Capillas en los countries: aplican criterios disímiles
Diferencias: mientras el obispo de San Isidro no autoriza su instalación, en los barrios privados de Zárate y Campana se ofician misas.
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La decisión del obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, de no autorizar la construcción de capillas en los barrios privados, para evitar "la privatización de lo religioso", no constituye un criterio unánime en la Iglesia.
En la diócesis de Zárate-Campana, en la zona norte de la provincia de Buenos Aires, se celebran misas en distintos countries, como los de Tortuguitas, Mayling, Carmel, Martindale, Indio Cuá y Golfers, entre otros.
Así lo explicó a La Nacion el vicario general de esa diócesis, padre Tomás Llorente, quien señaló que este tema no es de doctrina ni de normas de la Iglesia. Son criterios de pastoral y se aplican según las consideraciones del obispo.
El fenómeno de los barrios privados se extendió en los últimos años. En un radio de 75 kilómetros del centro de Buenos Aires hay 201 barrios cerrados y 132 countries.
El padre Llorente, párroco en Alberti, hizo en una zona modesta una escuela de 2300 alumnos, una residencia modelo para 52 ancianos y otras obras para 250 chicos de la calle, con el apoyo de la gente del country Tortuguitas y del colegio Moorlands. En diálogo con La Nacion, explicó que no se trata de guetos. "Hay gente muy abierta y solidaria", explicó.
El caso de San Isidro
Como anticipó La Nacion anteayer, la decisión de Casaretto está contenida en la carta pastoral "Barrios privados: un nuevo desafío pastoral", firmada por el obispo de San Isidro el 8 de septiembre último, que promueve la integración entre los vecinos de los countries y los de su zona de influencia.
"A los antiguos habitantes los invito a recibir en sus comunidades cristianas a los nuevos vecinos de barrios privados y a éstos a integrarse en las comunidades ya existentes evitando aislamientos y generando entre todos una mayor solidaridad. A fin de trabajar por ese objetivo, en nuestra diócesis no autorizamos la construcción de capillas en el interior de barrios privados", expresa el obispo en su carta.
Según el código de derecho canónico (artículo 1214), las iglesias son edificios sagrados destinados al culto a los que los fieles tienen derecho a entrar, para la celebración, sobre todo pública, de la liturgia. No se pueden edificar sin el consentimiento expreso del obispo diocesano dado por escrito.
Según el artículo 1223, el oratorio es un lugar destinado al culto, con licencia del obispo, en beneficio de una comunidad o grupo de fieles que acuden allí, al cual también pueden acudir otros fieles con permiso del superior del lugar. Los ejemplos son las capillas de colegios, de conventos y de clínicas, entre otras.
En cambio, la capilla privada es un lugar destinado al culto, siempre con licencia del obispo ordinario, en beneficio de una o varias personas físicas. Por ejemplo, la capilla particular de un obispo o la de una estancia.
Según las normas canónicas, mientras en las iglesias el acceso es siempre abierto a todos, las capillas y oratorios pueden tener un acceso más restringido.
Al responder una consulta de La Nacion, Casaretto se remitió al texto de la carta pastoral y aclaró que no puede permitir que una persona que quiera ingresar en una capilla se encuentre con un guardia en la puerta y con la entrada cerrada. "Estamos en un contexto barrial, donde el acceso debe ser libre", dijo.
El obispo aclaró que admitirá la apertura de capillas en barrios cerrados siempre que su entrada dé a una calle pública y que no se impida el acceso de los fieles.
Opiniones en los barrios
"En principio, los barrios son emprendimientos cerrados en los que no se puede entrar libremente. Pero si se instala una iglesia o un colegio, que son lugares públicos, no se le puede negar el ingreso a la gente de afuera. Pero los propietarios sí tienen derecho a exigir la identificación de los que ingresan", dijo a La Nacion el escribano Horacio Colman Lerner, especialista en asesoramiento de barrios privados.
Para Luis Obarrio, gerente del Club Argentino de Golf, (en José C. Paz, diócesis de San Miguel), donde fue habilitada una capilla, el problema con dejar entrar a cualquier persona es que, junto con los fieles, se corre el riesgo de que entren delincuentes.
"Hace cinco años, la gente del club iba a la iglesia de Del Viso y cuando salía se encontraba con el auto en tres ruedas, o sin la radio, o le faltaba el abrigo que habían dejado en el asiento. De todos modos, son muchos los que siguen yendo a Del Viso. Casaretto habla desde el punto de vista religioso, pero las iglesias en los countries son una cuestión de seguridad. Nadie quiere privatizar la religión", dijo Obarrio.
Según el gerente, el club no vive de espaldas a la realidad que lo rodea, puesto que la mitad de las familias de Del Viso tienen algún pariente trabajando allí: jardineros, plomeros, electricistas, empleadas domésticas.
En el country de San Miguel de Ghiso, en Bella Vista, no tienen iglesia propia, pues ya hay una instalada justo enfrente. Allí, los propietarios hacen colectas cuyos frutos son repartidos por la gente de la parroquia.
"Organizamos a los chicos del barrio para que junten ropa, juguetes y alimentos. Y les explicamos que del otro lado de la reja hay un mundo que no deben desconocer", dijo Carlos Giura, coordinador de deportes del country.
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