
Amor por la redonda
Cuando el ex jugador de Independiente y Boca percibió la necesidad de unir el fútbol con la educación descubrió un negocio millonario y la oportunidad de brindarles a los chicos una nueva forma de vivir el deporte
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En los años 80 las camisetas tenían número, pero no llevaban el nombre de los jugadores. "Maranga", así le decían, aunque no pegaba con su estilo. Nadie en su sano juicio le pondría un apodo así a un jugador de su estirpe, a quien uno podría imaginarlo de galera, bastón y una burbujeante copa de champagne mientras ponía la pelota bajo la suela y abría la cancha cruzándosela al wing derecho. Siempre prolijo y bien peinado, como chico en el primer día de clase, Claudio Oscar Marangoni no pegaba con la camiseta de Chacarita. Sin embargo, como la política, el fútbol es el arte de lo posible, y se dio lo de un "Maranga funebrero".
Le calzaron perfectas la de Independiente y la de Boca, la de San Lorenzo y la del Globo. Incluso, aunque el "inglés" era Babington, fue él, Maranga, el que se puso la camiseta del Sunderland. Pudo porque siempre fue políticamente correcto. Su juego creó un genérico a la hora de identificar una posición.
"Necesito un Marangoni para la mitad de la cancha", les siguen pidiendo los técnicos a los dirigentes. Alcanza, no hay que explicar demasiado.
Claro que cuando las piernas están más lentas que la cabeza llega el turno de colgar los botines, decirle "stop" al intercambio de camisetas, transpirar menos y pensar más en el camino por seguir.
A Marangoni le llegó ese día. La lógica es el salto a DT, pero no pisó esa parte del terreno de juego. Hizo la del periodista, pero no le salió. Torneo de verano, creo que en Telefé. Simple y claro como siempre, pero voz muy finita, sin ángel para el comentario. "Por lo menos así lo veo yo", diría Guillermo Nimo desde la otra vereda.
Buscó tal vez el rumbo más difícil en esos tiempos, el de la docencia, y así Claudio Marangoni se transformó en el genérico al momento de buscarles una misma música a las palabras fútbol y escuela.
"La idea nació en 1983 -recuerda-. Estaba comiendo con amigos y uno me dice: "Claudio, quiero mandar a mi hijo a un lugar a aprender fútbol, pero lo único que encuentro es Boca o River. Tiene siete años, ¿te parece que es el lugar?". En esa época todavía jugaba en Independiente, casi en la mitad de mi carrera, y le dije que me lo mandara dos veces por semana. Al mes había alquilado un lugar en el Club YPF, en Libertador y Crisólogo Larralde, y empecé a trabajar martes y jueves con seis hijos de amigos. A los dos meses teníamos cerca de cien chicos."
Palomitas blancas
"¿Qué es lo que está pasando aquí?", pensó Marangoni, y descubrió que había una necesidad oculta. El nicho del mercado estaba. En Wall Street siempre se dice que un fondo de inversión privado no hace más que ponerle "cara" a la plata. Marangoni le puso marca, cara y nombre a una actividad limitada a un profe de gimnasia que tiraba una pelotita en el campo de deportes.
"Existía una necesidad por parte de los padres de llevar a sus hijos a aprender este deporte fantástico que es el fútbol -dice el titular de CM Fútbol-. Empecé a profundizar qué pasaba y detecté que en ninguna escuela se enseñaba fútbol. Es decir que a los chicos, así como a nosotros nos gusta el tango, a ellos les gusta el fútbol y no lo podían aprender en las escuelas. Además, se sumaban la disminución de espacios verdes, la estructura habitacional de edificios con cuartos de 3 x 3. Y el gran problema era la desaparición de la calle como factor de socialización."
Marangoni pisó la pelota en la mitad de su cancha y la durmió un año hasta que abrió su segunda escuela.
"Fue en San Isidro, y creció en forma explosiva. Un mes, 200 chicos; dos meses, 300 chicos. Venía gente hasta de San Antonio de Areco."
El soltaba la pelota, pero ella, como las mascotas, volvía hacia quien la cuida, la mima. Volvía y volvía siempre.
