
Ataque a La Gaceta, de Tucumán
Atentado: la agresión fue perpetrada en medio de un conflicto de la empresa editora con el sindicato de vendedores de diarios.
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El diario La Gaceta, de Tucumán, no pudo salir a la venta ayer en la capital provincial debido a un ataque de bandas armadas que irrumpieron en las ocho oficinas de distribución del tradicional matutino, golpearon y atemorizaron a los vendedores y quemaron miles de ejemplares en la vía pública. El ataque se produjo durante la madrugada.
En el interior, en cambio, el periódico pudo ser distribuido ya que los camiones de transporte habían salido con su carga antes de que se produjera el ataque.
Autoridades de la empresa periodística denunciaron "el violento ataque a la libertad de prensa" y recharon la violencia desatada en sus centros de venta y contra decenas de canillitas, que, atemorizados, no pudieron vender ni La Gaceta ni los otros diarios provenientes de Buenos Aires.
Ante la magnitud de los sucesos, el ministro fiscal de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Falú, y el fiscal Carlos Albaca se presentaron en la planta impresora del diario e informaron a las autoridades que iban a actuar de oficio. Anticiparon que en las próximas horas citarán a los cabecillas de los disturbios, sin identificarlos.
En un comunicado, La Gaceta informó anoche que los incidentes comenzaron cuando la mayoría de los canillitas concurrió en la madrugada de ayer para retirar la edición dominical de La Gaceta. Allí "se encontraron con patotas organizadas, con armas, vehículos y equipos de comunicaciones, que les impidieron sacar los ejemplares. En muchos casos, fueron agredidos por personas extrañas a la actividad, que quemaron sus diarios en plena calle".
Miembros de la Redacción del periódico tucumano comentaron ayer que varios testigos presenciales observaron que los agresores, a los que no identificaron, "se trasladaban en remises y camionetas Traffic con vidrios polarizados y ostentaban sus armas por las ventanillas con una metodología mafiosa. Había patoteros y barrabravas".
Ante el incendio de los ejemplares, vecinos de la ciudad se lanzaron a rescatar las páginas que no eran devoradas por el fuego.
Causas probables
Las fuentes consultadas dijeron que una de las causas del conflicto radica en la negociación que el diario mantiene con el sindicato de vendedores de diarios y revistas desde hace dos meses con objeto de disminuir el porcentaje que éstos cobran por distribuir el periódico.
"La negociación había avanzado en el sentido de que ese porcentaje iba a disminuir en un diez por ciento", dijeron las fuentes.
La Nación se comunicó con uno de los dirigentes gremiales del sindicato de vendedores de diarios y revistas, Juan Enrique Alvarez, quien dijo que desconocía los incidentes. "No dramatice con el tema. Es totalmente inexacta la información que tiene. No se quemaron diarios ni se golpeó a ningún vendedor. Espero que sea veraz", señaló.
Enseguida, en tono enérgico, le reiteró en cinco ocasiones a la cronista: "Sea veraz".
Consultado sobre si era cierto que ni La Gaceta ni los diarios capitalinos pudieron ser comercializados, el gremialista dijo: "No tengo conocimiento de que haya pasado con los diarios de Buenos Aires, pero La Gaceta no se distribuyó en San Miguel de Tucumán".
Sobre las razones por las cuales el diario no fue vendido en la capital provincial, Alvarez negó que se hubiese tratado de un boicot. "Sólo invitamos a nuestros afiliados canillitas a no vender La Gaceta", respondió.
Alvarez, quien se presentó como "un miembro de la comisión normalizadora del sindicato de vendedores de diarios y revistas", admitió que se encuentra "en diálogo con las autoridades del diario, que gentilmente nos han invitado a conversar mañana, (por hoy) a las 12, para llegar a un entendimiento sobre el porcentaje de los distribuidores".
También los integrantes de la Redacción del periódico señalaron que las negociaciones continúan abiertas.
La Gaceta informó anoche que recibió miles de llamadas de solidaridad de distintos diarios y organizaciones periodísticas, tanto nacionales como extranjeras, para rechazar el atentado.





