
Cañones que son un juego de niños
Están en Ushuaia desde 1978, cuando casi hubo una guerra con Chile; hoy son un entretenimiento.
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USHUAIA.- Los cuatro cañones, ahora desmembrados, que apuntan al canal de Beagle y a las islas chilenas de la orilla opuesta fueron montados hacia fines de 1978 para la guerra. Veintidós años después, despojados de toda connotación bélica, los niños de Ushuaia se trepan a la chatarra y juegan como si lo hicieran sobre los esqueletos de autos abandonados.
El lugar es histórico. Se trata de una loma de veinte metros de altura, propiedad de la Armada, que estaba alejada del centro, pero que quedó en el medio de la ciudad debido al crecimiento urbano de las últimas décadas.
El sitio parece el decorado de una película de Oliver Stone. Los cañones de 105 milímetros y 17 kilómetros de alcance, fabricados por Estados Unidos para la Segunda Guerra Mundial, están diseminados sobre la cima de la loma, pero unidos por galerías subterráneas que fueron tapadas hace tres años por la Armada y la municipalidad local, para "evitar que los chicos y la gente que transita por el lugar se lastimaran", explicaron voceros oficiales.
Con más espíritu didáctico que bélico, los marinos tomaron la precaución de sacar de bajo tierra los servidores de tiros donde se almacenaban las balas de los cañones, para dejarlos a la vista de todos.
En el sitio de menor pendiente del morro, los chicos del lindero barrio Los Fueguinos, cansados de ponerles latas de gaseosas, piedras y papeles a los cañones, armaron una inclinada cancha de fútbol donde se encuentran por la tarde, a la salida del colegio.
El día en que La Nación recorrió el lugar, catorce adolescentes, con camisetas de rayas horizontales rosas y negras, regresaban victoriosos de un partido de rugby y decidieron "cortar camino" hacia sus casas cruzando por "los cañones".
Se dividieron en grupos y treparon a los mamotretos de bronce fundido. "Giren", ordenó un tal Nacho al resto del equipo, que hacía rotar el arma sobre su eje como si fuera una calesita.
Los vestigios del incidente que puso a argentinos y chilenos al borde de la guerra por las islas Picton, Lennox y Nueva están por todas partes. Un viejo cartel con fondo rojo y letras en imprenta blancas que dicen "prohibido pasar, zona militar" sobresale del relleno usado para tapar los conductos subterráneos.
El camuflaje de los cañones, pintados con varios tonos de verde, perdió efectividad. Los graffiti, de múltiples colores, los deschavan .
Un símbolo de paz
"La herrumbre de esos cañones es un símbolo de las nuevas relaciones con Chile, en ese óxido florecen el entendimiento y el clima de cooperación binacional", graficó el comandante del Area Naval Austral, contralmirante Héctor Tebaldi.
Los llamados "cañones del centro" no son los únicos que permanecen en la costa argentina del Beagle. Otras cuatro armas idénticas, en mejores condiciones, están apostadas en Puerto Almanza, un centro rural situado cuarenta kilómetros al este de Ushuaia, frente a la base chilena de Puerto Williams, en la isla Navarino.
Fuentes militares aseguran que en el peor momento del conflicto, que solucionó la mediación papal en manos del cardenal Antonio Samoré, habían emplazado "más de veinte cañones antiaéreos que ya fueron desarmados".
"Hay días en que miro el canal y pienso que así como hace veintidós años nos colocó al borde de la guerra con Chile, hoy nos une a nuestros vecinos", recordó el contralmirante Tebaldi, encargado de ejecutar los alcances del Tratado de Paz y Amistad, firmado por ambos países el 29 de noviembre de 1984, cinco días después de la consulta popular en la que el 82,13 por ciento de los argentinos respaldó el acuerdo con Chile. Paradójicamente, Ushuaia fue la única ciudad del país donde triunfó el "no" al tratado.
Las nuevas relaciones con Chile lograron que la hipótesis de "frontera caliente sea cosa del pasado", refirió Tebaldi, y enumeró a las patrullas antárticas combinadas, los ejercicios navales conjuntos y la remodelación del destructor ARA Hércules en un astillero chileno de la localidad de Talcahuano, como ejemplos del "nuevo clima de cooperación y de paz" que la Armada "garantiza como un brazo de la diplomacia".