"Los domingos jugaba y por las mañanas, en la semana, tenía que entrenar. Por eso tuve que organizar las escuelas de otra manera. Me rodeé de profesores de educación física porque tenía en claro que, aparte de enseñar a jugar, transmitíamos otros valores. Preparábamos a los chicos para el fútbol, pero a la vez cubríamos otra necesidad, que fue y es el secreto de esta empresa. Los chicos podían venir a divertirse, pero con el tiempo descubrimos que había una segunda necesidad. Ese chico podía tener baja su autoestima, algún problema de motricidad o de afecto. Tanto es así que al día de hoy tenemos derivaciones de psicoanalistas, psicopedagogas, pediatras o neurólogos. Trabajamos mucho en cómo recibir un chico, cómo tratarlo, cómo llevarlo, cómo organizar la clase, qué decirle, y un espacio de escucha para los padres donde ellos podían volcar las inquietudes."
Se dice que en el fútbol todo está escrito, a tal punto que es muy difícil ser comentarista deportivo, porque muchos de los que escuchan o leen un comentario tienen más partidos en el lomo que cualquiera de los jóvenes que relatan o escriben. Pero en el fútbol no había lugar para la docencia, y ésa fue la llave del triunfo de Marangoni.
"En ese momento, prácticamente no existían las escuelas deportivas y no teníamos un modelo a seguir. Por eso fuimos ensayando sobre la base del acierto y el error. Todo eso, en este país, fue revolucionario."
Pero a diferencia del fútbol mismo, en el que el privilegio de la edad llega hasta que el cuerpo no da más y sirve hasta que ya no se puede alcanzar a un pibe de 20 en un pique, en la docencia la experiencia cuenta, suma, agranda. Y el deporte pasión de multitudes no es una excepción.
"En el ´87 se marcó un hito en la escuela -rememora Marangoni-. Caminaba por el parque Las Heras y vi una cancha abandonada: vidrios, botellas, todo roto. Hablé con la directora y empezamos a trabajar. Lo remodelamos y ofrecimos atender a la población escolar de cinco establecimientos municipales que albergaban una comunidad de 5000 chicos. Nos hicimos cargo de los materiales, seguros, profesores, programas, todo gratuito. Trabajamos durante dos años, conseguimos la aprobación de ese proyecto y es el día de hoy que nuestra institución atiende a 5000 alumnos en forma gratuita. Eso nos marcó. Cuanto más le das a la comunidad, la comunidad más cosas te devuelve,"
Difícil es sentir que la hinchada, de un día para el otro, no devuelve con "oleeee..." ese pase justo. Los domingos no son domingos cuando la música no viene de la tribuna y corea un nombre. ¿Cómo compensar ese sonido ensordecedor?
"Cuando empezamos, cada vez que anotábamos a un chico en la parte privada festejábamos, dábamos saltos mortales. Al año teníamos allí 1000 alumnos. Entre el ´83 y el ´87 estuvimos solos en el país. En 1988 apareció la competencia: grandes entrenadores, algunos campeones del mundo, marketing, publicidad, televisión, radio, diarios y revistas. La mayoría pensó que era soplar y hacer botellas; lo encararon mal y, desgraciadamente para nosotros, casi todos estos proyectos fracasaron. Por falta de vocación y, sobre todo, por falta de estructura docente. Igual, esa competencia nos hizo redoblar el esfuerzo. Le dimos un empuje y un crecimiento a nuestro modelo; tratamos de ocupar espacios y acentuar todo lo que tenía que ver con la capacitación. Nuevo aprendizaje: la competencia ayuda, empareja para arriba, igual que cuando en el banco hay un suplente que te pisa los talones."
Amigos son los amigos
En 1983, un amigo le dio la pista para diseñar el modelo de escuelas deportivas. Seis años después, otro amigo, Ricardo Falabella, le abrió la puerta a otra oportunidad.
"Vos tenés una marca, programas, profesores y ofrecés capacitación. Claudio: tenés que hacer franchising -rememora Marangoni-. Y fue tan exitoso que a los dos años teníamos 12 filiales en el interior. Recuerdo que me la pasaba subiendo y bajando de aviones. Me costaba mucho sostener ese tema a distancia. ¿Qué pasó? Vinieron épocas malas en el país, y nos dimos cuenta de que muchos franquiciados sólo querían ganar dinero. Nosotros tenemos una institución que trabaja con chicos, con educación. El dinero es muy lícito y muy válido ganarlo, pero hay que atenerse a determinadas prácticas. Caso contrario no sirve. Recuerdo que, cuando el franchising tenía éxito, quien compraba la franquicia se llevaba los laureles. Sin embargo, cuando empezaba a bajar un poco me decían: "Marangoni, ¡qué producto me vendiste! Es un desastre". Así, cuando se fueron venciendo los contratos no los fuimos renovando y, en alguna ciudad del interior, dejamos a los profesores que tenían la camiseta puesta y que iban a mantener nuestra filosofía."
