
Aprender un oficio para salir adelante
Numerosos jóvenes y adultos participan en cursos sobre cocina, panadería y carpintería
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"Cuando llegué por primera vez a González Catán, solo encontré un barrio opaco y gris, estragado por la pobreza y la marginalidad, un lugar desértico. En mi interior, una voz muda me decía que tenía una importante misión que cumplir", decía el padre José Mario Pantaleo, sobre el barrio en el que erigiría una obra que hoy se convirtió en el corazón del lugar y que brinda alimentación, educación, salud, recreación y capacitación laboral a los vecinos necesitados.
En una zona como González Catán, en la que el 62% de los hogares vive por debajo de la línea de pobreza, la Obra del Padre Mario se fue expandiendo casi en forma natural. A medida que iba palpando de cerca las necesidades de la gente, este cura sanador de origen italiano, construía lo que hacía falta.
Luego de su muerte, su legado siguió creciendo con la misma filosofía. Luego de la crisis de 2001, la entidad realizó un diagnósticoque evidenció que existía un vació en relación a los espacios educativos y de capacitación laboral para adolescentes. El 42% de las personas en edad económicamente activa estaban desocupadas o subocupadas y el 27% de las ocupadas realizaba actividades de baja o nula calificación. Así surgió la idea de la Plaza de Artes y Oficios, un centro de formación profesional donde jóvenes de 17 años en adelante, pueden adquirir las competencias necesarias para orientarse e insertarse en el mundo del trabajo.
Partiendo de la hipótesis de que es posible hacer emerger las habilidades de las personas en contextos difíciles, dictan cursos de cocina, mozo de salón, barman, carpintería, panadería y confitería, ventas y electricidad a jóvenes de entre 15 y 25 años. Cerca de 250 personas asisten 3 días a la semana a estos talleres, durante todo el año, para ir acercándose, de a poco, a un futuro mejor. Desde 2003, más de 150 han obtenido un trabajo estable y otros han generado microemprendimientos propios. Si bien en sus comienzos recibieron mucho apoyo financiero de la organización italiana APSI, en estos momentos están buscando nueva fuentes de financiamiento para poder sostener y ampliar el proyecto.
Javier Luna, de 35 años, vive en González Catán, y recién el año pasado se animó a cumplir su sueño de incursionar en la gastronomía. Gracias a haber participado del curso de cocina de la fundación, tuvo la oportunidad de trabajar de cocinero. "Siempre me quise dedicar a esto pero la vida me llevó por otros lados. Manejaba un taxi y un día llevé a una persona que trabajaba en la Obra y que me comentó de los cursos. Entonces vine a averiguar. Me sorprendió mucho el buen nivel que tenían y me anoté", recuerda con una mueca franca en la cara, de esas que reflejan la satisfacción de poder hacer lo que a uno le gusta.
Lo que más sorprende cuando uno ingresa por los blancos y modernos pasillos de esta organización, son las sonrisas cálidas que van saludando a cada paso. Se respira alegría, placer por el trabajo, y un especial énfasis en los vínculos humanos.
Mientras seguía trabajando como taxista, Javier hizo el curso de cocina en el horario de 6 a 10 de la noche. Así fue conociendo los distintos platos, los ingredientes, y a los 5 meses ya estaba haciendo una pasantía en el NH City de Plaza de Mayo. "La experiencia fue espectacular porque estaba en la cocina de un hotel 5 estrellas. Te exigen igual que al resto del personal, pero son tolerantes porque saben que vas a aprender", cuenta sobre este trabajo temporario, que además de incalculables conocimientos, le significaba un ingreso de 300 pesos por mes.
Actualmente, Javier tiene varias propuestas gastronómicas de trabajo, pero está dedicando sus energías a un emprendimiento personal. Sin embargo, está pensando en hacer un curso de gastronomía, camarero o cocktelería. "Lo que más me gustaría es poder trabajar en los eventos, porque ahí se ve la vanguardia de la cocina y eso es un desafío", dijo Javier, a la vez que reconoce que lo más importante que recibió de la fundación fue el apoyo incondicional de todos sus integrantes. "Si no venía a una clase me llamaban para ver si estaba bien y cuando tenía dificultades para pagar la cuota no me hicieron ningún problema".
La mayoría de los chicos que participan de los talleres, no han tenido éxito en el recorrido educativo formal, tienen baja calificación profesional, y una alta exposición a las drogas y la delincuencia. Por eso, el modelo educativo planteado, incluye una fuerte presencia de los educadores que establecen relaciones significativas y una participación activa de las familias.
Uno de los valores agregados del proyecto, es que realizan un montaje de los ambientes laborales, como para hacer los talleres más vivenciales. Así, por ejemplo, tienen una panadería industrial con equipamiento de última tecnología, un bar y restaurante en dónde los alumnos hacen las veces de barman y mozos, y un aula con boxes para telemarketing. De esta forma, los jóvenes aprenden y practican en espacios similares a los que en en futuro próxima, tendrán que desempeñarse laboralmente.
02202-420-726
plazadeartesyoficios@padremario.orgwww.padremario.org
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