Carrasco asumió en un Conicet en crisis
El directorio recibió por correo electrónico 900 adhesiones a un documento en el que se rechaza el nuevo programa oficial
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En tanto ayer, poco después de las 18, asumió el nuevo presidente del Conicet, Andrés Carrasco, el directorio del organismo, formado por ocho investigadores, reiteró su descontento con la reforma al sistema científico que impulsa el secretario para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva, Dante Caputo.
Agrandes rasgos, la reforma modifica radicalmente la carrera del investigador, con la eliminación de sus cinco categorías, y cuestiona severamente el actual sistema de evaluación de los investigadores.
Al asumir, Carrasco intentó eliminar la brecha y afirmó: "No vengo a desmantelar lo construido, sino a apoyar al Gobierno en un plan para perfeccionar las instituciones, aumentar los recursos y colaborar en la tarea de los científicos".
Los directores de la principal institución científica del país recibieron por correo electrónico 900 adhesiones al documento en el que manifiestan unánimemente su oposición a la anunciada propuesta. El texto fue enviado a toda la comunidad científica y, con sólo responder a una dirección determinada, quienes lo recibían daban su acuerdo. Eso es lo que ocurrió 900 veces.
Los directores se mostraron expectantes ante la designación de Carrasco. "Sabemos que fue uno de los ideólogos del programa propuesto por Caputo, porque así lo reconoció _dijo a La Nación Norberto Pedro Ras, académico de Ciencias y representante del agro en el directorio_. Pero él ya conoce la posición de nuestro organismo, opuesta a la reforma." Marcelo Daelli, vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del Conicet, dijo: "Es aventurado dar una opinión sobre alguien que cumplirá una función antes de que explicite sus ideas. Debemos esperar para saber qué piensa y qué propone".
Reuniones y esperas
Igual que todos los martes y miércoles cada 15 días, los ocho integrantes del cuerpo colegiado (seis de ellos del interior) se reunieron en la sede del barrio de Congreso.
"La comunidad científica ha estado dividida en grupos, sectores, escuelas _afirmó Ras_. Pero en esta oportunidad, salvo tres o cuatro excepciones de rectores de universidades a quienes la reforma de Caputo beneficiaría en el nivel presupuestario, la comunidad científica está unida."
Ras, que tiene 74 años, dijo que había concurrido a la manifestación que los investigadores realizaron esta semana frente a la secretaría conducida por Caputo. "Los científicos, por lo menos 400 _explicó_, pidieron a gritos tanto su renuncia como la de Carrasco. No es lo que ha solicitado el directorio del Conicet. Nosotros queremos, serena pero enérgicamente, que consideren las sugerencias que hemos hecho."
Aunque inquietos por el panorama, Ras y Daelli respiraron tranquilos al saber que el Conicet tendría presidente en lugar de interventor. "Antes de nuestra presentación sabíamos que nos exponíamos a que el Poder Ejecutivo decidiera, de un plumazo, intervenir el Conicet, y así hacer desaparecer al directorio. Pero Caputo reconoció que hubiera sido una decisión arbitraria, porque fuimos elegidos y asumimos la delegación de responsabilidades de la comunidad científica. Además, no existe ninguna situación de corrupción que justifique una intervención", dijo Ras.
En algunas oportunidades se afirmó que la propuesta que rechaza la comunidad científica había sido elaborada por un minigabinete, con la participación de representantes de los ministerios de Economía y de Educación y del mismo Conicet.
Pero el licenciado Daelli afirmó que "la participación del Conicet se limitó al presidente, que era Pablo Jacovkis, a quien ningún director del organismo acompañó nunca a las reuniones". Agregó que cuando el ex presidente del Conicet percibió que la reacción de la comunidad científica contra el nuevo plan era unánime, negó haber participado de esas reuniones.
El documento del directorio del Conicet, que recibió adhesiones por vía electrónica, rechaza la concepción de que "el investigador es un empleado público".
Allí se afirma que tal manifestación "es un agravio al personal del Estado y tiene una clara intención peyorativa hacia" el Conicet. Para Ras, la diferencia entre un empleado del Estado y un científico _sin menospreciar a quienes actúan en el sistema público_ es que los investigadores son sometidos en forma permanente a evaluaciones. Y ése es otro tema sobre el que el directorio del organismo científico y el secretario Caputo difieren.
En este sentido, el documento recupera la opinión de una Comisión de Expertos Internacionales convocada oficialmente el año último, como parte del Proceso de Evaluación Externa de las Instituciones de Ciencia y Tecnología. Sobre el sistema de evaluaciones, esa comisión dijo que se trata del "instrumento más incondicionalmente valorado por la comunidad científica argentina (...). La carrera del investigador, además, ha servido a lo largo de su historia y continúa sirviendo como mecanismo de compensación de las debilidades crónicas de la investigación en el sistema universitario".
La evaluación
"El programa -agrega el pronunciamiento- propone eliminar el sistema actual de evaluación y dejar librado a concursos universitarios el control de la actividad científica."
También sostiene que "el directorio del Conicet ve con plácemes todo refuerzo a la investigación en las universidades (...), pero cree que el desmantelamiento de la carrera del investigador y el traspaso obligado del personal científico al escalafón universitario significar colocar al Conicet como una institución residual y tirar por la borda una tradición fecunda de más de cuarenta años".
El directorio fija posición sobre lo que Caputo considera una "fuerte insuficiencia en el vínculo del organismo con la universidad". "Sin embargo _afirman los directores_, 2609 investigadores del Conicet, sobre un total de 3640, o sea, el 74 %, se desempeñan en las universidades."
Otro punto cuestionado es la propuesta de eliminar las categorías de la carrera del investigador. "Equivale a talar un vergel en plena producción y sustituirlo por una plantación de dudosos resultados. (...) Tenemos la firme opinión de que adoptar el programa propuesto condena a la investigación científica tecnológica en la Argentina a la jibarización."