Los "cortos" los colgó en diciembre de 1990. Desde entonces siguió entrenando para correr su primera maratón y, con saco y corbata, empezó a modelar su empresa.
"En 1991 nos empezaron a llamar de colegios. Nos propusieron hacer la actividad curricular en algunos y la extracurricular en otros. Fue así como inauguramos en colegios como Northland«s, Saint Catherine´s, Lincoln, Pestalozzi o Moorland´s. En el ´92 abrimos otra puertita más, pues nos empezaron a llamar de countries."
En 1994 dijo "bingo", porque si algo le faltaba era trabajar para empresas.
"¿No le interesa hacer el family day de nuestra compañía, Marangoni?, ¿no quiere hacer seminarios con deportistas para nuestra gente?"
Además, ese mismo año se asoció con la fundación del doctor Stamboulian. "En los colegios empezamos a dar charlas de prevención, de infectología para padres, desde el punto de vista de cómo incide el trabajo deportivo en los chicos respecto de su sistema inmunológico, campañas de vacunación y guías de nutrición para las madres preocupadas por brindar una buena alimentación a sus hijos. En el ´95 profundizamos los proyectos comunitarios, en el ´97 nos llamaron del exterior para hacer consultoría internacional y en 1998, otro hito: descubrimos que teníamos capacidad de hacer reingeniería de entidades deportivas obsoletas. Empezamos en un club en San Isidro que pertenece a la Obra Don Bosco. Nos encantó el lugar y dimos inicio a la reingeniería. Fuimos al frente y armamos el club, con diez canchas de fútbol con riego por aspersión."
Todas para mí
Jugando en el césped tenía una característica: era muy seguro y difícilmente perdía una pelota. En su nueva vida replicó el formato, ya que Claudio Marangoni sigue sin perder oportunidades de crecimiento. Tan lejos llegó que un día volvió a las canchas. No como DT y ni siquiera para su partido homenaje. Tentó a los socios de Dolphin y, en 1999, compró un club de fútbol de primera D, Acassuso.
"Ahí se abrió otra unidad de negocios: descubrir jugadores, ayudarlos a crecer y colocarlos en otros clubes. Somos proveedores. Los engordamos y se los damos a Boca, River, Independiente; incluso los llevamos afuera. En el año 2000 nos asociamos con Iván Zamorano y le armamos la estructura de nuestra escuela en Chile con su imagen. Organizamos la primera Copa Disney en la Argentina y ahora estamos haciendo la Fox Kids. Nos asociamos con Julio Bocca, porque a este proyecto deportivo le hacía falta una pata cultural, para armar la escuela de danzas clásicas y de comedia musical en San Isidro. Hace poco armamos un programa de millaje de calidad de vida con empleados de Renault y Movicom."
A Marangoni uno le tira una pared y le devuelve la pelota, no un ladrillo como tantos otros. Su discurso es tan práctico como era su juego en la mitad de la cancha. Los goles empresariales los grita con la misma frialdad que los convertidos con la camiseta de Chacarita, Independiente, San Lorenzo, Huracán o Boca.
Ahora, Claudio Oscar Marangoni no tiene puestos los cortos, pero igual está cansado. Entrena distinto, juega otro partido. Tiene 200 empleados en forma directa y tira pases mucho más profundos para una comunidad que pide a gritos historias de emprendedores que hagan jueguito y metan goles sin necesidad de entrar en el juego sucio que, a diferencia del fútbol, no sabe de tarjetas rojas.
El marcador
El Rey León se paraba en una piedra y miraba hacia el horizonte para delimitar sus tierras. De hacer algo similar, Claudio Marangoni diría que éste es su territorio:
- Treinta escuelas repartidas por todo el país.
- Una cadena de escuelas en España.
- Gerencia las escuelas de Iván Zamorano, en Chile, que significó una inversión de US$ 6 millones.
- Trabaja en countries (San Diego y Cardales) y en las colonias de Saint Thomas y Los Horneros.
- Gerencia el Club Acassuso.
- Posee una oficina comercial que representa a diez futbolistas.
- Organiza las copas Disney y Fox Kids.
- Tiene un profesorado de educación física en Santa Trinidad.
- Fue seleccionado Emprendedor Endeavor en 1999.
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