
Atribuyen el atentado a una traición
Declaró el hombre que llevó a Garbellano a Zárate el día que casi lo matan; Cattáneo admitió conocer al juez federal
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Cayo Julio César murió apuñalado por una traición. Cuando su protegido hincó el cuchillo -relata la historia-, proclamó la célebre frase:
-Quoque tu, Brutus (También vos, Bruto).
Luciano Garbellano atribuye a la afición romanista de su familia el haber bautizado como Spartacus su prostíbulo, donde los jóvenes desfilaban con cortas túnicas ante los clientes.
Alguien intentó matarlo el 24 de marzo último en Zárate. Con inspiración igualmente clásica, los investigadores del caso creen que la clave está en la traición de los más cercanos y que la clave está en Spartacus.
La mira está puesta en la sociedad propietaria, que integraban los hermanos Antonio y Daniel Soldano, el propio Garbellano y una protección supuestamente brindada por oficiales de la Policía Federal.
Hasta ahora, los Soldano han sido perjudicados en términos económicos, pero no citados: se vieron forzados a cerrar Spartacus y la Justicia allanó uno de sus depósitos en busca de los muebles que se llevaron de allí. Pero ayer uno de sus conocidos fue llevado a declarar ante el juez Fernando Rodríguez Lubary.
En coche al muere
Hernán Cattáneo condujo a Luciano Garbellano ese 24 de marzo a Zárate. Hasta donde se sabe, fue la última persona que lo vio antes de que le disparasen.
Ante quienes lo interrogaron, Cattáneo se presentó como un joven regordete de anteojos, sin aspecto de criminal, aunque puesto por las circunstancias en un ambiente más que espeso.
Su cuidada versión -que contradice lo primero que había dicho a La Nación una semana atrás- limita su participación a un breve favor.
Según dijo, Garbellano le pidió que lo alcanzara hasta la estación de EG3 en Zárate, porque no tenía registro para conducir.
Partieron a eso de las ocho de la noche; Garbellano llevaba en una bolsa dos videos que mostraban su pequeña participación en la miniserie "Ricos y famosos", de Canal 9.
Cattáneo aseguró que lo dejó en la estación y se marchó. Al emprender la retirada -testificó-, alcanzó a ver cómo Garbellano se subía a un Peugeot 405 de vidrios polarizados, a uno de cuyos tripulantes saludó con un beso.
Para probar su historia, recordó que su auto lleva un chip para rastrearlo en caso de robo y ofreció que chequearan el registro.
Admitió que Garbellano quería conocer a Marcelo Tinelli, pero dijo que él sólo podía presentarle al secretario de éste, con quien tenía alguna relación.
Por otra parte, reveló que, a través de su contacto con Garbellano, conoció al juez federal Norberto Oyarbide.
Como índice de la relación entre éstos, destacó que Oyarbide había regalado a Garbellano una cruz de oro de la joyería Homero valuada en 1000 dólares (y no a la inversa, como La Nación publicó ayer por error).
Cabos sueltos
El interés de Rodríguez Lubary en la declaración de Cattáneo era obtener una comprobación de la relación entre Garbellano Oyarbide, y del viaje del primero a Zárate.
Pero, para los investigadores del atentado contra Garbellano, la historia que cuenta Cattáneo deja muchos cabos sueltos.
¿Por qué Garbellano iba a llevar dos videos de su participación en un programa de televisión si no para entrevistarse con un productor?
¿Acaso no había viajado con Cattáneo porque éste conocía al secretario de Tinelli?
Y si solamente pidió a Cattáneo que hiciera de chofer, ¿por qué le indicó que lo dejara solo en una estación de servicio, sin vehículo para el regreso? (De hecho, después de baleado, Garbellano llamó a otro amigo, Ignacio Cayetano Díaz, para que lo recogiera en su BMW) ¿No es, finalmente, más coherente pensar que Cattáneo efectivamente lo llevaba con la promesa de una entrevista con un productor de televisión, para lo cual llevaba los videos como currículum, y que fue emboscado por quienes luego intentarían asesinarlo?
La ruptura
Si el eje de la investigación del asesinato está puesto en una traición, será necesario rastrear sus motivos.
Según la versión de un allegado al grupo de Spartacus, los conflictos entre Garbellano y Oyarbide habrían comenzado cuando llegó a manos del juez un anónimo con los contactos criminales de Garbellano.
Oyarbide no podía sino preocuparse porque se comentara que compartía días y noches con un personaje de prontuario.
"Ahí nos abrimos todos", aseguró la fuente, y en el plural incluyó a los restantes personajes de Spartacus.
¿Fue éste el comienzo del fin? Garbellano se ha quejado de que el juez le volvió inesperadamente la espalda y desde entonces comenzó a dar vueltas con el video que muestra a un hombre similar a Oyarbide mantener relaciones sexuales con un joven.
Estas idas y venidas tuvieron su punto culminante en el contacto con agentes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), el 24 de marzo último.
Ese día cruzó la línea y alguien, como Bruto, habría ido a cobrarse una traición con otra.
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