
Cada vez menos porteños van a trabajar de traje
Juan Martín recuerda su primer día de trabajo como empleado de un banco, un verano. Tenía 18 años. Subió al subte a las 8 de la mañana y el nudo de la corbata ya empezó a resultarle insoportable. Se preguntó si podría resistirlo hasta la tarde. No imaginó que el guardarropas le daría revancha pocos años después. Hoy, a los 33, es gerente de una empresa de salud y las corbatas y los trajes cuelgan en el rincón de los menos pedidos de su repertorio, listos, casi, para pasar a formar parte del patrimonio del Museo Nacional del Traje. Dice que sólo los usa para ocasiones formales, una o dos veces por semana.
Nunca Buenos Aires tuvo tan pocos hombres vestidos de traje como por estos días. Sólo el 7% de los argentinos es comprador de ropa con alto contenido formal, según las estadísticas de la Cámara Argentina de la Indumentaria (CAI). Es decir: de los más de 17 millones de clientes que tiene este mercado, sólo 1.154.485 de los hombres argentinos son considerados compradores de traje.
Las estadísticas del sector, no obstante, señalan que los argentinos son grandes consumidores de ropa: cada año se compran 6,300 kilos de prendas per cápita.
La última encuesta de gasto de los hogares que hizo el Indec señala que los argentinos usan el 7,2% de su presupuesto personal en indumentaria: el 4,6% en ropa, el 2,1% en calzado y un 0,5% en arreglos. Si se compara con otros rubros, surge que se gasta más en vestimenta que en equipamiento y funcionamiento del hogar (6,7%) e incluso que en agua y electricidad (3,45%).
Pocos sastres
La vieja Unión Comercial de Sastres porteños ya no existe más. Ante la pérdida de socios, la agrupación pasó a llamarse Cámara de la Moda. "En los últimos cinco años se ha producido un gran cambio en la forma de vestir del hombre. El traje ya no es indispensable como vestimenta de personal jerárquico en empresas o instituciones. Sólo los políticos siguen utilizándolo en toda ocasión", asegura Héctor Vidal Rivas, su vicepresidente.
A partir de 2000, muchas empresas incorporaron el casual a la vestimenta de sus empleados. Sólo se usa traje para reuniones especiales, o entre aquellos empleados que tienen contacto con el público y son la cara visible de la compañía. Esto, porque todavía subsiste una idea de seriedad ligada al estricto uso de corbata y gomina.
"«¿Te casaste o conseguiste trabajo?», es la broma que te hacen en la oficina cuando llegás de traje -cuenta Fernando Rondó, que trabaja en una empresa de publicidad-. Porque ni siquiera mi jefe viene vestido de traje."
Ocurre que incluso el personal jerárquico de grandes empresas va a trabajar con la misma ropa que usa los fines de semana, o para salir. Telefónica, Mapfre, el Banco Francés y recientemente también Massalin Particulares son algunos ejemplos.
"Hace cuatro años incorporamos el casual Friday y después sumamos la misma regla para los meses de verano. Este cambio generó tan buenos resultados, que decidimos incorporar el casual para todo el año. Si los empleados están más cómodos, la productividad aumenta", aseguró el gerente de Recursos Humanos de Telefónica, Rafael Bergés.
Susana Speroni, directora del Museo Nacional del Traje explica que lo que ocurre es que el hombre de los años 2000 dejó de sentirse a gusto con aquella prenda que impuso Luis XIV a las tropas mercenarias que había contratado en Croacia: la cravatte, es decir, la corbata.
"Los hombres ya no se sienten cómodos en traje. En los años 50, era impensable ir a trabajar sin corbata. El traje era toda una institución dentro de la sociedad argentina, sinónimo de trabajo y seriedad. Y aunque los 70 introdujeron algunos cambios, así lo fue hasta fines de los 90. Entonces comenzó a modificarse el look masculino y lo útil y cómodo se impuso a lo elegante", apunta Speroni.
Basta con recorrer las calles del microcentro porteño para comprobarlo. Camisas de vestir con jean y sacos de corderoy o cuero; pantalones pinzados con remeras polo y suéteres de hilo son el vestuario que más se repite entre los hombres que salen de los trabajos. Para un rápido diagnóstico vale pararse a las cinco de la tarde en una esquina como Corrientes y Florida y esperar el cambio de semáforo. La relación entre los hombres de traje y los cultores del casual es de uno a uno.
Si se compara esa escena con una fotografía tomada en la misma esquina hace 20 años, las diferencias se hacen todavía más evidentes. Casi la totalidad de los hombres iban al centro vestidos de traje.
El cambio fue tan profundo que incluso casas que tradicionalmente se dedicaban a la venta de trajes debieron ampliar la gama de su oferta. "Para trabajar, se venden muchos sacos informales, o conjuntos de saco y pantalón que combinan distintas telas y texturas -explica Ana María Giesso, titular de la marca de su familia- . Pero que se use menos traje para ir a trabajar no nos perjudica, en absoluto. Al contrario, el hombre actual tiene un guardarropas mucho más amplio que el de los 90."
Otras firmas que tradicionalmente se dedicaron a indumentaria masculina de fin de semana, como Legacy, desde hace 35 años, sin haber modificado su oferta, ahora venden el tipo de ropa que usan los hombres para ir a trabajar. "En los últimos años crecieron las ventas, pero nosotros no cambiamos, sino el mercado", apunta Gustavo Gutiérrez, gerente de producto de la firma.
Reconciliados
"El casual logró reconciliar la imagen del hombre en el ámbito laboral y en su vida social y privada. Ya no necesita aflojarse la corbata al salir del trabajo para convertirse en él mismo", asegura Speroni.
"Nosotros seguimos vendiendo mucho traje, pero gran parte de nuestros clientes son jóvenes que compran nuestros trajes para usarlos con remeras y para salir de noche", asegura Giesso.
Los especialistas en sociología de la moda coinciden en que el traje se está convirtiendo en una prenda para ocasiones especiales. Una mutación más que, sin duda, no será la última.
Qué dicen ellos
Maxi Failla
trabaja en una empresa petrolera
"Hasta ahora, en todas las empresas en que trabajé se me permitió vestir así y me siento más cómodo. Sólo al comienzo de mi carrera laboral tuve que usar traje."
Juan Manuel Arpi
trabaja para una cerealera
"En nuestra empresa se trabaja de traje riguroso, todo el año. Es parte de la imagen de seriedad que se quiere transmitir, pero en verano se complica y resulta muy caluroso."
Martín Segura
trabaja para una empresa de gas
"No es una exigencia para trabajar, pero a veces lo uso, cuando tengo alguna reunión formal. Lo bueno es que a la noche podés salir sin ir a cambiarte."
Ezequiel García
trabaja en el área legales de una compañía
"Hace cinco años que trabajo de lunes a viernes de saco y corbata. Al principio fue difícil; en mi anterior trabajo había un casual day."






