonces la tierra prometida que los alimente y les dé un techo? Sorpresa: Bolivia, país que en este momento alberga a unos 25.000 menonitas que residen en colonias como la de Guatraché.
Una política tolerante abrió el camino para quienes quisieran habitar y trabajar su suelo, sin más requisitos que la honradez y el esfuerzo. Lo demás queda sujeto al libre albedrío de los recién llegados.
Uno de los colonos de Guatraché, Juan Neudorf, ya está mirando hacia el Norte. Hace cinco días recogió todas sus posesiones y las puso en venta. Los vecinos acudieron sin demora ante el anuncio de la subasta en la que se ofrecieron bienes rurales y domésticos, como vacas, muebles y herramientas.
¿Cuánto se pagó por un boogie? Estas carretas negras, único medio de transporte dentro de la colonia, se cotizan en 1800 pesos apenas salidas del taller, cero kilómetro.
El boogie de Neudorf, con unas cuantas horas de marcha sobre el polvo y el barro de las calles menonitas, fue rematado a 1100 pesos, nada mal para un carro trajinado que ha llevado de aquí para allá, con su andar rítmico y sereno, a toda la familia: Juan, su mujer y sus seis hijos.
También su campo encontró nuevos dueños, pues Neudorf se desprendió de todo y de cada una de las 52 hectáreas de su propiedad, un terreno repartido entre el cultivo y el ganado.
Con la tierra se fueron las vacas; con la casa, los muebles. Sólo falta que se vaya la familia, que por el momento se ha instalado en una casa ajena, gracias a la solidaridad de los suegros de Juan.
Escape al altiplano
La pavorosa sensación de ver sucumbir, bajo el peso de la autoridad, el estilo de enseñanza menonita, enciende el deseo de escapar hacia Bolivia, o hacia cualquier parte.
A Neudorf también le queda la posibilidad de buscar refugio en Santiago del Estero. Allí, en un remoto paraje al nordeste de la provincia, sobrevive otro reducto menonita, menos poblado que el de Guatraché.
Otra opción es Paraguay, donde se alzan innumerables asentamientos en un clima de complacencia y tolerancia.
Pero hay más razones que motivan la salida de los menonitas de Guatraché. Son las razones del bolsillo: la tierra no alcanza para todos y los campos vecinos son demasiado caros para la exigua riqueza de los colonos.
"Viven en un sistema de colonia, con 10.000 hectáreas de tierra. Si crece la población, tienen que encontrar una salida. Trataron de comprar tierras al lado, pero en el momento de cerrar el trato, los dueños aumentaron el precio", dijo a La Nación el norteamericano Delbert Erb, vicepresidente de la Junta Nacional de la Iglesia Evangélica Menonita de la Argentina.
Vivir entre dos mundos
Erb es uno de los menonitas que trabaja con la mira puesta en resolver el conflicto y disolver la tensión entre el gobierno provincial y los colonos. El problema de la falta de tierras quizá se solucione con la salida de algunas familias y la fundación de nuevas comunidades, pero la disputa sobre la educación y el idioma no tiene otra salida que la buena voluntad y la disposición al diálogo.
Por lo demás, Erb vive entre dos mundos, pues si bien es menonita, su vida cotidiana se mueve en el agitado mar de los teléfonos, las computadoras y los automóviles. Erb es tan fiel a la Biblia como el colono más devoto, pero lo suyo no es el campo ni el aislamiento. Hay 2500 menonitas en la Argentina que, como Erb, no viven en colonias, sino en las ciudades grandes, medianas y pequeñas de todo el país, integrados al resto de la sociedad.
"Los colonos de Guatraché representan al grupo más conservador de la Argentina; han mantenido un dialecto que sólo ellos hablan", dijo el evangelista, con leve acento extranjero.
Incluso la actitud hacia el futuro de su religión cambia de una clase de menonita a la otra. Los colonos no tienen el menor interés ni sienten el menor placer en hacer conversos.
Los evangelistas, en cambio, salen por el mundo con la Biblia en alto, al igual que otras confesiones cristianas, divulgando y expandiendo el valor de su doctrina a cuanta persona se los permita.
Así es como han echado las redes por América, Africa y Asia, en alegre y fervorosa excursión misionera, y al cabo de los años han asociado a cerca de un millón de hermanos menonitas.
Por el momento, la atención de los menonitas argentinos no está en los continentes lejanos, sino en esta diminuta colonia, asediada y atemorizada. El pastor Omar Onischuk, de la Iglesia Evangélica Menonita de Santa Rosa, confía en que la sensatez finalmente tomará el control del conflicto: "El Gobierno se ha flexibilizado. Cuando tenemos dos partes que pretenden algo, cualquier paso es positivo. Siempre tiene que haber renuncias de un lado y del otro".
El Gobierno parece haber renunciado a avasallar las escuelas, suplantar los libros de texto y demoler las tradiciones. Los menonitas, por su parte, han accedido a estudiar castellano. Todo lo demás -la serenidad, la cordialidad, la honradez- es innegociable.
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