Asesinó a su ex esposa, a sus dos hijos menores y se suicidó
Tenía 34 años y sufría trastornos mentales; estupor por la muerte de los niños
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Eran las 12.30. La televisión, donde los noticieros mostraban los rostros de ambos, estaba encendida. La niña, de seis años, dormía. Su padre tenía todo decidido: tomó su revólver calibre 38 largo y le disparó tres tiros en la cara a su hija. Después abrió la ventana de la habitación del octavo piso del hotel, en Chacarita, y se arrojó al vacío: murió en el acto.
Así sospechan los investigadores policiales que terminó una tragedia familiar que había comenzado 24 horas antes en el barrio de Caballito, cuando un hombre de 34 años y con presuntos problemas psiquiátricos, identificado como Gabriel Hernández, asesinó de dos disparos en la cabeza a su ex mujer, Verónica Tuma, de 32 años y, de golpes en la cabeza, a su hijo menor, Iván, de 3.
Según informó a LA NACION un jefe policial, los dos primeros homicidios ocurrieron a media mañana de anteayer en el departamento B del primer piso de un edificio situado en el pasaje El Maestro 5. Tuma alquilaba ese inmueble desde hace un año.
Después de cometer los crímenes, según informaron voceros policiales, Hernández colocó los dos cadáveres en la bañera y los tapó con un manta y un colchón. Los cuerpos fueron descubiertos por el padre de Tuma, que fue hasta el departamento porque su hija no respondía el teléfono.
"Creemos que el niño fue asesinado con certeros golpes en la cabeza presuntamente con un palo de amasar, elemento que fue encontrado en el baño. La mujer también fue golpeada en la cabeza", aseguró a LA NACION un comisario que participó de la investigación, a cargo la seccional 10a. y de la División Homicidios.
Luego de los crímenes, Hernández dejó una carta donde amenazaba, si lo perseguían, con matar a Andriela, su hija de seis años, y suicidarse. Cumplió.
Según explicó Martín Tuma, hermano y tío de las víctimas, Hernández estaba desempleado desde hacía cinco años "porque se sentía superior y no iba a trabajar de cualquier cosa". Agregó que su ex cuñado tenía problemas de depresión por lo que se trataba psicológicamente y además asistía a grupos de autoayuda
Al mediodía de anteayer fue a buscar a la niña a la Escuela Normal N° 4, situada en Rivadavia al 4900. Todas las mañanas, a las 7.30, Hernández dejaba a Andriela en el establecimiento educativo.
Preparó dos valijas con ropa. A las 17 se presentó en el Torre Hotel, en Olleros y Corrientes, donde están alojados los participantes del programa televisivo "Bailando por un sueño", y pidió una habitación.
Cuando sacó su documento de identidad para registrarse le temblaban las manos. Se alojaron en una habitación del octavo piso.
"La nena estaba tranquila. Todo parecía normal", comentó el gerente del hotel, Carlos Mouso.
Los investigadores sospechan que antes de matar a su hija, Hernández la durmió con alguna droga. "Le tapó la cara con una bombacha, le puso cinta adhesiva en las orejas y disparó".
Nadie escuchó los balazos. Hernández escribió dos cartas, una para la policía, y se tiró por la ventana. Pasó por una claraboya y terminó en el entrepiso de la zapatería Dicas. El arma quedó a su lado.
"Es un episodio muy difícil, muy feo", dijo conmocionado el fiscal Mariano Solessio. Ahora se investigan las causas del drama familiar.
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