Cabo Polonio, el refugio natural y bohemio de Uruguay
El pueblo de pescadores no cuenta con servicios, las casas están desperdigadas por los médanos y la conexión con la naturaleza permite hacer una pausa y despejarse de la contaminación urbana
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En auto se no puede entrar, ni siquiera en una poderosa 4x4. La mejor opción, para atravesar unos ocho kilómetros de dunas y vegetación, son camiones estilo militar de ruedas anchas, que en la caja, descubierta, tienen un armazón estrafalario y asientos para pasajeros.
El boleto, de ida y vuelta, entre la estación y el poblado, cuesta unos 170 pesos uruguayos, algo así como 56 argentinos. Pero también se puede ingresar caminando, en bicicleta o en carros tirados por un caballo.
Después de la travesía de media hora, el premio mayor: las playas de Cabo Polonio , un pueblo de pescadores uruguayos que se encuentra en un Parque Nacional protegido desde 2009 .
En los ranchos, construidos con madera, la comodidad no abunda. No hay electricidad, tampoco gas ni agua corriente. Algunos son de material y tienen más de un ambiente. Todos están esparcidos por el Cabo, entre las dos costas, desprolijamente, sin cercos o patios cerrados.
Polonio, ubicado en el Departamento de Rocha , Uruguay, es un pueblo de pescadores de varias generaciones, con una población estable de 80 personas. Debe su nombre a Joseph Polloni, el capitán de un barco que encalló en sus costas el 31 de enero de 1753.
Allí descansa una importante reserva de lobos marinos; se encuentra a unos 270 kilómetros de Montevideo y cerca del balneario de Valizas.
Detenido en el tiempo, entre hippies setentosos y pescadores artesanales, el Polonio es una pausa en la velocidad abrumadora de Internet; un descanso al repiqueteo del Whatsapp; una burbuja para aislarse del tráfico urbano.
Su aspecto fue cambiando, pero trata de mantener la belleza natural que lo envuelve, sin contaminación visual ni de ruidos. Todo está dispuesto para conectarse con la naturaleza. Es común ver pequeñas ranas pasar por encima de los pies mientras amanece, o caballos pastar sueltos por la costa. El mar está cercano desde cualquier ventana; la luna es un faro natural que guía los paseos nocturnos por la playa.
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