
Buscan a un oficial de la Federal por el crimen de una prostituta rosarina
La víctima era gremialista y el policía, su amante; una historia donde se enlazan el sexo y la cocaína
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Una prostituta gremialista y un policía antidrogas relacionados por el amor y los negocios. El padre de ella, narcotraficante e informante de la DEA. Sexo, cocaína, traiciones, extorsiones policiales. Una gorra hallada donde no debía estar y un tiro de calibre 32 en la nuca de la víctima. Todas esas piezas encajan hoy en la compleja trama del asesinato de la secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas Sandra Cabrera.
El caso acaba de sufrir un giro dramático. Contra los pronósticos iniciales, que ponían en el centro de las sospechas a la División Moralidad de la policía santafecina, a la que días antes de su muerte Cabrera había acusado de extorsionar a las prostitutas rosarinas, el juez Carlos Carbone ordenó ayer detener por el homicidio al oficial inspector Diego Paurlusich, que el 27 de enero último, día del crimen, estaba a cargo de una brigada de la sección Drogas Peligrosas de la Policía Federal en Rosario. Anoche, se desconocía su paradero. Pero sus allegados confiaron a LA NACION que Paurlusich se presentará en los tribunales hoy, a las 9, con su defensor, Carlos Varela, para ser indagado a pedido del fiscal Ismael Manfrín.
De lo que diga o calle Paurlusich no sólo dependerá su futuro, sino el de más de uno de sus ex camaradas federales en Rosario, pares, inferiores e, incluso, superiores. Su jefe era el subcomisario Alberto Lomonte, uno de los 107 oficiales de la Federal separados de sus cargos por orden del presidente Néstor Kirchner, el 7 de este mes. Lomonte había acompañado a Paurlusich a los tribunales, cuando el inspector se presentó a declarar, el 23 de febrero. Su presencia fue calificada de "acto de presión inaceptable". Eso le valió el traslado dentro de la fuerza y el pase a disponibilidad. Sin embargo, otras fuentes consideraron que, en realidad, a Lomonte no lo movilizó el espíritu de cuerpo, sino la velada intención de entregar a Paurlusich, a quien la Justicia aún no buscaba, pese a que no era un secreto que la víctima era, al mismo tiempo, su amante e informante.
Paurlusich, en esa declaración, admitió el vínculo amoroso y haber tenido relaciones sexuales con la prostituta entre la 1.30 y las 3 del 27 de enero, con un profiláctico, aunque dijo que pudo habérsele roto. No era un dato menor: el asesinato fue entre las 3.30 y las 4.30 y en el cadáver había semen.
Pero ahora su situación procesal será otra. Sus allegados anticiparon a LA NACION que, en su indagatoria, Paurlusich haría hincapié en que parte de los decomisos de droga hechos por la Federal regresaban a las calles por circuitos ilegales, quizás a través de las prostitutas; y que una cuenta no rendida terminó con Cabrera, quizás a manos de un colega.
Vínculos añejos
El nexo entre Sandra Cabrera y los federales de Rosario no era nuevo, según fuentes de la investigación. Lo antecedió la relación que su padre tejió con agentes de la DEA. El vínculo se inició cuando Sergio Cabrera, un mecánico nacido hace 58 años en Cruz del Eje, purgaba cinco años de cárcel por intentar "pasar" cinco kilos de pasta base de cocaína desde San Juan.
Fue Sergio Cabrera el que comenzó a destrabar la investigación a dos semanas del asesinato de su hija, cuando las sospechas recaían en la policía de Santa Fe. Cabrera le dijo al juez Carbone que estaba en condiciones de investigar el crimen. Para probarlo, según confiaron a LA NACION fuentes de inteligencia, le relató sus contactos con la DEA y habría confesado haber colaborado con agentes de Drogas Peligrosas de la Policía Federal, lo que incluiría un viaje a Salta como "encubierto".
Cabrera dijo que tres días antes del crimen había sido filmado desde una camioneta 4x4 gris, similar a la de Drogas Peligrosas de la Federal en Rosario. El 13 de febrero pasado se presentó nuevamente en el juzgado con una prueba: una gorra azul con la inscripción "Policía Federal Argentina" y el escudo de la fuerza, que tenía escrito con bolígrafo, en el forro interior, el apodo "Turco". Esa gorra no fue hallada en el pequeño departamento de la víctima cuando la policía local lo revisó. Ya se sabe que la gorra es oficial. "Turco" es el apodo del sargento Andrés Isaac, que secundaba a Paurlusich en la brigada de calle y al que, según todas las versiones, apuntará el oficial en su indagatoria.
Informante policial
- Para el equipo de investigadores convocado por el juez Carlos Carbone para este caso, integrado por hombres de la Prefectura, de la Gendarmería y de Homicidio y de Inteligencia de la policía santafecina, no existen dudas de que Sandra Cabrera era informante de la Federal en cuestiones de drogas. Ayer, Carlos Varela, abogado del oficial de la Federal Diego Paurlusich, dijo a LA NACION que no hay pruebas que liguen a su defendido con la autoría del crimen. Admitió que al oficial y a la meretriz los ligaba una relación "laboral", vinculada con "tareas de inteligencia propias de las operaciones antidrogas".
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