Bidones de agua, hielo industrial y otros trucos: así buscan los argentinos evitar la gastroenteritis en Florianópolis
Ante el aumento de casos, adaptan rutinas cotidianas y toman recaudos; las autoridades advierten sobre sectores puntuales de playa con mayor riesgo sanitario
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FLORIANÓPOLIS (Enviado especial).– A media mañana, cuando el sol ya pega fuerte sobre la arena de Canasvieiras, la escena se repite con una naturalidad casi doméstica. En la vereda de un edificio bajo, Carolina, de 38 años, que llegó desde Córdoba con su pareja, apoya dos bidones de agua mineral contra la pared mientras busca las llaves. “Esto es lo primero que compramos apenas llegamos”, dice. “No solo para tomar: es para lavar la fruta, para cepillarnos los dientes y para el mate. El agua la hervimos, pero igual usamos la embotellada”, describe. No lo cuenta como una rareza, sino como una rutina asumida. “Ya sabemos cómo es. Si no, te podés arruinar unos días de las vacaciones”, advierte.

La precaución no es aislada ni caprichosa. En la playa, entre sombrillas, conservadoras y chicos jugando a la orilla, aparecen otros gestos mínimos que se repiten: familias que enjuagan los vasos con agua mineral, mochilas con botellitas reservadas “solo para el mate”, turistas que evitan tragar agua al nadar o que prefieren meterse en el mar lejos de arroyos y canales. Incluso hay quienes, al sentarse en un bar, miran con atención el hielo del vaso para ver si el cubo tiene un pequeño agujero en el centro, una señal asociada al hielo industrial que se hace con agua filtrada y, por lo tanto, un indicio de que no está elaborado con agua de la canilla.
Los datos oficiales explican estos cuidados. En pleno pico de la temporada de verano, el estado de Santa Catarina, donde se ubica Florianópolis, registra un aumento de cuadros de enfermedades diarreicas agudas, un grupo que incluye a la gastroenterocolitis. Según el tablero del Ministerio de Salud de Brasil, basado en el sistema nacional de vigilancia SIVEP-DDA/MDDA, desde el inicio de 2026 y hasta el 15 de este mes se contabilizaron 10.649 casos en todo el estado. Se trata de registros correspondientes solo a las primeras semanas del año, captados por unidades centinela del sistema público, y que funcionan como una señal temprana de brotes asociados a factores ambientales, alimentarios o hídricos.
Mariano Bermúdez, de 45 años, que llegó desde el conurbano bonaerense con su familia, cuenta que antes de salir del departamento repasan una lista mental: “Agua mineral, frutas bien lavadas, nada de hielo dudoso. Y a los chicos les decimos mil veces que no tomen agua del mar cuando juegan”. La advertencia no siempre funciona, admite, pero la idea es reducir riesgos. “El año pasado estuvimos una semana mal por una descompostura. Aprendés a la fuerza”, afirma Bermúdez.

En la playa, las conversaciones se cruzan entre vecinos de sombrilla. Laura Sinccero, docente de Santa Fe, escucha atenta mientras toma mate. “Yo pensé que exageraban, pero después hablás con otros argentinos y todos tienen alguna historia, algún hijo con diarrea o algo por el estilo”. Desde entonces, expresa, cambió hábitos que en la Argentina no se cuestionan. “Allá abrís la canilla y listo. Acá no. Es otro contexto”, comenta.
El cuidado también aparece en las compras. En los supermercados de barrio, los carros de turistas argentinos suelen llevar packs de agua, frutas que luego se lavan en el departamento y comidas simples para los primeros días.

El movimiento de información juega un papel clave. Muchos argentinos llegan ya advertidos por amigos o familiares que viajaron antes. Otros se enteran al llegar, al ver carteles o leer noticias locales. La idea se instala rápido: no todas las playas están comprometidas, pero sí hay sectores específicos donde conviene no meterse. Esa distinción es importante para no caer en alarmismos, pero también para no subestimar el riesgo.
Por supuesto, también están quienes prefieren relajarse y no tomar recaudos. “La verdad que me lavo los dientes con agua de la canilla, hiervo agua de la red para el mate y como ensaladas de fruta que venden en la playa u otros lugares. Vengo hace tiempo a Floripa y nunca me pasó nada”, describe Muro Vega, de 35 años.
Playas “no aptas” y la sugerencia de los expertos
La diarrea del viajero es uno de los problemas de salud más frecuentes asociados a los desplazamientos y no se limita a un solo diagnóstico, sino que engloba distintos cuadros de gastroenterocolitis causados por bacterias, virus o parásitos adquiridos a través del agua o los alimentos, explica Cecilia Ezcurra, jefa del Servicio de Infectología y Epidemiología del Hospital Alemán. Según advierte, puede afectar hasta al 40% de las personas durante o después de un viaje, por lo que recomienda consultar con infectología o medicina del viajero entre cuatro y seis semanas antes de partir. “La higiene de manos frecuente, especialmente antes de manipular alimentos, es la medida más efectiva para prevenir la gastroenteritis”, subraya, junto con el consumo de agua segura, la evitación del hielo y la atención a los signos de alarma.
Desde el Servicio de Gastroenterología del Hospital Alemán, Silvia Pedreira y Sofía Navar coinciden en que la prevención se apoya en hábitos cotidianos simples, pero decisivos. “La transmisión ocurre, sobre todo, por el consumo de agua o alimentos contaminados”, señalan, y recomiendan beber solo agua potable, hervida o embotellada, también para el cepillado de dientes, evitar tragar agua de la ducha, elegir comidas bien cocidas y calientes y descartar ensaladas, frutas cortadas, buffets o puestos callejeros.
Ante la aparición de diarrea o vómitos, destacan que el pilar del tratamiento inicial es la hidratación y que se debe consultar de inmediato si hay fiebre alta, sangre en las heces, dolor abdominal intenso o signos de deshidratación, especialmente en niños, adultos mayores, embarazadas o personas con enfermedades crónicas.
El Informe de Balneabilidad Nº10–Temporada 2025/2026, elaborado por el Instituto do Meio Ambiente de Santa Catarina y publicado el 16 de enero de 2026, detalla que la recomendación de evitar el baño no se extiende a playas completas, sino a tramos puntuales dentro de zonas muy concurridas.
En Canasvieiras, el reporte marcó como no apto un sector específico: el punto de muestreo ubicado frente a la Rua Acary Margarida, donde se detectaron niveles elevados de contaminación fecal. El resto de los sectores monitoreados fueron considerados aptos. En Ingleses, la advertencia se concentra en tres puntos vinculados al río Capivari: frente a la Rua da Igreja, la Rua Ruth Pereira (conocida como Rua do Siri) y la desembocadura del río, en este último caso dentro del curso de agua y no en el mar abierto.
El informe también señala otros puntos no recomendados en la ciudad, como sectores de la Lagoa da Conceição, además de tramos puntuales en playas como Joaquina, Beira-Mar Norte y Ponta das Canas. El patrón se repite: cercanía a ríos, arroyos, canales pluviales o zonas de escasa renovación de agua. La clave detrás de estas advertencias es la detección de Escherichia coli, una bacteria indicadora de contaminación fecal reciente y de la posible presencia de otros patógenos intestinales.
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